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La nota del día
El progreso depende de cómo educamos

De la calidad de pensamiento y la capacidad de esfuerzo de los educados, dependerá el futuro de la mayoría de salvadoreños

Publicada 26 de abril 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Industrializar al país, abrir nuevas fuentes de empleo, ampliar las empresas existentes y reactivar la economía, son finalidades que el Gobierno se propone y que cuentan con el respaldo de los sectores productivos y pensantes: la única forma de combatir la pobreza es a través del empleo y la producción; la mejor política social es la que crea puestos de trabajo, eleva la productividad y fomenta la creación de capital.

No hay fórmulas mágicas para alcanzar el desarrollo, pero sí una sustancial experiencia basada en lo realizado por muchas naciones. Son numerosos y esclarecedores los milagros económicos de los últimos doscientos cincuenta años, que van desde la revolución industrial inglesa hasta el fenomenal crecimiento de países como Irlanda y China continental. En todos ellos se repiten iguales principios, que resumiendo son:

—Una economía de mercado;
—estabilidad monetaria y macroeconómica;
—seguridad jurídica;
—libertad de comercio;
—un nivel alto de libertades individuales aunque no necesariamente políticas;
—capacidad, educación, disciplina y que haya un número suficientemente grande de personas deseosas de superarse.

Podemos agregar a la lista, pero no suprimir; por hoy vamos a plantear el aspecto educativo: la formación de técnicos, administradores, gerentes y directores de empresas. En esto, los salvadoreños afrontan varios preocupantes hechos, a saber:

El primero, que en un número de universidades, sobre todo en la Universidad de El Salvador, a los estudiantes se les indoctrina y manipula, creando en ellos una mentalidad antiempresa y antisistema. Los graduados en muchas carreras no sólo no aspiran a integrarse al trabajo y las finalidades del sector productivo, sino que buscan hostigarlo o destruirlo;

lo segundo, que en la mayoría de universidades lo que se hace es transmitir conocimientos, versus desarrollar capacidades. Los jóvenes aprenden saberes, pero son poco aptos para poder estudiar por su cuenta, analizar a profundidad problemas, adaptarse a cambiantes circunstancias y trabajar en equipo.

Del esfuerzo de unos dependen otros


Es una tragedia nacional que la UES se haya convertido en una entidad que trafica con ideas muertas, transfiere conocimientos en gran parte obsoletos y fabrica resentidos sociales. Es obvio que hay excepciones: docentes responsables, cursos de buen nivel, grupos esforzados, estudiantes sensatos. Son menos los que se dejan lavar el cerebro, que los indiferentes. Muchos se esfuerzan por estudiar en la mejor manera posible sin antagonizar grupos o ser blanco de persecuciones.

Los perjuicios causados por este orden de cosas son múltiples. Uno muy importante es que las “divisiones de clase” se perpetúan; mientras hay familias que logran educar a sus hijos como personas capaces, sensatas y responsables, la futura gente de éxito, otras familias están casi condenadas a la medianía o, lo que es peor, a pasar por la vida como acomplejados llenos de odios.

El segundo grave daño es colectivo: el país gasta enormes cantidades de recursos en una institución, la UES, que los despilfarra y que no produce a los profesionales de calidad que como nación necesitamos para nuestro desarrollo. En un mundo crecientemente competitivo, de vertiginoso cambio tecnológico, muchos graduados no están a la altura de los retos.

Bien se sabe que de la calidad de pensamiento y la capacidad de esfuerzo de los educados, dependerá el futuro de la mayoría de salvadoreños.

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