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Paternidad
Última carta de inmigrante violada

Frustración. Mujer acusa a presunto coyote de haberla violado y embarazado. Una débil investigación le evitó la cárcel. Si no es castigado por la violación, la mujer lo demandará en Procuraduría


Publicada 25 de abril 2005 , El Diario de Hoy

Ilustración EDH / Juan Calacin


Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


Una mujer de 25 años, por persignarse, se arañó y desde el pasado jueves 14 un sentimiento de injusticia la invade luego de que la Fiscalía saliera cabizbaja de un juzgado que dejó en libertad condicionada a Carlos Bautista, el presunto coyote que la violó y embarazó mientras la llevaba a Estados Unidos.

Pero, por si acaso la Fiscalía no hiciera bien su trabajo, B.T. (la víctima pidió el anonimato) dice tener una carta bajo la manga con la que ganará la partida.

Ella está decidida a demandar a Bautista en la Procuraduría, para que reconozca la paternidad de la bebé y le ayude económicamente. Está segura de que, con la prueba de ADN, el fulano no podrá negar ser el padre de H.T., nacida hace 55 días.

Atrás ha quedado el recuerdo de aquella noche de junio y los días posteriores cuando, B.T. se supo embarazada y consideró la opción de interrumpir el embarazo.

Aunque para la mujer, quien trabaja en las cocinas de un mercado al oriente de San Salvador, la bebé es su más reciente amor, no deja de llorar al recordar la forma trágica en que la concibió.
En pos de un sueño

B.T., madre soltera, salió el 13 de junio de 2004, ilegalmente hacia Estados Unidos, con la esperanza de ganar buen dinero para mejorar las condiciones de vida de sus dos hijos.

Su madre la ayudó pagando lo que Bautista cobraría por el viaje. Los ahorros de años de trabajo en un puesto de comida en un mercado fueron invertidos en una esperanza.

Según la mujer, en los primeros días de camino, el coyote se le insinuó. Ella lo frenó, diciéndole que le había pagado para que la ayudara a realizar su sueño, no para que la sedujera. El fulano le ofreció una disculpa.

Pero al llegar a suelo mexicano, Bautista llevó a todos los ilegales, siete en total, a un hotel. Fue allí donde ocurrió la violación. El sospechoso la llamó a su habitación so pretexto de darle instrucciones de cómo debería responder a la “Migra”, en caso de que la detuvieran.

Alza. La emigración de salvadoreños no mengua. EDH / Juan Calacin

Cuando tocó la puerta, el hombre la haló y le dijo que ninguna mujer que él deseara se le había librado, y que ella no sería la primera.

Consumada la violación y para que guardara el secreto, la amenazó.

Le manifestó que cualquier cosa podría ocurrirle, hasta la muerte, y que nadie se interesaría por ella, por ser indocumentada.

Cuando reanudaron la travesía, la mujer le dijo a Bautista que “no le había bajado (la menstruación)”. “Por cualquier cosa, hay me hablás”, le contestó el fulano, de buena manera.

Doble frustración


Bautista cumplió lo prometido. Los siete ilegales que llevaba pisaron suelo norteamericano. Ella llegó a donde una tía.

Días después, B.T. sintió los síntomas del embarazo. Exámenes clínicos se lo confirmaron. Los médicos que la atendieron le dijeron que podía abortar.

Pero le advirtieron que sólo tenía un par de semanas para decidirse, antes de que expirara el término permitido por las leyes norteamericanas para interrumpir la preñez consecuencia de una violación.

B.T. estaba decidida. Pero la tía y un psicólogo que la trató a raíz del trauma la persuadieron de que no lo hiciera. “Por alguna razón especial, Dios ha permitido que te ocurra eso”, le decían.

Con su sueño roto y embarazada, la mujer optó por regresar. “Yo me había ido por ir a trabajar para mis hijos”, dice la mujer, quien ha vuelto a su viejo empleo: las cocinas de un mercado, donde H.T. pasa sus primeros días dormitando en una pequeña hamaca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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