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Orientando
Graves hechos que todos deben saber

Hay que proclamar bien fuerte que la fornicación, el adulterio, la homosexualidad o cualquiera otra forma patológica de lo sexual siempre es destructiva de la personalidad

Publicada 9 de mayo 2005, El Diario de Hoy


Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

(Segunda parte)
“T odo individuo tiene derecho a mantener su identidad étnica, lingüística y religiosa”, declaró enfáticamente el Informe sobre Desarrollo Humano 2004, que el PNUD publicó a bombo y platillo el año pasado. Allí se insistió en que para el progreso de cualquier país era esencial su libertad e identidad cultural. Yo estoy totalmente de acuerdo, pero lo que desde luego no está de acuerdo con esas sabias ideas es la política que otros organismos de la misma ONU hacen al seguir empeñados en frenar la natalidad de los países subdesarrollados, fomentando la corrupción sexual, en especial de los adolescentes.

Cuesta trabajo persuadirse de que existan tantas consecuencias nefastas, de lo que a primera vista —si uno hace caso de la engañosa publicidad con que lo presentan sus agentes y programas— se presenta como una ayuda al fortalecimiento de la familia, a la educación sexual y al desarrollo económico. Pero cuando uno estudia despacio, con serenidad y profundidad los hechos, los datos y las cifras estadísticas, se llega a la conclusión de que EL PEOR ENEMIGO DE LA HUMANIDAD, en este momento, no es el señor Bin Laden y sus secuaces, sino LA INTERNACIONAL ANTINATALISTA, con sus muchas fuentes de financiación, con sus largos tentáculos en los países subdesarrollados, incluyendo la OMS, la UNICEF, el FNUAP, un amplio montón de ONG —que poco o nadie controlan— y las respectivas asociaciones demográficas y sus presuntas actividades Pro-Familia.

Repartir folletos de “Educación sexual” donde al enumerar los órganos sexuales del hombre y de la mujer se incluyen en ambos el “ano” (¡!) y animando a iniciarse pronto —a los 12 ó 13 años— en la actividad sexual probando ambos sexos y eligiendo el que más les guste, ¿eso es respetar la identidad cultural y religiosa de los salvadoreños y salvadoreñas? Porque la mayoría de este país se dice católica o de alguna otra confesión cristiana. Y esa mayoría sabe que el sexo fuera del matrimonio se llama fornicación, está prohibido por Dios en el sexto de sus mandamientos y es un pecado grave contra Dios.

Incluyo ahora ese aspecto religioso, con ironía, echándoles carnaza a los amigos de sembrar la confusión, para que salgan con su recurso de que la oposición a sus actividades corruptoras viene sólo de “prejuicios religiosos”. También lo menciono para que quede de manifiesto que la ONU no tiene una línea coherente entre sus diversos organismos y personalidades.

En realidad, para saber si la fornicación es beneficiosa o perjudicial, me sobran los argumentos religiosos. Hay experiencia de siglos de lo que ella produce y uno mismo, por la experiencia médica y por los largos años de vida, sabe y ha comprobado lo mismo. Hay que proclamar bien fuerte que la fornicación, el adulterio, la homosexualidad o cualquiera otra forma patológica de lo sexual siempre es destructiva de la personalidad. Produce una ceguera progresiva para todo lo espiritual, ya sea religioso, artístico, social, etc. No lleva al amor, como pueden creer algunos adolescentes, sino cierra el camino al amor y lo abre al egoísmo y a la infelicidad.

Algunos tienen su castigo con el flagelo de una sífilis terciaria, como Enrique VIII de Inglaterra, Lenin o Federico Nietzsche. En otros, como Max Scheler, el creador de la filosofía de los valores, magnífico expositor y apologeta de la religión católica, su doble vida —teoría cristiano-católica, por un lado, y por el otro, divorcio y repetidos adulterios —, terminan por llevarle al escepticismo y confusionismo intelectual y posiblemente al suicidio.

El escritor inglés Graham Greene, tras un brillante ascenso literario de carácter mundial cuando es un converso al catolicismo —“El poder y la gloria”—, también su fracaso matrimonial, su mantenido adulterio, se reflejan muy bien en sus decadentes y pesimistas obras posteriores, hasta el desbarre intelectual en una mezcla de cristianismo, filomarxismo y grave alcoholismo. En contraste, el francés Julien Green, con una fuerte tendencia homosexual —también insinuada en algunas de sus novelas—, al combatir esa tendencia como claramente nociva, le lleva a una gran obra, no exenta de angustia, cumbre de la literatura francesa del Siglo XX, llena de espiritualidad y belleza.

Es discutible, sí, por qué en la pintura y la escultura de los siglos XX y XXI, abunda el maltrato y deformidad de la figura humana, lo grotesco o procaz en el tema, la turbidez y oscurantismo en el colorido, el “feísmo”, en una palabra. Pero yo pienso que si supiéramos algo de la vida sexual de esos presuntos artistas, encontraríamos la causa de ese odio por lo limpio, por lo armonioso, por lo bello. La castidad, en cambio, es una virtud que, bien vivida, antes del matrimonio y en el matrimonio, lleva al amor por lo espiritual, y fomenta la alegría, la generosidad, el altruismo y el compromiso en las actividades de beneficio social.

Bajando a la llanura de lo cotidiano, lo cercano, ¿cuántas de las formas de violencia, familiar o social, de delincuencia juvenil, de fracaso escolar —la lujuria siempre es amiga de la pereza—, de droga y de derrotismo vital, de ajustes de cuentas criminales, etc., no tienen su origen en una de las diversas corrupciones sexuales?

¿Cómo puede alguien seguir creyendo en la “liberación sexual” y en sus “educadores”? Revisen las cifras, de cualquier país. ¿Qué es lo que aumentan con ello? ¿Acaso es la felicidad? ¿Cómo puede creerse en una “cultura” y su modelo de costumbres cuando LA SEGUNDA CAUSA DE MUERTE a nivel global ES EL SUICIDIO?
En estos temas nadie puede permanecer neutral, o se está a favor de la salud moral y de la vida, o a favor del vicio, la violencia y la “cultura de la muerte”.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. lfcuervo@telemovil.net


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