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Julia
Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
¿Por qué será que ciertas personas o grupos, cuando
no tienen argumentos válidos para sostener su posición,
se valen de ataques personales hacia su adversario? Está claro
que piensan que al arruinar la imagen del opositor lograrán destruir
su credibilidad y será más fácil ganar el argumento,
aunque sea con mentiras.
Esto es lo que sucede en nuestro país y en todo el mundo, cuando
hay intereses poderosos que han repetido falsedades tantas veces que se
han convertido, para muchos, en verdades. A El Salvador han
venido asociaciones a experimentar con nuestros niños, trayendo
programas que los incitan a tener relaciones sexuales a temprana edad,
promoviendo productos de control de la natalidad, incluyendo abortivos,
sin el conocimiento ni el consentimiento de sus padres.
Las pastillas o inyecciones del día después son abortivas
y seguirán siendo abortivas, aunque los interesados en venderlas
lo nieguen todas las veces que quieran. La pruebas científicas
no se pueden cambiar con mentiras. Si la función de este producto,
que está haciendo muy ricas a muchas personas, es de provocar
cambios en el endometrio para impedir que el óvulo se implante,
tal como lo explica la propaganda de los que lo promueven, ellos mismos
se contradicen, pues están aceptando que es abortivo, pero usando
eufemismos para manipular la posible ignorancia de los que quieren convencer.
Para comenzar, un óvulo que nunca fue fecundado, no necesita ayuda
para ser expulsado por el cuerpo de la mujer. Cuando es fecundado, ha
habido concepción, deja de ser un simple óvulo y se convierte
en un ser humano con el mismo código genético único
e irrepetible que tendrá hasta el último día de su
vida.
Estos abortivos que llaman falsamente anticonceptivos de emergencia
han cambiado las paredes del útero de tal forma que el bebé
trata de pegarse al vientre de su mamá para poder alimentarse de
ella y no puede, siendo abortado.
El Artículo 1 de nuestra Constitución dice: Se reconoce
como persona humana a todo ser humano desde la concepción.
La venta o promoción de estos productos violan las leyes de nuestro
país. Pero además de que causan la muerte de un ser humano,
no hay estudios para saber todos los efectos secundarios que pueden causar
a las mujeres. En el caso de Sonsonate y posiblemente en todo el país
pues se pueden adquirir sin receta médica, esto afectará
a niñas pequeñas a las que se les ha dado esta falsa seguridad
para que experimenten. Entre más pequeñas comiencen, mejores
clientes serán y más ventas tendrán de su producto.
En las cajas de pastillas anticonceptivas normales vienen unas indicaciones
con letras tamaño miniatura, donde especifican todos los efectos
dañinos para la salud de la mujer, en algunos casos, la muerte.
En el caso de este abortivo se utiliza una sobredosis de los ingredientes
de esas pastillas y se les está diciendo a nuestras niñas
que lo prueben.
Además, hay otro punto que no se sabe o que no se quiere divulgar,
pero que ya se encuentra en libros médicos: Muchas mujeres usan
este abortivo hasta cuando no les ha venido la menstruación, no
dentro de las primeras 72 horas después de la relación sexual,
entonces usan otra y otra sin lograr su objetivo.
En la farmacia no les explican que ya es muy tarde, pues el bebé
ya está bien pegadito al útero, porque saben que regresará
desesperada a comprar uno, dos o tres más.
La venta es muy buena de esta forma. Pero en la actualidad se detectan
muchos casos de adolescentes con cáncer en los tes- tículos,
cuyas madres usaron estos abortivos cuando ellos se encontraban en su
vientre.
Cuando se muestran todos estos descubrimientos y hechos científicos
reales, se ataca a las personas que dan estas pruebas tildándolos
de fanáticos religiosos, cuando en ningún momento se ha
mencionado ninguna religión. Esta estrategia para descalificar
la verdad es tan absurda, que cualquier persona con inteligencia la puede
descubrir: Intereses económicos grandes versus proteger la salud
de los inocentes, resguardar los derechos de los padres como primeros
y principales educadores de sus hijos y defender nuestras leyes.
Los que venden el producto han hecho mucho dinero a costa de promover
la promiscuidad en la niñez, mientras que los que dicen la verdad
no tienen nada qué ganar y se ahorrarían muchos problemas,
calumnias y agresiones no haciendo nada. Lo más fácil es
quedarse callados y engañar la propia conciencia, simplemente felicitando
a los que sí están haciendo algo. Pero entonces no nos podemos
quejar de todos los problemas que ya estamos viviendo con una juventud
enferma, egoísta y débil que provoca maras, delincuencia
juvenil, drogadicción, suicidios en adolescentes, etc.
Si queremos un mejor país, ya no podemos seguir quedándonos
callados, esperando que alguien más se atreva a decir la verdad,
es responsabilidad y obligación de todos.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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