 |
|
Ilustración EDH /
Juan Calacin
|
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Una mujer de 25 años, por persignarse, se arañó y
desde el pasado jueves 14 un sentimiento de injusticia la invade luego
de que la Fiscalía saliera cabizbaja de un juzgado que dejó
en libertad condicionada a Carlos Bautista, el presunto coyote que la
violó y embarazó mientras la llevaba a Estados Unidos.
Pero, por si acaso la Fiscalía no hiciera bien su trabajo, B.T.
(la víctima pidió el anonimato) dice tener una carta bajo
la manga con la que ganará la partida.
Ella está decidida a demandar a Bautista en la Procuraduría,
para que reconozca la paternidad de la bebé y le ayude económicamente.
Está segura de que, con la prueba de ADN, el fulano no podrá
negar ser el padre de H.T., nacida hace 55 días.
Atrás ha quedado el recuerdo de aquella noche de junio y los días
posteriores cuando, B.T. se supo embarazada y consideró la opción
de interrumpir el embarazo.
Aunque para la mujer, quien trabaja en las cocinas de un mercado al oriente
de San Salvador, la bebé es su más reciente amor, no deja
de llorar al recordar la forma trágica en que la concibió.
En pos de un sueño
B.T., madre soltera, salió el 13 de junio de 2004, ilegalmente
hacia Estados Unidos, con la esperanza de ganar buen dinero para mejorar
las condiciones de vida de sus dos hijos.
Su madre la ayudó pagando lo que Bautista cobraría por el
viaje. Los ahorros de años de trabajo en un puesto de comida en
un mercado fueron invertidos en una esperanza.
Según la mujer, en los primeros días de camino, el coyote
se le insinuó. Ella lo frenó, diciéndole que le había
pagado para que la ayudara a realizar su sueño, no para que la
sedujera. El fulano le ofreció una disculpa.
Pero al llegar a suelo mexicano, Bautista llevó a todos los ilegales,
siete en total, a un hotel. Fue allí donde ocurrió la violación.
El sospechoso la llamó a su habitación so pretexto de darle
instrucciones de cómo debería responder a la Migra,
en caso de que la detuvieran.
 |
|
Alza. La emigración
de salvadoreños no mengua. EDH
/ Juan Calacin
|
Cuando tocó la puerta, el hombre la haló y le dijo que
ninguna mujer que él deseara se le había librado, y que
ella no sería la primera.
Consumada la violación y para que guardara el secreto, la amenazó.
Le manifestó que cualquier cosa podría ocurrirle, hasta
la muerte, y que nadie se interesaría por ella, por ser indocumentada.
Cuando reanudaron la travesía, la mujer le dijo a Bautista que
no le había bajado (la menstruación). Por
cualquier cosa, hay me hablás, le contestó el fulano,
de buena manera.
Doble frustración
Bautista cumplió lo prometido. Los siete ilegales que llevaba pisaron
suelo norteamericano. Ella llegó a donde una tía.
Días después, B.T. sintió los síntomas del
embarazo. Exámenes clínicos se lo confirmaron. Los médicos
que la atendieron le dijeron que podía abortar.
Pero le advirtieron que sólo tenía un par de semanas para
decidirse, antes de que expirara el término permitido por las leyes
norteamericanas para interrumpir la preñez consecuencia de una
violación.
B.T. estaba decidida. Pero la tía y un psicólogo que la
trató a raíz del trauma la persuadieron de que no lo hiciera.
Por alguna razón especial, Dios ha permitido que te ocurra
eso, le decían.
Con su sueño roto y embarazada, la mujer optó por regresar.
Yo me había ido por ir a trabajar para mis hijos, dice
la mujer, quien ha vuelto a su viejo empleo: las cocinas de un mercado,
donde H.T. pasa sus primeros días dormitando en una pequeña
hamaca.

|