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La nota del día
Marchas y desorden contra la civilización

Es imprescindible que haya confianza y no miedo, que tengamos paz y no guerra callejera, que exista la armonía entre los diversos sectores y no odio

Publicada 2 de mayo 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Conmemorando el día del trabajo, fecha establecida por Carlos Marx para honrar a su amigo, el poeta alemán Heinrich Heine, ayer domingo hubo marchas, enmascarados, desórdenes, gritería y las usuales pintadas a lo largo de las rutas, a lo que se agregó la agresión contra dos camarógrafos del canal 12. El 1 de mayo se presta para los mayores excesos, difamación de los sectores productivos, grandes acusaciones, bochinches y desplantes por los autodesignados defensores de obreros y campesinos.

En El Salvador, los comunistas tienen que acarrear gente de toda la República, para simular un multitudinario apoyo a sus causas. Eso no ha cambiado en ochenta años, como tampoco ha cambiado la estrategia de sembrar el odio, avivar la envidia, incitar a la violencia y prometer la rapiña. Los cabecillas del movimiento siguen anclados a las elucubraciones y fanatismos de filósofos y agitadores muertos hace mucho, sin que los prodigiosos cambios que se han operado en el mundo les hagan variar un milímetro sus tesis.

¿Se benefician los trabajadores con el enfrentamiento, el desorden, las marchas y la lucha de clases? La respuesta está en lo sucedido en El Salvador durante los años setenta y ochenta: a causa de la violencia, los bochinches callejeros, los atentados y actos criminales y la permanente agresión contra empresas, transporte urbano, instalaciones agrícolas, infraestructura eléctrica, puentes, escuelas, alcaldías y todo lo que es el sostén del empleo de un país, sobrevino una espantosa crisis de la que a la fecha de hoy apenas nos sobreponemos. Miles de empresas cerraron, el desempleo llegó a afectar casi a la mitad de la población, se inició el masivo éxodo al exterior, hubo decenas de miles de víctimas y muertos por la guerrilla. La criminal agitación “a favor del pueblo” generó la peor crisis que ha padecido este pueblo.

De criminales es enmascararse

No puede haber relación positiva entre violencia, grupos de enmascarados, lucha de clases, terrorismo y odios, con el bienestar de la gente. Mas bien se trata de situaciones encontradas, antagónicas, que inclusive es lo que se busca: el comunismo prospera cuando hay desocupación, miseria, relajo, incertidumbre. De allí que los partidos extremistas recurren a todo lo que está a su alcance para envenenar el ambiente, causar incertidumbre, echar a unos contra otros. Por esas mismas razones es que se alían con bandas criminales del exterior: terroristas de ETA, narcoguerrilla colombiana, mafiosos canadienses, dinamiteros palestinos, dictaduras a lo Castro.

El bienestar de los trabajadores como de la población en general, sólo se alcanza incrementando el empleo, creando nuevas empresas, esforzándose para que la producción sea más eficiente. Para ello es imprescindible que haya confianza y no miedo, que tengamos paz y no guerra callejera, que exista la armonía entre los diversos sectores y no odio. El progreso se funda sobre la tranquilidad, la seguridad, la confianza en la ley y en la impartición de la justicia, en las libertades ciudadanas, en el estudio constructivo. Surge en países que son cada vez más limpios y más ordenados, no en aquellos con las ciudades emporcadas con pintas cargadas de veneno. Muy pocos se van a sentir seguros viendo a enmascarados marchar, pues la gente honesta no tiene temor a mostrar sus rostros, a diferencia de los criminales.

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