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Carlos
Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@yahoo.com
Y cada hombre y cada mujer vino dotado de ese mismo fuego divino. Así
el Creador nos dio un cuerpo maravilloso para que conociéramos
la dicha del deseo; de su mismo celeste y eterno deseo. Nos dio un corazón
para vivir el amor. Unos ojos para ver sus amaneceres y sus lunas mágicas.
La voz para pronunciar su nombre universal. Dos manos para crear, como
él, nuestra humilde obra de arte en el barro.
Para empezar a andar, tiene que haber en nosotros deseo, meta, esperanza,
afán y razón de vivir. Si no hay deseo, el humano no escribe
sus caminos. Es la magia del deseo la que hace que al final del sendero
nos encontremos con la dicha y el tenue resplandor del imposible.
Como a Fausto, la codicia condena al hombre al infierno. Y Fausto pidió
muchos deseos al genio de la pasión, que lo condujo al sufrimiento.
Después, en su celda oscura, tuvo que llegar el amor en Margarita
el ángel mensajero a salvarlo de las llamas. Cuando
al fondo del dolor invocó al genio de su alma maravillosa, éste
se le manifestó, liberándolo del tormento y dándole
la dicha, tal vez inmerecida...

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