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El Diario de Hoy
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Industrializar al país, abrir nuevas fuentes de empleo, ampliar
las empresas existentes y reactivar la economía, son finalidades
que el Gobierno se propone y que cuentan con el respaldo de los sectores
productivos y pensantes: la única forma de combatir la pobreza
es a través del empleo y la producción; la mejor política
social es la que crea puestos de trabajo, eleva la productividad y fomenta
la creación de capital.
No hay fórmulas mágicas para alcanzar el desarrollo, pero
sí una sustancial experiencia basada en lo realizado por muchas
naciones. Son numerosos y esclarecedores los milagros económicos
de los últimos doscientos cincuenta años, que van desde
la revolución industrial inglesa hasta el fenomenal crecimiento
de países como Irlanda y China continental. En todos ellos se repiten
iguales principios, que resumiendo son:
Una economía de mercado;
estabilidad monetaria y macroeconómica;
seguridad jurídica;
libertad de comercio;
un nivel alto de libertades individuales aunque no necesariamente
políticas;
capacidad, educación, disciplina y que haya un número
suficientemente grande de personas deseosas de superarse.
Podemos agregar a la lista, pero no suprimir; por hoy vamos a plantear
el aspecto educativo: la formación de técnicos, administradores,
gerentes y directores de empresas. En esto, los salvadoreños afrontan
varios preocupantes hechos, a saber:
El primero, que en un número de universidades, sobre todo en la
Universidad de El Salvador, a los estudiantes se les indoctrina y manipula,
creando en ellos una mentalidad antiempresa y antisistema. Los graduados
en muchas carreras no sólo no aspiran a integrarse al trabajo y
las finalidades del sector productivo, sino que buscan hostigarlo o destruirlo;
lo segundo, que en la mayoría de universidades lo que se hace es
transmitir conocimientos, versus desarrollar capacidades. Los jóvenes
aprenden saberes, pero son poco aptos para poder estudiar por su cuenta,
analizar a profundidad problemas, adaptarse a cambiantes circunstancias
y trabajar en equipo.
Del esfuerzo de unos dependen otros
Es una tragedia nacional que la UES se haya convertido en una entidad
que trafica con ideas muertas, transfiere conocimientos en gran parte
obsoletos y fabrica resentidos sociales. Es obvio que hay excepciones:
docentes responsables, cursos de buen nivel, grupos esforzados, estudiantes
sensatos. Son menos los que se dejan lavar el cerebro, que los indiferentes.
Muchos se esfuerzan por estudiar en la mejor manera posible sin antagonizar
grupos o ser blanco de persecuciones.
Los perjuicios causados por este orden de cosas son múltiples.
Uno muy importante es que las divisiones de clase se perpetúan;
mientras hay familias que logran educar a sus hijos como personas capaces,
sensatas y responsables, la futura gente de éxito, otras familias
están casi condenadas a la medianía o, lo que es peor, a
pasar por la vida como acomplejados llenos de odios.
El segundo grave daño es colectivo: el país gasta enormes
cantidades de recursos en una institución, la UES, que los despilfarra
y que no produce a los profesionales de calidad que como nación
necesitamos para nuestro desarrollo. En un mundo crecientemente competitivo,
de vertiginoso cambio tecnológico, muchos graduados no están
a la altura de los retos.
Bien se sabe que de la calidad de pensamiento y la capacidad de esfuerzo
de los educados, dependerá el futuro de la mayoría de salvadoreños.

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