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Posición de nuevo papa
Benedicto XVI contra el comunismo y ateísmo

Sin lugar a dudas el nuevo Papa será blanco de los ortodoxos de la extrema izquierda, de los colectivistas, de los individualistas, de los repartidores de miseria y de los terroristas.

Publicada 5 de mayo 2005, El Diario de Hoy

Eduardo Vázquez Bécker*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El cardenal Joseph Ratzinger es el sucesor de Juan Pablo II en el Vaticano. Ratzinger, que cumplió 78 años, se convirtió así en el Papa 265 desde que Saúl, llamado Pedro, tomó la cruz dejada por nuestro Señor Jesucristo.

La elección del cardenal Ratzinger no sorprendió a muchos, aunque sí desencantó a los que deseaban un Papa paisano: los mexicanos, los brasileños, los hondureños y aun los mismos italianos.

Digo que no sorprendió a muchos, porque bastaba observar sin pasión su conducta antes y durante el papado de su amigo Karol, para saber que esa decisión ya la había tomado Dios hace 78 años; llegada la hora era cuestión de que los cardenales, iluminados por el Espíritu Santo, lo descubrieran y así se lo hicieran saber.

La tradicional fumata blanca fue el símbolo de que ya teníamos Papa, el cardenal decano nos dijo quién era, su nombre hasta ahora, Joseph Ratzinger; de aquí en adelante, según su voluntad, Benedicto XVI.

De alguna manera había manifestado el agrado que me causaría que la decisión cardenalicia, inspirada por el Espíritu Santo, favoreciera al bávaro Joseph Ratzinger. Nieto de un alemán, también llamado Joseph, y nieto sobrino de una religiosa de la congregación de las Hermanas de la Caridad, sor Teresa Bécker, mi corazón se ha llenado de gozo.

Benedicto XVI inició su papado y con ello una nueva época de ideas claras y sonantes. Si bien es cierto que el Papa Juan Pablo II, en su función de párroco universal dejó las llaves del gobierno de la Iglesia a la curia romana, también lo es que las llaves de la doctrina se las dejó al cardenal y ahora Papa Joseph Ratzinger.

Ratzinger no sólo fue el guardián de la ortodoxia del papado de Juan Pablo, sino que fue el ideólogo de la involución eclesial que le puso el cascabel de la fe a los gatos del desencanto, de la confusión y del nuevo sectarismo. Ratzinger, Benedicto XVII, es considerado como la supermano dura de la Iglesia Católica y como el detonante que puso la detente a la Teología de la Liberación, a riesgo de parecer inflexible y casi obsesionado luchador contra el pecado y la ortodoxia.

Sin lugar a dudas el nuevo Papa será blanco de los ortodoxos de la extrema izquierda, de los colectivistas, de los individualistas, de los repartidores de miseria y de los terroristas.

Una cosa es cierta, que durante su trabajo como Vicario de Cristo sobre la tierra se regirá por principios muy claros: no aceptará las modas en cuestión de fe; rechazará el marxismo por considerarlo una amenaza a la fe católica y a su Iglesia, más aún, rechazará el marxismo leninismo subdibujado con el que algunas personas y algunos gobiernos sueñan en Europa y América Latina; cerrará puertas a las políticas colectivistas y, sobre todo, al ateísmo.

Si estos principios son los que en definitiva rijan su gobierno sobre la tierra, el Papa tendrá muchos problemas, pero para ello está iluminado por el Espíritu Santo; se trata en esencia de continuar los esfuerzos de Juan Pablo II pero con su propio toque personal; se trata de detener la proliferación de sectas con el pretexto de la confusión; se trata de retomar el pensamiento de Farol contra los pancismos y contra los totalitarismos; se trata de hacer de la convivencia humana la mejor forma de existencia; se trata de reducir los males de la injusticia y desproporción; se trata de llevar a todo el mundo el mensaje de que la fumata blanca será siempre la mejor opción frente a los peligros de una fumata roja.

*Lic. en Derecho y periodista.


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