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Alejandro
Alle
El Diario de Hoy
alejandro_alle@yahoo.com
Con frecuencia, la principal causa de los problemas son..., las soluciones.
Pero no crea que ello sólo ocurre en nuestros días, ¿eh?,
porque en verdad viene desde los tiempos de Adán y Eva. Bueno,
lo que pasó con esos dos ingratos es una muestra de cómo
una solución, seguramente muy divertida para ellos, nos llenó
de problemas a todos los que vinimos después.
Imaginemos ahora que unos mareros llegan a una panadería, y rompen
la vidriera de una pedrada. Pasado el enojo inicial, alguien convence
al panadero de que se alegre, pues eso reactivará la economía
El argumento es que si bien la reparación de la ventana le costará
al panadero 250 dólares, gracias a ello, el vidriero tendrá
ahora más dinero para gastar en otros comercios, quienes, por lo
tanto, también tendrán más ventas. En síntesis,
la pedrada fue buena para la sociedad
(¿?)
¿Le parece absurdo? ¡Qué bueno!, porque ello significa
que tampoco habrá creído mucho cuando algunos hablaban sobre
la reactivación económica que traería la reconstrucción
posterremotos (a los constructores, y vidrieros, quizás
).
¡Please!, ni pedradas ni terremotos pueden ser buenos para una sociedad
ni reactivar nada
Lo que nadie le dijo al panadero es que ya no podrá pagar el traje
que tenía pensado comprar, por lo cual, ahora deberá conformarse
con reponer la ventana. Se empobreció, y ya no tendrá una
ventana y un traje, como él quería.
La sociedad, en su conjunto, también ha tenido una pérdida,
ya que seguirá habiendo una ventana y 250 dólares (ahora
en manos del vidriero), y se desperdició la oportunidad de que
hubiera una ventana, un traje y 250 dólares (en manos del sastre),
tal como quería el panadero.
Alguien me dirá, ¿pero vos no viste que el vidriero ganó?
Es que tendemos a ver sólo la transacción del panadero con
el vidriero que fabricó la nueva ventana, pero nos olvidamos de
la transacción que no pudo hacer el panadero con el sastre (¡porque
la pedrada lo impidió!). ¿Sabe qué?, el contrato
que obtuvo el vidriero es el que no obtuvo el sastre, por lo cual la pedrada
no generó realmente ningún empleo ni actividad nueva.
Si hubiera podido hacer el traje para el panadero, el sastre hubiera ampliado
su casa y hubiera necesitado una ventana. O hubiera reparado su auto,
con lo cual el mecánico hubiera podido cambiar las ventanas viejas
de su taller. Es decir, el vidriero siempre hubiera tenido trabajo.
Al fin de cuentas, estamos hablando de economía, donde la riqueza
de una sociedad se mide por los bienes y servicios disponibles por las
personas que la integran, y no por cómo circula el
dinero.
En la mayoría de las ciencias sería impensable que pudieran
propagarse tantos errores y opiniones equivocadas, tal como ocurre en
la economía. Claro, en la física no suele haber intereses
personales ni sectoriales, razón por la cual nadie tiene la intención
de refutar a Newton, diciendo que las manzanas se caen de
abajo para arriba
.
Por el contrario, muchas de las opiniones que escuchamos en materia económica
nos dicen que si se hiciera tal o cual cosa, las vacas volarían.
¡Ah!, si luego nos acordamos de preguntar por qué nunca volaron
las vacas, nos dirán que no hubo suficiente viento (claro, se habían
olvidado de contarnos que además, era necesario un viento de 500
km/h
, para que levantaran vuelo).
Pero entonces, ¿estamos perdidos? ¡Para nada! Teniendo claras
unas pocas ideas claves, leer la sección económica del diario
es fácil y divertido, porque además de informarnos, podemos
decidir con criterio qué noticia tomar en serio, qué cosa
no escrita leer entre líneas, a cuál opinión creerle,
y con cuál
largar la carcajada. Haga la prueba leyendo lo
siguiente:
Los seres humanos tendemos a enfatizar sólo los efectos inmediatos
que generaría alguna acción, pero nos desentendemos de los
efectos de largo plazo. Y además, tendemos a considerar sólo
las consecuencias positivas que tal acción tendría en algún
sector económico, pero solemos olvidar las eventuales consecuencias
negativas sobre el resto de la sociedad.
El párrafo anterior, aunque parece el manifiesto de algún
grupo ecologista
, está muy lejos de serlo. Es pura economía
y sentido común, y nada tiene que ver con la capa de ozono. En
efecto, lo que usted leyó es la tesis básica de un economista
llamado Henry Hazlitt, que durante muchos años escribió
en el New York Times (ya sé, citar esto no es tan cool como hablar
del reportaje a Clapton en la revista Rolling Stone, pero Eric nunca escribió
sobre economía).
Hazlitt es el autor de un libro llamado Economía en una lección,
y esa tesis es precisamente la lección, que desarrolla
luego a través de muchos ejemplos, siendo el de la ventana rota
uno de ellos. ¡Ah!, el libro fue escrito hace 60 años, en
Estados Unidos. Pero hoy tiene total vigencia, acá y en la China
Por ello, cuando escuchemos alguna apología de la destrucción
,
y veamos que algunos se ponen verdes como Hulk, calmémonos y no
rompamos ninguna ventana. Pensemos que quienes hablan no conocen a Hazlitt,
porque, si no, habría que suponer que además de escuchar
Cocaine, de Clapton, también la inhalaron.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos
Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

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