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Más obras para mejorar

A juicio de la actual administración del Mercado Central, la construcción del pabellón número 10 vendría a solucionar el problema de las ventas que ocupan las calles aledañas.


Publicada 25 de abril 2005, El Diario de Hoy

Acciones. La semana pasada hubo un reordenamiento. Foto EDH/Arturo Silva

Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Félix González, administrador, dijo que el edificio se construirá al costado poniente, frente al Cementerio General, en donde antes estaba un tambo de gas.

En dicho lugar existen unas galeras, pero al iniciar las obras, los vendedores que laboran ahí serían reubicados en la 12a. Calle Poniente y 7a. Avenida Sur.

González prefirió no brindar detalles del proyecto, porque se encuentra en la fase de licitación. Sin embargo, indicó que podría ser un edificio multirespuesta, que venga a solucionar el problema de espacio que predomina.

“La idea es tenerlo listo como en noviembre, para poder reordenar las ventas”, dijo.
El proyecto de modernización comprende la construcción de un estacionamiento con capacidad para cerca de 250 vehículos y mejoras en algunos locales comerciales, que podría estar listo en 2006.

También incluye la remodelación y obras de mejoramiento en el resto de edificios que no fueron afectados por el incendio en 1998.

Con ello buscan darle un nuevo enfoque a las dos plazas: San Vicente de Paúl y Las
Banderas, a fin de que el centro comercial tenga salidas de emergencia y los compradores gocen de un espacio donde descansar.

Esta última se encuentra en disputa, debido a que está ocupada por un grupo de 18 vendedores, que se niegan a retirar.

Margarita de Valencia. Secretaria de la Gerencia General. Foto EDH/Nelson Dueñas

“He visto pasar ocho administraciones”

El recuerdo del ajetreo que hubo antes de la apertura del Mercado Central permanece en la memoria de Margarita de Valencia, de 52 años.

Ella se ha desempeñado como secretaria de todos los mercados municipales de la capital desde hace 30 años.

“He visto pasar ocho administraciones municipales y diferentes alcaldes”, dice.
Comenzó a los 21 años en el mercado Modelo, pero ahí sólo estuvo un año, ya que fue trasladada al Central, para que participara en los preparativos de la inauguración.

También fue parte del equipo que realizó el censo de todos los comerciantes que ingresarían, las cuales procedían de mercados aledaños.

Se incluyeron a muchas vendedoras de la calle. “La inauguración fue un día de mucha emoción, porque era un lugar muy bonito y despejado”, dice.
Hace tres años regresó al Central, como secretaria de la Gerencia General.

Laura Navas. Cumplió 30 años de vender en el Central. Foto EDH/Nelson Dueñas

“Aquí he pasado gran parte de mi vida”

Doña Laura Navas de Quijano, de 80 años, una vendedora de hortalizas, recuerda como que fue ayer cuando llegó a instalarse a “aquel inmenso y limpio lugar”.

Ella era una de las comerciantes del mercado La Compañía, que estaba ubicado en donde ahora funciona el Centro Comercial Galerías, frente al Parque Hula-Hula.

El primer mes tuvo que vender en el sótano, mientras se le entregaba un puesto fijo.
Después fue instalada en el área de planchas del edificio número seis.

Desde entonces su vida ha transcurrido al interior de ese recinto, entre olores de frutas, verduras, hierbas y especies aromáticas.

La humilde mujer recuerda que para llegar a las 7:00 de la mañana, tenía que levantarse de madrugada, pues vivía en el Cantón El Rosario, de Tonacatepeque. En la actualidad, reside en un lugar más cercano, pero siempre madrugada por aquello de la costumbre.

Guadalupe Martínez. Vende dulces y galletas. Tiene 70 años. Foto EDH/Nelson Dueñas

“De la venta he criado a mis hijos”

Guadalupe Martínez, de 70 años, dice que un día previo al traslado, en 1975, metió en cajas toda la mercadería que tenía en el mercado La Compañía, dispuesta a conocer su nuevo lugar de trabajo.

Al principio también permaneció en el área del sótano, pero luego le fue asignado el puesto 48 del pabellón número seis, en donde todavía permanece.

“Los primeros días me sentía rara, porque acá los puestos eran más pequeños, pero luego me acostumbré”, indica.

De las compañeras que entraron con ella, ya no quedan muchas.
Asegura que algunas se fueron cuando las ventas decayeron, lo cual es uno de los principales problemas que enfrentan en la actualidad. Al igual que el aumento de los impuestos municipales.

Por ello, de abarrotes pasó a la venta de galletas y dulces, pero como no logra tener surtido hay días en que sólo vende 5 ó 10 dólares.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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