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Unidos por la cocina

Muchos expertos en la elaboración de platillos, aprendieron el arte por educación materna. Negocios familiares son el resultado

Publicada 5 de mayo 2005, El Diario de Hoy

Crecimiento entre pasteles
La familia Borja reúne a tres generaciones: María, Ingrid y Titish., todas de Chez André.
La primera, hoy con 88 años, tiene 50 de haberse desenvuelto en el arte culinario. Y a pesar de sus problemas de salud, a ella le emociona hablar de las recetas que preparaba para sus hijos cuando estaban pequeños. “El arrocito negro y carnes fueron especialidad”, dice convencida su hija Ingrid de Weil. La octogenaria cocinera comenta que cuando le cocinaba a su padres éstos les decían: “umm..te quedó bien rico hija”. Preparaba unas empanaditas y frutas tronadas, y ricos pasteles, sin que existiera una aprendizaje de por medio. Ingrid, su hija, heredó ese talento. Ella asegura que “su delirio” era y sigue siendo, estar en la cocina.
Con el tiempo, la también señora de Weil se convierte en una de las mejores salvadoreñas en su campo, y se esfuerza porque su hija, Titish le siga los pasos. Ésta última realizó cursos de pastelería y panadería en el extranjero.
Las tres son reconocidas por sus famosos pasteles y la excelente y complicada decoración que los complementa. “Nosotros nacimos y crecimos entre pasteles”, afirmó Ingrid.


Leticia Serrano
letyserrano@elsalvador.com
El Diario de Hoy

Vida@elsalvador.com


En el mes de la madre, vale la pena reconocer el trabajo culinario que muchas mujeres desempeñan desde hace años. Se trata de las líderes de cuatro familias.

La mayoría ha heredado a sus nuevas generaciones la sazón que la caracteriza. “Eso se trae en la sangre”, aseguró Marina Borja, una especialista en carnes y postres.

La enseñanza que ella le brindó a su hija, Ingrid de Weil, sobre la cocina, permitió a ésta fundar la pastelería Chez André, la cual ha ganado muchos premios en el Festival Gastronómico de la Cámara de Comercio.

Ingrid, a su vez, le inculcó ese don a su hija, Titish, quien a los 14 años se las ingenió para deleitar a unos comensales que llegaron de visita a la casa de sus padres. Ese día –hace ya once años–, la jovencita creó una receta que fue todo un éxito.

Madre, hija y nieta trabajan juntas en el negocio de la comida. Hace dos semanas, doña Marina se retiró por un quebranto de salud. Chez André, sin embargo, sigue adelante.

Caso contrario ocurre con Ana Marina de Palacios y su hijo Rolando, propietarios de La Panatière. A los 16 comenzó a ayudarle a su madre en la elaboración de cenas.

El trío. (de izq. a der.) Ingrid, Titish y doña Marina, los rostros de Chez André.

Un año después, Rolando realizó un curso de pastelería y panadería en el extranjero.

Al regresar al país, decidió abrir su negocio –hoy con 12 años de existencia–, junto a doña Ana, aprovechando que ésta se dedicaba a la venta de repostería en su casa.

Doña Maura Quiñónez también le reveló sus secretos culinarios a sus hijas, después de que su madre se los diera a ella.

A sus 63 años, Maurita –como la conocen– es la propietaria de Pan Rey, en Apopa.

Argelia Villalta no puede decir lo mismo. Ella no quiso que sus cuatro hijos le siguieran los pasos en la elaboración de dulces.

La experta prefirió enseñarles a sus sobrinas Rocío e Hilda. Las tres llevan a delante la Dulcería Villalta, en San Vicente.

Recuerdo. Rolando y su madre Ana Marina (arriba) hicieron juntos el pastel que se observa
al lado.
Madre e hijo

Marina de Palacios es una señora jovial, que no disimula la emoción que le da el contar que sus inicios en la elaboración de repostería fue por un accidente.

Su esposo debía llevar un pastel al trabajo, pero el negocio responsable de hacerlo le quedó mal.

Ella decidió hacerlo. Su creación impresionó a todos, y de pronto vinieron los encargos.

A los días su casa olía a dulce.

Uno de sus hijos, Rolando Palacios, heredó esa sazón y creatividad. A los 16 años ya podía cocinar y elaborar pasteles.

A esa edad, preparaba las cenas navideñas y otras especialidades. Para convertirse en profesional viajó al exterior.

Cuando regresó a los 20 años, unió sus conocimientos culinarios con los de su madre, y juntos hicieron de las suyas en la cocina. Hace 12 se convirtieron en empresarios, al abrir La Panetière.
Legado. Margarita (der.) junto a su hija Maura. A la par, Rosa y Sandra junto a ellas.

Una familia de rey

Margarita le enseñó a Maura. Maura le traspasó su conocimiento a Sandra, Rosa, Eduardo y Salvador. Así, se resume lo que ocurrió dentro de la panadería El Rey.

La primera se encargó que su hija supiera cómo hacer guarachas, peperechas y salporcitas desde los cuatro años.

“Cuando yo me case no quiero saber nada de pan, se repetía Maura.

Hoy, a sus 63 años, ha descubierto que sus palabras se las llevó el viento, pues ella fundó el negocio.

Ésta última, llevó a que sus cuatro hijos también mostraran interés por la cocina. “Si no hacíamos el pan no podíamos jugar, ni hacer otra cosa”, recordó Rosa.

Es así que todos no tuvieron otra opción que aprender hacer orejas, entre otras muchas figuras.

Los cuatro están agradecidos con su madre y abuela por haberles inculcado un oficio que es “una bendición de Dios”.

Sobrina. Rocío es como una hija para doña Argelia. La primera ha estado junto a su tía por 14 años.

Dulcería Villalta

En esta historia no hay madre e hijos que trabajen juntos. Doña Argelia se inició en la elaboración de dulces a los 13 años; fue su madre la que le enseñó ese oficio.

La vicentina tuvo cuatro hijos, uno de ellos es mujer, y a pesar de eso, ella no quiso que ninguno se dedicara a esa labor doméstica.

Las que sí la realizan, y muy bien, son las sobrinas de doña Argelia, Rocío e Hilda Sánchez.

La primera tiene 28 años de trabajar al lado de su tía, y es capaz de hacer toda una variedad de dulces: coco, tamarindo, semilla de marañón...

“Ellas son mi brazo derecho”, confesó la maestra, quien lleva 66 años realizando esa jornada.

A doña Argelia no le importa que sus hijos no estén echándole una mano, ya que los cuatro son profesionales, así que no tendrán que sobrevivir de las ganancias del negocio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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