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La nota del día
Conmemoran en Moscú el fin de la II Guerra

La tragedia se presenta y se conoce en imágenes simplistas: Hitler persigue a los judíos y desata la guerra; el heroico pueblo soviético y los ingleses, a los que después se unen los norteamericanos, derrotan al nazismo y “estalla la paz”

Publicada 9 de mayo 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
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El 60o. aniversario de la rendición de Alemania finalizando la Guerra en Europa se celebró en Moscú, donde se destacó “la heroica resistencia de Rusia y sus aliados contra el nazismo”. Dos días antes, en Riga, Letonia, el Presidente George Bush recordó que las naciones bálticas cayeron de la opresión germana a la dictadura soviética, una despiadada servidumbre de cuatro décadas.

Las tres guerras mundiales, incluida la guerra fría, marcaron el Siglo XX, la centuria de las luces pero asimismo la del espanto. Por un lado, los nacionalsocialistas alemanes de Hitler, los nazis, llevaron a cabo un intento de exterminio de etnias enteras, en especial judíos; por el otro, bajo Stalin y Mao, miles de millones de seres fueron esclavizados por el más gigantesco aparato represivo que conoce la historia.

Ninguno de los beligerantes queda sin culpa en esos horrores. A la muerte de millones de seres inocentes en los campos de concentración del nazismo, se agregan otros millones de niños, viejos y adultos que perecieron en las persecuciones y las cacerías de comunistas rusos y chinos, o fueron achicharrados vivos durante los bombardeos de Estados Unidos y sus aliados contra Alemania.

Fueron muchas las causas que condujeron al estallido al final de la década de los 30, pero sobresalen dos: el establecimiento del Estado comunista soviético y la gran depresión, esta última causada por las políticas de Franklin Roosevelt y a quien, irónicamente, le atribuyen de forma equivocada haber sacado a Estados Unidos de la crisis del 29.

El principal culpable de lanzar el horror fue, desde luego, Adolfo Hitler y su sueño de dominar Europa y el mundo. El drácula contemporáneo, Hitler, no midió las consecuencias que tendría para Alemania y Europa prender la chispa infernal con las sucesivas agresiones a Checoslovaquia, Austria y, al final, a Polonia después de firmar un pacto con Stalin.

La historia para los tontos

Un somerísimo recorrido por la historia de la II Gran Guerra se presentó a nuestros lectores en la edición de Vértice de ayer domingo. La mayor tragedia, al lado de las víctimas, fue la destrucción casi total de Alemania, de sus esplendorosas ciudades, y la partición de Europa y el mundo entre Occidente y el bloque comunista. El ex canciller inglés Anthony Eden narra cómo Roosevelt y Stalin, los dos grandes malvados, se dividieron el globo en Yalta; de manera significativa ingleses y estadounidenses entregaron a Stalin los opositores rusos que se habían refugiado en Europa a la caída del Zar; muy pocos sobrevivieron, pues los ametrallaban dentro de los vagones de ferrocarril en los que iban deportados tan pronto llegaban a territorio soviético. Y para rematar el destino de Alemania y la Europa del Este, los Aliados dejaron que Berlín cayera en manos soviéticas y que Stalin fuera conquistando país por país en un diabólico dominó.

La tragedia se presenta y se conoce en imágenes simplistas: Hitler persigue a los judíos y desata la guerra; el heroico pueblo soviético y los ingleses, a los que después se unen los norteamericanos, derrotan al nazismo y “estalla la paz”. No se toma en cuenta el macabro ajedrez entre las dos grandes potencias, las guerras en el tercer mundo, incluidas las de Carter en Centro-América, el bastión soviético en el Caribe y el terrorismo resultante de las políticas occidentales en el Medio Oriente.

 

 

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