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Palabras
La iglesia, los ángeles y el condón

Los ángeles, según el catolicismo, no tienen sexo. El problema es del papel de la misma Iglesia dentro de una humanidad de 6 mil millones de seres humanos, que sí tienen sexo y hasta variables.

Publicada 25 de abril 2005, El Diario de Hoy



Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com


Prohibir el condón, según analistas, fue un error de la Iglesia romana, dado el grave riesgo que ello conlleva de contraer enfermedades mortales como el Sida, así como el nacimiento de hijos no deseados dentro un destino incierto.

El dogma judeo cristiano de asociar al sexo con el demonio o la desgracia, se suscitó, según los antropólogos, seguramente por el efecto mortal de las enfermedades venéreas y virus desconocidos de la antigüedad, mismos que eran transmitidos y coligados a las relaciones carnales.

El papel de la actual Iglesia romana, según los estudiosos, debe estar acorde a un mundo cambiante y científico como es natural en todas las civilizaciones, pues hasta la misma naturaleza cambia durante períodos largos.

La verdadera ciencia y la verdadera religión están en completo acuerdo, se ha dicho. De seguro porque ambas provienen de un mismo Dios.

Si bien es cierto que los ángeles no tienen necesidad del condón preventivo, los hombres de carne y hueso sí. Aunque me llama la atención que se hable tanto de sexo en tiempos cuando la inmundicia moral proviene de la guerra, la pobreza y otras pestes.
(pintorbalaguer@yahoo.com)


Día a Día
Imposición foránea

Para conceder preferencias arancelarias a nuestros pobres países, la Unión Europea, presionada por la OIT y organizaciones de similar calaña, buscan imponer los sindicatos estatales, los que en ciertos países de la comunidad no existen. En otras palabras, esquemas que no encajan con la situación económica, social y humana de los trópicos se deben aceptar a cambio de mendrugos.

Promover “el desarrollo del sindicalismo libre”, o “la libertad de asociación”, viene de muy lejos. Fue la entrada de la “Alianza para el Progreso” del difunto John Kennedy y la base de la política de Estados Unidos hacia sus vecinos del sur en las últimas décadas del siglo pasado.

A los cabecillas en ciernes los enviaban a seminarios y les pagaban viajes de observación, los prote- gían y “chinchiniaban”. Muchos cambios en las leyes laborales fueron hechos bajo presión externa, incluida la cláusula de que era casi imposible despedir a un directivo sindical aunque robara, acosara a sus compañeros o participara en hechos delictivos.


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