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Van dos. El portugués se seca las lágrimas después
de festejar el campeonato. En el club lo quieren por diez años
más. Foto: EDH/AP
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Agencias
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Casi con la misma intensidad con que el sábado le fluían
las lágrimas de sus ojos, también le llueven los elogios.
Se trata del polémico José Mourinho, el portugués
que acaba de conducir al Chelsea al título de la Premier League.
Ahora está cada vez más cerca de completar de nuevo una
auténtica gesta futbolística esta temporada.
El pasado 27 de febrero, el club de Londres se imponía por 3-2
al Liverpool de Rafael Benítez en la Copa de la Liga, aniquilando
los sueños de los "Reds" y embolsándose el primer
premio de la campaña. Pero la "Carling" fue sólo
un aviso: el prólogo de lo que se avecinaba, que era mucho.
El técnico del Arsenal, el veterano francés Arsene Wenger,
hombre sensato y comedido, también se ha quitado el sombrero ante
la revolución portuguesa y llegó a comentar que el Chelsea
se merecía ser campeón. Y así ha sido.
Ya van dos títulos esta campaña y la ambición de
José Mourinho no conoce límites. Claro que la chequera sin
fondos del propietario de la entidad, el magnate ruso Roman Abramovich,
ayuda, y no poco.
El dueño del Chelsea no pone objeción económica a
cualquier antojo del luso, que ha sabido combinar magistralmente el factor
dinero a la inteligencia a la hora de gestionar los fichajes de la plantilla.
Mourinho había reconocido a los medios que su "ego" llegó
inflado cuando aterrizó en el Reino Unido. Y sin duda ahora debe
de haber crecido de forma considerable. El campeonato más relevante
de Inglaterra ha caído a sus pies y su plantilla opta además
a llegar hasta la final de la Champions, otro reto que abraza el portugués.
Con la Copa de la Liga en la vitrina, con la Premiership toda suya, el
luso está camino ya de realizar una auténtica gesta si consigue,
primero, eliminar al Liverpool de Europa en la vuelta de la semifinal,
este martes en Anfield; y luego, imponer su calidad en Estambul, posiblemente
ante el AC Milan.
De lograrlo, el entrenador, con un carácter peculiar y arrogante
que no ha dejado indiferente al público británico, se llenará
de gloria y hará callar a todos sus detractores, porque ganaría
la Champions por segundo año consecutivo, aunque un club diferente.

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