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Luis
Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
(Segunda parte)
T odo individuo tiene derecho a mantener su identidad étnica,
lingüística y religiosa, declaró enfáticamente
el Informe sobre Desarrollo Humano 2004, que el PNUD publicó a
bombo y platillo el año pasado. Allí se insistió
en que para el progreso de cualquier país era esencial su libertad
e identidad cultural. Yo estoy totalmente de acuerdo, pero lo que desde
luego no está de acuerdo con esas sabias ideas es la política
que otros organismos de la misma ONU hacen al seguir empeñados
en frenar la natalidad de los países subdesarrollados, fomentando
la corrupción sexual, en especial de los adolescentes.
Cuesta trabajo persuadirse de que existan tantas consecuencias nefastas,
de lo que a primera vista si uno hace caso de la engañosa
publicidad con que lo presentan sus agentes y programas se presenta
como una ayuda al fortalecimiento de la familia, a la educación
sexual y al desarrollo económico. Pero cuando uno estudia despacio,
con serenidad y profundidad los hechos, los datos y las cifras estadísticas,
se llega a la conclusión de que EL PEOR ENEMIGO DE LA HUMANIDAD,
en este momento, no es el señor Bin Laden y sus secuaces, sino
LA INTERNACIONAL ANTINATALISTA, con sus muchas fuentes de financiación,
con sus largos tentáculos en los países subdesarrollados,
incluyendo la OMS, la UNICEF, el FNUAP, un amplio montón de ONG
que poco o nadie controlan y las respectivas asociaciones
demográficas y sus presuntas actividades Pro-Familia.
Repartir folletos de Educación sexual donde al enumerar
los órganos sexuales del hombre y de la mujer se incluyen en ambos
el ano (¡!) y animando a iniciarse pronto a los
12 ó 13 años en la actividad sexual probando ambos
sexos y eligiendo el que más les guste, ¿eso es respetar
la identidad cultural y religiosa de los salvadoreños y salvadoreñas?
Porque la mayoría de este país se dice católica o
de alguna otra confesión cristiana. Y esa mayoría sabe que
el sexo fuera del matrimonio se llama fornicación, está
prohibido por Dios en el sexto de sus mandamientos y es un pecado grave
contra Dios.
Incluyo ahora ese aspecto religioso, con ironía, echándoles
carnaza a los amigos de sembrar la confusión, para que salgan con
su recurso de que la oposición a sus actividades corruptoras viene
sólo de prejuicios religiosos. También lo menciono
para que quede de manifiesto que la ONU no tiene una línea coherente
entre sus diversos organismos y personalidades.
En realidad, para saber si la fornicación es beneficiosa o perjudicial,
me sobran los argumentos religiosos. Hay experiencia de siglos de lo que
ella produce y uno mismo, por la experiencia médica y por los largos
años de vida, sabe y ha comprobado lo mismo. Hay que proclamar
bien fuerte que la fornicación, el adulterio, la homosexualidad
o cualquiera otra forma patológica de lo sexual siempre es destructiva
de la personalidad. Produce una ceguera progresiva para todo lo espiritual,
ya sea religioso, artístico, social, etc. No lleva al amor, como
pueden creer algunos adolescentes, sino cierra el camino al amor y lo
abre al egoísmo y a la infelicidad.
Algunos tienen su castigo con el flagelo de una sífilis terciaria,
como Enrique VIII de Inglaterra, Lenin o Federico Nietzsche. En otros,
como Max Scheler, el creador de la filosofía de los valores, magnífico
expositor y apologeta de la religión católica, su doble
vida teoría cristiano-católica, por un lado, y por
el otro, divorcio y repetidos adulterios , terminan por llevarle
al escepticismo y confusionismo intelectual y posiblemente al suicidio.
El escritor inglés Graham Greene, tras un brillante ascenso literario
de carácter mundial cuando es un converso al catolicismo El
poder y la gloria, también su fracaso matrimonial,
su mantenido adulterio, se reflejan muy bien en sus decadentes y pesimistas
obras posteriores, hasta el desbarre intelectual en una mezcla de cristianismo,
filomarxismo y grave alcoholismo. En contraste, el francés Julien
Green, con una fuerte tendencia homosexual también insinuada
en algunas de sus novelas, al combatir esa tendencia como claramente
nociva, le lleva a una gran obra, no exenta de angustia, cumbre de la
literatura francesa del Siglo XX, llena de espiritualidad y belleza.
Es discutible, sí, por qué en la pintura y la escultura
de los siglos XX y XXI, abunda el maltrato y deformidad de la figura humana,
lo grotesco o procaz en el tema, la turbidez y oscurantismo en el colorido,
el feísmo, en una palabra. Pero yo pienso que si supiéramos
algo de la vida sexual de esos presuntos artistas, encontraríamos
la causa de ese odio por lo limpio, por lo armonioso, por lo bello. La
castidad, en cambio, es una virtud que, bien vivida, antes del matrimonio
y en el matrimonio, lleva al amor por lo espiritual, y fomenta la alegría,
la generosidad, el altruismo y el compromiso en las actividades de beneficio
social.
Bajando a la llanura de lo cotidiano, lo cercano, ¿cuántas
de las formas de violencia, familiar o social, de delincuencia juvenil,
de fracaso escolar la lujuria siempre es amiga de la pereza,
de droga y de derrotismo vital, de ajustes de cuentas criminales, etc.,
no tienen su origen en una de las diversas corrupciones sexuales?
¿Cómo puede alguien seguir creyendo en la liberación
sexual y en sus educadores? Revisen las cifras, de cualquier
país. ¿Qué es lo que aumentan con ello? ¿Acaso
es la felicidad? ¿Cómo puede creerse en una cultura
y su modelo de costumbres cuando LA SEGUNDA CAUSA DE MUERTE a nivel global
ES EL SUICIDIO?
En estos temas nadie puede permanecer neutral, o se está a favor
de la salud moral y de la vida, o a favor del vicio, la violencia y la
cultura de la muerte.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. lfcuervo@telemovil.net

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