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Descorriendo el velo
¿Quién ha mencionado la religión?

Las pastillas o inyecciones del día después son abortivas y seguirán siendo abortivas, aunque los interesados en venderlas lo nieguen todas las veces que quieran.

Publicada 5 de mayo 2005, El Diario de Hoy

Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

¿Por qué será que ciertas personas o grupos, cuando no tienen argumentos válidos para sostener su posición, se valen de ataques personales hacia su adversario? Está claro que piensan que al arruinar la imagen del opositor lograrán destruir su credibilidad y será más fácil ganar el argumento, aunque sea con mentiras.

Esto es lo que sucede en nuestro país y en todo el mundo, cuando hay intereses poderosos que han repetido falsedades tantas veces que se han convertido, para muchos, en “verdades”. A El Salvador han venido asociaciones a experimentar con nuestros niños, trayendo programas que los incitan a tener relaciones sexuales a temprana edad, promoviendo productos de control de la natalidad, incluyendo abortivos, sin el conocimiento ni el consentimiento de sus padres.

Las pastillas o inyecciones del día después son abortivas y seguirán siendo abortivas, aunque los interesados en venderlas lo nieguen todas las veces que quieran. La pruebas científicas no se pueden cambiar con mentiras. Si la función de este producto, que está haciendo muy ricas a muchas personas, es de “provocar cambios en el endometrio para impedir que el óvulo se implante”, tal como lo explica la propaganda de los que lo promueven, ellos mismos se contradicen, pues están aceptando que es abortivo, pero usando eufemismos para manipular la posible ignorancia de los que quieren convencer.

Para comenzar, un óvulo que nunca fue fecundado, no necesita ayuda para ser expulsado por el cuerpo de la mujer. Cuando es fecundado, ha habido concepción, deja de ser un simple óvulo y se convierte en un ser humano con el mismo código genético único e irrepetible que tendrá hasta el último día de su vida.

Estos abortivos que llaman falsamente “anticonceptivos de emergencia” han cambiado las paredes del útero de tal forma que el bebé trata de pegarse al vientre de su mamá para poder alimentarse de ella y no puede, siendo abortado.

El Artículo 1 de nuestra Constitución dice: “Se reconoce como persona humana a todo ser humano desde la concepción”. La venta o promoción de estos productos violan las leyes de nuestro país. Pero además de que causan la muerte de un ser humano, no hay estudios para saber todos los efectos secundarios que pueden causar a las mujeres. En el caso de Sonsonate y posiblemente en todo el país —pues se pueden adquirir sin receta médica—, esto afectará a niñas pequeñas a las que se les ha dado esta falsa seguridad para que experimenten. Entre más pequeñas comiencen, mejores clientes serán y más ventas tendrán de su producto.

En las cajas de pastillas anticonceptivas normales vienen unas indicaciones con letras tamaño miniatura, donde especifican todos los efectos dañinos para la salud de la mujer, en algunos casos, la muerte. En el caso de este abortivo se utiliza una sobredosis de los ingredientes de esas pastillas y se les está diciendo a nuestras niñas que lo prueben.
Además, hay otro punto que no se sabe o que no se quiere divulgar, pero que ya se encuentra en libros médicos: Muchas mujeres usan este abortivo hasta cuando no les ha venido la menstruación, no dentro de las primeras 72 horas después de la relación sexual, entonces usan otra y otra sin lograr su objetivo.

En la farmacia no les explican que ya es muy tarde, pues el bebé ya está bien pegadito al útero, porque saben que regresará desesperada a comprar uno, dos o tres más.

La venta es muy buena de esta forma. Pero en la actualidad se detectan muchos casos de adolescentes con cáncer en los tes- tículos, cuyas madres usaron estos abortivos cuando ellos se encontraban en su vientre.

Cuando se muestran todos estos descubrimientos y hechos científicos reales, se ataca a las personas que dan estas pruebas tildándolos de fanáticos religiosos, cuando en ningún momento se ha mencionado ninguna religión. Esta estrategia para descalificar la verdad es tan absurda, que cualquier persona con inteligencia la puede descubrir: Intereses económicos grandes versus proteger la salud de los inocentes, resguardar los derechos de los padres como primeros y principales educadores de sus hijos y defender nuestras leyes.

Los que venden el producto han hecho mucho dinero a costa de promover la promiscuidad en la niñez, mientras que los que dicen la verdad no tienen nada qué ganar y se ahorrarían muchos problemas, calumnias y agresiones no haciendo nada. Lo más fácil es quedarse callados y engañar la propia conciencia, simplemente felicitando a los que sí están haciendo algo. Pero entonces no nos podemos quejar de todos los problemas que ya estamos viviendo con una juventud enferma, egoísta y débil que provoca maras, delincuencia juvenil, drogadicción, suicidios en adolescentes, etc.

Si queremos un mejor país, ya no podemos seguir quedándonos callados, esperando que alguien más se atreva a decir la verdad, es responsabilidad y obligación de todos.

*Columnista de El Diario de Hoy.


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