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La nota del día
Adiós ventilador, adiós olla de presión

En Cuba decomisan electrodomésticos por tratarse de las medidas propias del socialismo, lo que es obligado en una economía de escasez. En lugar de incrementar el suministro de corriente, lo que se hace es reducir el consumo

Publicada 25 de abril 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Las ollas de presión, los ventiladores caseros, los frigoríficos y de seguro hornos microondas y prácticamente todo electrodoméstico, serán decomisados en Cuba para ahorrar energía. El mismísimo comandante en jefe, Fidel Castro, salió en la televisión anunciando los inminentes decomisos, ofreciendo que se dotará a los felices cubanos con nuevos aparatos más eficientes.

Esas entregas de maravillas están en la cola de un venado; una dictadura que obliga a entregar electrodomésticos “para ahorrar energía” está literalmente boqueando, apenas tiene petate en que caer muerto. ¿Cuántos millones de euros se requieren para comprar ventiladores, ollas de presión, hornos, etc., para toda Cuba? ¿Cómo es que se distribuirán los aparatos, a quiénes van a entregarse y a quiénes no? ¿Y qué sucederá con los aparatos hechizos, como una hélice cuya fotografía publicamos el fin de semana?

¿Por qué hay hechizos en Cuba? Esos “frankenstein”, así los llama Fidel, son la respuesta de la gente a la escasez. Si no hay ventiladores en venta, o si los precios sobrepasan la capacidad de la gente para comprarlos, los aparatos armados a la buena de Dios, brotan como hongos en invierno. En Cuba las viejas carrocerías de vehículos se han cortado en dos, dejando los asientos como un carruaje tirado por caballos. De las bicicletas arman taxis (un cubano de fuerza, versus los cien o más caballos de los motores de nuestros taxis), de los andrajos nueva ropa y así en sucesión.

Los ventiladores que se han prohibido en Cuba, se venden en las calles, los almacenes y los mercados de San Salvador y en cuanto pueblo y hasta caserío hay en el territorio. Nadie necesita permiso para usarlos y nadie va a decomisarlos, a menos que los comunistas lleguen al poder. De ocurrir tal catástrofe, vayan, queridos lectores, preparándose para mitigar el calor a fuerza de abanicos de mano.

Allá todo falta, aquí hay de todo


En Cuba decomisan electrodomésticos por tratarse de las medidas propias del socialismo, lo que es obligado en una economía de escasez. En lugar de incrementar el suministro de corriente, lo que se hace es reducir el consumo; no alcanza la cosecha y por tanto hay que racionar el maíz, los frijoles y el pan, en lugar de incrementar las siembras. Pero no pueden incrementar las siembras porque el sistema no cuenta ni con los insumos ni con los equipos ni con la gente para hacerlo. De allí la contradicción de países capitalistas con sobreproducción de todo, y países “socialistas” donde todo falta.

Haga un paseo, estimado lector, por las calles de Santa Ana, de Usulután, de Santiago de María, y verá una abundante oferta de lo que quiera. Si le da la gana de comprar un ventilador de mesa, o cien, los tendrá. Podrá comprar aquí, a menores precios, casi todo lo que se vende en Estados Unidos y en Europa. Lo podrá comprar sin correr el riesgo de que se los quiten en unos meses o años, a menos que los comunistas se hagan con el poder. Nadie andará detrás diciendo lo que debe o no debe comprar, tratándose de mercancías lícitas en ventas legalizadas, a menos que...

Pero hay un precio que debemos pagar para ir de compras según nuestros de- seos: defender la democracia y la libertad, no dejarnos engañar por malvados.

 


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