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Opinando
Malos ejemplos de España

Que los españoles hayan aprobado semejante legislación es algo que sólo les compete a ellos, dirían algunos, como lo es también el hecho que sean de los mayores consumidores de tabaco en el mundo

Publicada 29 de abril 2005, El Diario de Hoy


Francisco Rafael Guerrero*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Hablar de España es hablar de la madre patria, a la que los indoamericanos debemos agradecimiento por habernos traído su lengua, su cultura, sus artes. A nivel popular, la influencia del fútbol español es tan fuerte en El Salvador que en nuestros jóvenes se ven más camisetas de clubes españoles que de nuestros propios equipos. Entre nosotros viven muchos españoles a los que, sin duda, les debe gustar nuestro país, pues, de lo contrario, ya no estarían acá.

Ese gran país, formado por varias naciones, que en su tiempo fue la primera potencia mundial, que constituyó “un imperio donde no se ponía el sol”, caracterizado por la hidalguía, bravura y firmeza de sus caballeros, está dejando estupefacto al mundo cuando sus diputados han aprobado recientemente varias reformas a su Código Civil, que cambian la naturaleza del matrimonio para permitirlo entre personas del mismo sexo, en lo que ellos consideran como “legislación de avanzada”. No podía esperarse mejor parto de una sociedad fría, caracterizada por su intelectualismo a veces arrogante, que se ha olvidado de un Dios vivo, el cual, a lo sumo, únicamente permanece como historia en sus templos y tradiciones y en donde el partido en el gobierno cumplió su promesa de campaña.

Leyendo recientemente el artículo de un influyente profesor de Derecho Internacional de la Universidad Autónoma de Madrid, me entristece contemplar su desconocimiento de la realidad social de los países centroamericanos, principalmente de El Salvador y Guatemala, criticando sin piedad a las iglesias y grupos evangélicos, afirmando que constituyen una calamidad, llamando embrutecidos a sus seguidores, pues agudizan el atraso y el subdesarrollo y son fáciles víctimas de políticos inescrupulosos de derecha. Nada más alejado de la verdad.

Podrá tener muchos grados académicos este señor de apellido Zamora, pero una cosa es repetir lo que dicen políticos y sociólogos y otra la realidad entre nosotros. ¿Cómo estarían estos dos países si un gran segmento de su población no hubiera optado por las buenas nuevas de Jesucristo? Mientras que en España se llega a tales extremos, entre nosotros y en todos los países latinoamericanos se está produciendo un avivamiento sin precedentes, como lo han destacado ampliamente los medios en estos días.

Mucha gente está leyendo y comentando la Biblia, que es la palabra de Dios, las personas se convierten por millares, gradualmente van ordenando sus vidas, en busca de la salvación de sus almas y de ayudar al prójimo, formando una especie de “alianza estratégica con Dios”, que es la mejor relación que puede encontrar el ser humano. Si intelectuales como él creen que el evangelio es sólo para gente analfabeta, debo decirle que como investigador jurídico que se dice que es, debería permanecer un tiempo entre nosotros para enterarse de que la luz del evangelio ha penetrado también en las otras clases sociales. Pero aunque fuera como él dice, la Biblia le responde que “Dios escogió a lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios”. (1 Corintios 1:27, NVI).

Que los españoles hayan aprobado semejante legislación es algo que sólo les compete a ellos, dirían algunos, como lo es también el hecho que sean de los mayores consumidores de tabaco en el mundo. Lo que debe preocuparnos son las expresiones del ministro de Justicia, justificando la reforma, cuando afirmó que era “la extensión de la libre decisión en la búsqueda de la felicidad, un derecho fundamental no escrito”. Eso estaría bien si no fuera en contra de la moral y de las buenas costumbres. Además trasgrede la palabra de Dios, que es muy clara sobre esta situación.

España ejerce en estos momentos una enorme influencia sobre varias ramas de nuestra legislación, particularmente sobre el Derecho Constitucional, en donde textos y sentencias consideran a la Moral como un valor abstracto, y su concepción sobre el relativismo se ha impuesto en la doctrina de sus tratadistas, algo que criticó recientemente el cardenal Ratzinger en la misa de fin de novenario de Juan Pablo II.

Cuando se critican esas legislaciones o prácticas “de avanzada”, los aludidos reclaman que los que lo hacen posee una doble moral, ¿pero qué sucedería si no hubieran palabras que llevaran luz en las tinieblas? Ellos sólo quieren escuchar más de lo mismo. Seres perfectos no existen y afirmar que nadie peca es como hacer mentiroso a Dios. Más temprano que tarde, España, que ha mostrado hostilidad a la penetración del evangelio, entenderá que “la justicia enaltece a una nación, pero el pecado deshonra a todos los pueblos”. (Proverbios 14:34). España será conquistada algún día por la voz de Dios y ese mensaje llegará desde sus naciones hijas en Latinoamérica.

*Doctor en Derecho.


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