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Norfa Márquez
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Aún recuerdan que vivieron en casas de lámina y palmas de
coco, soportando el calor durante todo el día y exponiéndose
al peligro durante la noche, porque sus puertas eran de bolsas de nailon.
Ayer esos sufrimientos finalizaron para 238 familias de Jiquilisco, luego
que el Fondo Nacional de Viviendas Popular (Fonavipo) entregó las
viviendas permanentes a los que resultaron afectados por los terremotos
de 2001.
Manuel, de 10 años, explicó que antes tenía que soportar
mucho calor, porque el techo de su casa era de lámina y cuando
hacía viento se caían las palmas que servían de techo.
Ahora si tengo casa y se los contaré a mis amigos en la escuela,
expresó emocionado el niño.
Cada vivienda está valorada en 3 mil 800 dólares, que suma
una inversión de 904 mil dólares, tomado de un donativo
de 31.8 millones dado al gobierno de El Salvador por la Agencia de los
Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).
El director Ejecutivo de casas, Óscar Burgos, explicó que
las viviendas fueron edificadas para sacar adelante a sus familias y que
sea una herencia para sus hijos.
Uno de los beneficiados, José Aristides, explicó que sus
viviendas quedaron muy dañadas luego de los sismos de 2001. Teníamos
mucho tiempo viviendo en casas de lámina y palmas de cocos, por
eso nos alegra que nos dieran de concreto, comentó Zoila
Marina.
La joven indicó que varias familias damnificadas no tenían
los documentos de propiedad en orden, esto retrasó la entrega de
éstas.

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