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| Concurrido. Camilo Minero, Premio Nacional de
Cultura de 1996, fue acompañado hasta el cementerio por sus
parientes y amistades. Foto EDH |
Morena Azucena
El Diario de Hoy
mlazucena@elsalvador.com
Se va mi maestro, dijo Antonio Mejía, el discípulo
más cercano del pintor Camilo Minero.
Los restos del fenecido artista fueron enterrados ayer en el camposanto
Jardines del Recuerdo.
Mientras el cortejo llevaba al pintor hacia su última morada, su
alumno recordó la obra más reciente que hicieron juntos:
un mural que versa sobre los derechos de la niñez.
Lo hizo para la Unicef. Lo terminamos hace un año. Lástima
que ya no lo pudo ver develado, añadió Mejía,
quien se inició con Minero a los 12 años.
La tristeza no sólo embargaba a Mejía, sino a todos los
asistentes entre parientes, artistas y amigos.
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| Música. La marimba capitalina rindió
un homenaje. Foto EDH |
El reverendo anglicano Gerardo Botter puso la gota espiritual durante
el funeral.
Este amigo seguirá vivo entre nosotros. Y lo vamos a recordar
contemplando sus obras, expresó Botter a la concurrencia.
Todos querían despedir al maestro. Y cada uno lo hizo a su manera.
Un dúo infantil interpretó música con violín
y guitarra, y la marimba de la Alcaldía de San Salvador se encargó
de ofrecer un repertorio de la música favorita del artista fallecido.
Sus colegas y conocidos también se expresaron. Entre ellos, el
pintor Miguel Ángel Orellana y el escritor Tirso Canales.
El presidente de Concultura, Federico Hernández Aguilar, recalcó
la humildad y sencillez de Minero.
Los miembros del colectivo Punto Convergente de las Artes aprovecharon
recolectar firmas para que la alcaldía capitalina bautice una calle
con el nombre de Camilo Minero.
Luego del homenaje, Carmen de Minero, su esposa; hijas y nietos fueron
al féretro para colocar girasoles, sus flores favoritas.
Jorge Cornejo: El pintor del pueblo
El crítico de arte Jorge Cornejo resaltó la obra de Camilo
Minero, a quien lo consideró como el pintor del pueblo.
Cornejo, quien escribió un libro sobre el pintor, también
destacó las condiciones en las que se desarrolló el muralista.
En aquel tiempo, no había un desarrollo artístico.
El arte no se vendía, los pintores de la generación de Camilo
vendían sus pinturas en 30 o 40 colones, dijo.
A pesar de ello, el especialista argumenta que los creadores se las ingeniaron
para sacar adelante su carrera.
Y como ejemplo mencionó a Minero, quien se marchó a México
a estudiar y conocer la obra de los grandes muralistas.

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