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| Famosa. El baile del tigre y el venado en la
caminata. Foto EDH |
Jesús
Corvera
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Racimos de guineos, coyoles, mangos, paternas, cocos y piñas, colocadas
en dos varas de bambú de dos metros en forma de cruz, cargaron
en hombros los habitantes de San Juan Nonualco.
La actividad es conocida como la paseada de las palancas de
frutas que celebran desde el lunes hasta hoy, en honor a las festividades
de la Santa Cruz.
Los habitantes de cada barrio recogen la fruta de la época y la
adornan con gallardetes y flores naturales. Tradicionalmente es una ofrenda
a la Santa Cruz, por lo que tienen que recorrer las principales calles
de la ciudad, acompañados de bandas musicales.
Rezos y pólvora
Los centenares de personas que siguen el desfile disfrutan de la característica
música de la danza del tigre y el venado, caminado al son del tambor.
Mientras que en las ermitas católicas de los barrios, cada año
nombran un tenanzi o mayordomo, quien se encarga de recoger
las frutas a cambios de tamales, pan y refresco.
Esa misma noche, los pobladores rezan, comen, queman pólvora y
bailan hasta la madrugada.
Al siguiente día, el mayordomo baja la palanca de frutas y la vende
para recaudar fondos que invertirá en el arreglo de la ermita y
recibir hoy, el jueves de Ascensión.
Otra tradición sanjuanesca es la pelea de toritos, en la que un
participante de cada barrio se disfraza de toro y pelean entre sí.
El premio es un trofeo que envían habitantes del municipio que
residen en los Estados Unidos. Así ellos se unen a una tradición
que por su destino les toca recordar en la lejanía.

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