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Poesía, un oficio de mujer

Carmen González Huguet se conjuga en presente del modo indicativo. Es palabra que apasiona y seduce. Esencia semántica que resume en sonetos las verdades indecibles de la cotidianidad femenina

Publicada 2 de mayo 2005, El Diario de Hoy

Foto: EDH


Rosemarié Mixco
rmixco@elsalvador.com
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com


Carmen González Huguet es una estructura gramatical. Una reunión de palabras con múltiples razones que se cobijan con la más fina sensibilidad. Es verso, canto, lira. Diosa del lenguaje, capaz de transmitir vida.

Talento que nació el 15 de noviembre de 1958, en el hogar del español Virgilio Juan González y la salvadoreña de descendencia catalana, Ana Gloria Huguet.

Primogénita de un grupo de cuatro hermanos, fue cautivada por las letras desde sus primeros pasos. Leer se convirtió en un hábito urgente de aprender hasta los 6 años, cuando domina tal conocimiento y hace suyo el fantástico mundo de los libros.

La lectura la aprisionó. No pasaba de los nueve, cuando sus padres se vieron obligados a racionarle su adicción. “Era un vicio para mí”, reconoció.

Uno de los momentos más satisfactorios de su infancia fue la adquisición del carné de usuario de la biblioteca escolar. Cursaba el tercer grado, cuando el Colegio Sagrado Corazón abrió dicha área.

En ese mundo, Carmen descubrió el ingenio del Capitán Nemo, la valentía y la audacia de Los Tres Mosqueteros, la maldad de los villanos del Conde de Montecristo, y las fuertes emociones de Sandokan, personaje creado por Emilio Salgari.

Entre Alejandro Dumas, Salgari, Julio Verne y los cuentistas clásicos, transcurrió la infancia de esta poeta salvadoreña.

Clásica

El vicio de la lectura fue la llave que Carmen usó para abrir las puertas de la narrativa. La poesía aparece en la vida de esta salvadoreña hasta en la juventud. “Antes la vi de lejos, no me creía capaz de escribirla”, confesó.

Foto: EDH

Recuerda que la adolescente enfiló sus intereses académicos a la ciencias y la química, sin descuidar nunca su formación gramatical. Si bien el idioma no era su materia favorita, nunca la repelió.

Las aptitudes innatas en ella fueron una señal de alerta para Víctor Santos, quien puso todo el conocimiento idiomático que poseía a disposición de su alumna. Él le heredó la base académica sobre la cual Carmen construyó, años más tarde, su obra literaria.

Los primeros versos en su haber fueron más bien ejercicios. Prácticas que le sirvieron para dominar la construcción de versos clásicos que tanto gustaban a su madre. “Ella y mi papá escribían, pero la clásica, sobre todo, era mi mamá”, comentó.

Con los ejercicios de métrica, inició una producción literaria que retomaría fuerza durante los años de conflicto armado. La inestabilidad social y la violencia que caracterizó esa época dejaron huellas imborrables en el alma de la poeta. Realidades que transcurrieron paralelas a los momentos más dolorosos de su vida.

“La poesía es una catarsis, una forma de desahogar lo que no puedo expresar con palabras. Lo que da propósito a mi vida”, afirmó.

Triunfadora. Carlos Cañas Dinarte ve en Carmen a una mujer exitosa que goza de reconocimiento internacional. Aquí, en Quezaltenango, Guatemala, cuando ganó los Juegos Florales Hispanoamericanos. Foto: EDH

Escribir no es un hobbie

La salvadoreña recién obtuvo el Premio Internacional de Poesía Rogelio Sinán, de Panamá, convirtiéndose en la primera mujer que lo gana.

El galardón fue entregado el pasado 25 de abril, en la ciudad de Panamá. Ante la incapacidad de viajar por motivos de salud, la escritora fue representada por su hijo mayor, Sergio.

Fue su obra Palabra de Diosa y otros poemas la obra triunfadora. Carmen participó bajo el seudónimo “Melchor de Mencos” y fue calificada como una autora de fina sensibilidad y pleno dominio de su capacidad expresiva.

Éste no es el primero de los reconocimientos que ha adquirido. A lo largo de cuatro décadas, su entrega a las letras le han conferido múltiples éxitos.

Activa. La poeta ha sabido combinar sus roles de profesional, mujer, madre y escritora. Desde muy joven, se ha involucrado en la vida cultural del país. Abajo, junto a David Escobar Galindo. . Foto: EDH

Para ella, son satisfacciones fruto de los grandes esfuerzos realizados en el pasado, en pos de la profesionalización.

Tras abandonar la ingeniería química, decide pulir sus aptitudes literarias y culmina el profesorado en Educación Media y la Licenciatura en letras.

Ha fungido en diversos cargos públicos y privados desde 1979. Hoy es catedrática de la Universidad José Matías Delgado. Fue integrante del grupo literario Poesía y más (de 1999-2002), según la biografía publicada en el Diccionario de Autores Salvadoreños, de Carlos Cañas Dinarte.

Jamás ha consentido los comentarios que califican la literatura como un pasatiempo. “Esto es algo serio, que a veces es gratificante y otras doloroso”, externó.
La fiel admiradora de Claudia Lars concibe a la poesía como una forma de darle sentido a la vida. Un canal de comunicación.

Formación y galardones
Obras publicadas
- Cursa su primaria y bachillerato en el Colegio Sagrado Corazón, de San Salvador.
- Fue estudiante del Centro Cultural Salvadoreño, en 1971-1974 (entonces Centro El Salvador-Estados Unidos).
- Estudió la Ingeniería en Química en la UCA y la
Universidad de El Salvador, pero no la completó.
- Obtuvo su título de profesorado en Educación Media (1991) y licenciada en letras (1992), en la UCA.
- Ha ganado preseas culturales en los Juegos Florales de Zacatecoluca, San Salvador, San Miguel, Santa Tecla, Ahuachapán, Santa Ana, Cojutepeque, San Vicente
y San Miguel.
- Ostenta el nombramiento Maestre del Gay Saber, otorgado por Concultura en el año 2000.
- Las Sombras y la luz (revista Taller de Letras No. 118, Sept. 1987, UCA).
- Mar inútil (San Salvador, revista Ars, 1994).
- Testimonio (poesía, DPI-Concultura, 1994, introducción Francisco Andrés Escobar).
- Mujeres (cuentos, UNESCO, volumen conjunto de las ganadoras del II Certamen Centroamericano de
Literatura Femenina, 1997).
- Rezongos de Mujer (en coautoría con Claudia
Hérodier, María Cristina Orantes y Susana Reyes).
- El libro de los conjuros (2000)
- Poesía bruja (2001).
- Oficio de mujer (antología poética, 2002).
- Palabra de diosa (Panamá, 2005).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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