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| Casa teatro principal. Fue comprado por el Circuito
de Teatros Nacionales. Hoy funciona allí la Lotería
Nacional. Foto EDH |
Enrique Carranza
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
A mediados de 1936, el Diario Oficial publicó el decreto número
88 que en uno de sus literales decía textualmente: Art 1 El negocio
de la explotación de los referidos teatros llevará por nombre
Circuito de
Teatros Nacionales.
Este era el inicio de una cadena gubernamental de salas a lo largo de
todo el país, que al final resultarían para diferentes actividades,
como la presentación de artistas, boxeo y películas.
En ese momento una empresa privada ya se dedicaba a exhibir cine.
Sus fundadores le habían llamado Teatros de El Salvador, pero sólo
trabajaba en la capital.
El Circuito de Teatros Nacionales se dedicó a construir en el interior
del país. También compraba inmuebles en San Salvador, siempre
con la idea de los cine teatros.
El Teatro Principal, comprado en junio de 1943 a la sociedad Meardi Hnos,
fue uno de ellos.
Unos más lujosos que otros, se expandían en la metrópolis
de ese momento.
El recordado Apolo, ubicado en la 2a. Avenida Sur y 8a. Calle Poniente,
fue construido en 1948, durante el periodo de Salvador Castaneda. Era
el lujo de ese entonces.
El Apolo era para la élite del país. La entrada en
ese entonces costaba entre 0.10 y 0.15 centavos de colón,
explicó Napoleón Ruiz, actual encargado del Circuito de
Teatros Nacionales.
A la vez recuerda, que entre las comodidades del ostentoso edificio se
encontraban sus cortinas exportadas de Italia, las alfombras y el aire
acondicionado.
A finales de los años 60, las salas del Circuito de Teatros Nacionales
se esparcieron por los diferentes barrios de la capital.
El Follies, El Iberia, El América con sus tusadas -dos películas
por el valor de una- al igual que El Popular tomaron fuerza. Además
del Iberia, El Regís, El Capitol, El Roxi, El París, El
Tropicana, El Avenida, El Cinelandia, El Zacamil y el Renovación
en la colonia Santa Lucía de Ilopango.
El listado de las salas ya era extenso. Los cines privados siguieron su
rumbo.
En octubre de 1986, el terremoto también hizo de las suyas, porque
deterioró los inmuebles.
La falta de fondos para restaurarlos hizo que el Circuito de Teatros Nacionales
vendiera las propiedades que estaban en la capital.
Muchos de ellos sirven de bodega, locales comerciales, iglesias evangélicas
y otros que están en total abandono como el Cine Libertad.
En los departamentos del país, pasaron a manos de diferentes instituciones
del gobierno y alcaldías.

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