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María Eugenia Brizuela de Ávila*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Iberoamérica, durante estos últimos años, ha sufrido
importantes cambios y transformaciones. Somos testigos del amplio proceso
democratizador que bendice nuestra región, pero somos conscientes
de que aún nos falta mucho camino por andar, aunando esfuerzos
la empresa privada, los gobiernos y las comunidades, en miras no sólo
hacia un nuevo, sino hacia un mejor horizonte.
Como empresaria y antigua servidora publica, estoy convencida de que es
a través de la generación de más y mejores empleos
como nuestros países podrán avanzar hacia ese nuevo horizonte.
El reto es hacerlo en democracia, manteniendo una continua lucha contra
la pobreza y la desigualdad social, fortaleciendo el crecimiento económico
dentro de un ambiente de seguridad ciudadana y jurídica, basándose
en una estabilidad y disciplina macroeconómica y en una armonía
con el medio ambiente.
La real necesidad de generar empleo puede verse materializada en la búsqueda
de trabajos cimentados en la creatividad generada por nuestra cultura.
La riqueza de una nación libre y democrática está
formada, como vemos, por su patrimonio tangible e intangible.
Su patrimonio tangible lo componen todos los bienes materiales que posee,
su capital, la infraestructura, su geografía.
El patrimonio intangible se encuentra en su credibilidad e imagen como
nación, pero principalmente en el cúmulo de valores de su
gente, su laboriosidad, creatividad, perseverancia, solidaridad, la dignidad
de país, su memoria histórica, en fin, su cultura y su identidad.
Recuerdo cómo me vi obligada como canciller a hacer algo que no
me imaginé: negar el reconocimiento de ciudadanía salvadoreña
a migrantes extranjeros que la buscaban fraudulentamente, como garante
para obtener un empleo en reconocimiento a nuestra laboriosidad salvadoreña.
Pero hoy día encontramos significativos déficit, tanto en
bienes tangibles, tal como las inapropiadas infraestructuras nacionales
e interregionales, así como el terrible déficit en la formación
del capital humano.
Con una clara visión de desarrollo, hemos sido capaces de incorporar
exitosamente expresiones y productos culturales en los mercados internacionales.
¿Quién no ha comido pupusas salvadoreñas en Washington?
Desde el Banco Salvadoreño, financiamos proyectos de exportación
de bienes nostálgicos a la comunidad en el exterior.
En la actualidad, la economía de mercado y la expansión
financiera asumen un lugar preponderante. Lastimosamente crecemos a un
ritmo insuficiente. La empresa privada es fundamental para atraer inversión,
tanto financiera como el traslado de conocimiento técnico y capacitación,
y ayudar a revertir esta tendencia.
La incidencia de la moderna tecnología, la lumínica velocidad
de los medios de comunicación y la explosión del conocimiento
han variado los enfoques de la vida, los sistemas de mercado, la forma
de gobernar... la cultura universal.
Pero, sobre todo, han sido las masivas migraciones las que llevan la evolución
de nuestras sociedades, trascendiendo nuestras fronteras geográficas:
salvadoreños en Estados Unidos, ecuatorianos en España.
Las remesas que envían a sus familiares moldean profundamente nuestro
devenir nacional. El Banco Salvadoreño entrega a través
de su red casi el 20% del mas de 2 billones de dólares que llegan
anualmente al país.
Esa misma migración potenció enormemente en mi país
la inclusión de la mujer más agresivamente en la vida económica.
En el Banco Salvadoreño, tenemos un proceso exitoso de microcrédito
dirigido, sobre todo, a la mujer microempresaria, a esa canastera que
hemos liberado del usurero. Esos procesos en que se potencia la creatividad
natural de nuestra gente y su espíritu emprendedor es lo que debemos
resaltar. Y más aún, cuando implica integrar a la mujer
a la otra mitad de la población, en un verdadero esfuerzo complementario.
La fraterna amistad que siempre ha caracterizado a los pueblos iberoamericanos
es fiel reflejo del futuro promisorio que estamos dispuestos a compartir
hoy, mañana y siempre. Que Dios bendiga nuestros caminos.
Sevilla, 21 de abril de 2005
*Presidenta del Banco Salvadoreño

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