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Palabras
El inmenso mar de tu soledad
Venimos solos al mundo y al
final nos vamos solos. Esa es una realidad de la existencia misma. Pero
mientras vives, hay en el fondo una soledad más dura: estás
solo en el inmenso océano de la civilización.
Publicada 27 de abril 2005, El Diario de Hoy
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Carlos
Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Aunque otros te rodeen y vociferen su ilusión sigues estando
solo. Y quieres llenar esa soledad en otras personas, en otros anhelos,
dioses o placeres.
Pero al final de la fiesta, cuando todos se van, vuelves a quedar a solas
con tu peregrina ilusión. Entonces quizá pienses que al
irse se llevaron tu felicidad.
Por ello sigues estando solo al final de los días, como solo llegaste
en el sol de tu arribo a este mundo pasajero.
Porque igual solo te vas, después del breve encuentro con los seres
lejanos y maravillosos de este planeta. Solo apareciste, como sola llega
la estrella de la mañana. Solo te irás, como el sol que
al final de la tarde vencieron las sombras tenebrosas.
Como el ave matinal que sola remonta su viaje entre las luces del alba.
Allá en el inmenso y perdido mar de tu soledad.
(pintorbalaguer@yahoo.com)
Día a Día
Supervivencia
La delincuencia, los fallos judiciales amañados, las presiones
y ocurrencias de la oposición política, la enloquecida propaganda
comunista, son factores que inciden en forma negativa sobre el progreso
nacional. La industria avanza sobre un terreno lleno de baches
y amenazas, amén de enfrentar la difamación de los autoproclamados
progresistas del país, de los que nunca pagaron planillas o crearon
algo por sí solos; saben destruir pero no tienen capacidad ni cabeza
para construir.
Es cuestión de supervivencia juntarse a pensar cómo se enfrentará
la competencia de los chinos, a quienes ni europeos ni estadounidenses
les exigen sindicalizarse o respetar libertades ciudadanas fundamentales.
Para buena parte del mundo, enfrentar la competencia de China continental
es pleito de tigre contra burro amarrado.
Resumiendo, lo decisivo es no amarrar más al burro nacional por
nuestra cuenta, sino aligerarle sus cargas, ayudarle en lo posible y garantizarle
un orden de trabajo transparente y lógico. Además hay que
analizar lo que con tanto éxito están haciendo países
como Irlanda y la India para llegar al despegue.

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