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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Las ollas de presión, los ventiladores caseros, los frigoríficos
y de seguro hornos microondas y prácticamente todo electrodoméstico,
serán decomisados en Cuba para ahorrar energía. El mismísimo
comandante en jefe, Fidel Castro, salió en la televisión
anunciando los inminentes decomisos, ofreciendo que se dotará a
los felices cubanos con nuevos aparatos más eficientes.
Esas entregas de maravillas están en la cola de un venado; una
dictadura que obliga a entregar electrodomésticos para ahorrar
energía está literalmente boqueando, apenas tiene
petate en que caer muerto. ¿Cuántos millones de euros se
requieren para comprar ventiladores, ollas de presión, hornos,
etc., para toda Cuba? ¿Cómo es que se distribuirán
los aparatos, a quiénes van a entregarse y a quiénes no?
¿Y qué sucederá con los aparatos hechizos, como una
hélice cuya fotografía publicamos el fin de semana?
¿Por qué hay hechizos en Cuba? Esos frankenstein,
así los llama Fidel, son la respuesta de la gente a la escasez.
Si no hay ventiladores en venta, o si los precios sobrepasan la capacidad
de la gente para comprarlos, los aparatos armados a la buena de Dios,
brotan como hongos en invierno. En Cuba las viejas carrocerías
de vehículos se han cortado en dos, dejando los asientos como un
carruaje tirado por caballos. De las bicicletas arman taxis (un cubano
de fuerza, versus los cien o más caballos de los motores de nuestros
taxis), de los andrajos nueva ropa y así en sucesión.
Los ventiladores que se han prohibido en Cuba, se venden en las calles,
los almacenes y los mercados de San Salvador y en cuanto pueblo y hasta
caserío hay en el territorio. Nadie necesita permiso para usarlos
y nadie va a decomisarlos, a menos que los comunistas lleguen al poder.
De ocurrir tal catástrofe, vayan, queridos lectores, preparándose
para mitigar el calor a fuerza de abanicos de mano.
Allá todo falta, aquí hay de todo
En Cuba decomisan electrodomésticos por tratarse de las medidas
propias del socialismo, lo que es obligado en una economía de escasez.
En lugar de incrementar el suministro de corriente, lo que se hace es
reducir el consumo; no alcanza la cosecha y por tanto hay que racionar
el maíz, los frijoles y el pan, en lugar de incrementar las siembras.
Pero no pueden incrementar las siembras porque el sistema no cuenta ni
con los insumos ni con los equipos ni con la gente para hacerlo. De allí
la contradicción de países capitalistas con sobreproducción
de todo, y países socialistas donde todo falta.
Haga un paseo, estimado lector, por las calles de Santa Ana, de Usulután,
de Santiago de María, y verá una abundante oferta de lo
que quiera. Si le da la gana de comprar un ventilador de mesa, o cien,
los tendrá. Podrá comprar aquí, a menores precios,
casi todo lo que se vende en Estados Unidos y en Europa. Lo podrá
comprar sin correr el riesgo de que se los quiten en unos meses o años,
a menos que los comunistas se hagan con el poder. Nadie andará
detrás diciendo lo que debe o no debe comprar, tratándose
de mercancías lícitas en ventas legalizadas, a menos que...
Pero hay un precio que debemos pagar para ir de compras según nuestros
de- seos: defender la democracia y la libertad, no dejarnos engañar
por malvados.

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