El
depuesto Presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez llegó ayer
a Brasilia en el final de una sigilosa operación de rescate, en
la que incluso habría tenido que disfrazarse se policía.
Con su llegada a Brasilia, se constituyó en el tercer mandatario
ecuatoriano depuesto y escapando al exilio en los últimos ocho
años.
El Boeing 737 de la Fuerza Aérea Brasileña que llevó
al depuesto mandatario, su esposa y una de sus dos hijas aterrizó
en la base aérea de Brasilia al mediodía.
Gutiérrez y su familia salieron por la parte trasera del avión
y fueron recibidos por funcionarios de la cancillería.
Según informes, para disimular la salida de la embajada brasileña
en Quito, los tres vistieron uniforme negro de las brigadas especiales
de policía y cambiaron las vestimentas durante el vuelo a Brasilia.
El ex mandatario, de 48 años, caminó hacia un helicóptero
militar blanco ubicado a unos 200 metros para ser trasladado hasta el
Hotel Militar, en la zona militar de Brasilia.
Por normas del derecho de asilo, quienes reciben el beneficio están
vetados de formular declaraciones de orden político en el país
que los acoge.
Poco antes del aterrizaje del avión, la oficina de prensa de la
Presidencia de Brasil distribuyó copias de la carta dirigida al
embajador Sergio Florencio Sobrinho en la que Gutiérrez, con fecha
20 de abril, pidió asilo político para sí, su esposa
Ximena Bohórquez Romero y sus hijas Karina Ximena y Viviana Estefania.
En vista de la actual situación política en la República
del Ecuador, (me) siento personalmente amenazado e incapaz de garantizar
mi libertad y mi integridad física, así como de mi esposa
y mis dos hijas. En esas condiciones pido por intermedio de Ud. la concesión
de asilo político en la República Federativa de Brasil a
partir de la presente fecha...''
Asumo el firme compromiso -dice en el párrafo final- de obedecer
los requisitos de la institución del asilo: no ejercer actividades
políticas y no dar declaraciones de contenido político.
Palacio diseña
agenda para afianzar el poder
Cuatro días después de su accidentado arribo
al poder, el Presidente de Ecuador, Alfredo Palacio, seguía ayer
manteniendo contactos con sus allegados para afinar la agenda con que
piensa llegar hasta 2007, año en que terminaba el período
del destituido Lucio Gutiérrez y hasta el cual anhela prolongar
su mandato.
El gobierno ha privilegiado su relación con ciudadanos libres
e independientes. Sólo demandamos al Congreso que asuma su tarea
y regrese todo al cauce democrático, afirmó el secretario
general de la Presidencia, Carlos Muñoz Rosado, en referencia a
que esos primeros contactos no incluyen aún diálogos institucionalizados
con las fuerzas políticas.
Tras sus palabras del miércoles, cuando una vez posesionado prometió
la refundación de la República, el nuevo mandatario
habló poco en público, pero es obvio que sus prioridades
están en construir el equipo de gobierno, afianzarse en el poder
y convencer a la comunidad internacional de su legitimidad.
Palacio dejó claro que no quiere ser un presidente efímero.
Ante llamados de algunos sectores para que anticipe elecciones.