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El lente crítico de Lindo

Los principios del filósofo griego Heráclito eran importantes para este escritor. En sus censuras literarias deja sus visiones acerca de la creación

Publicada 22 de abril 2005, El Diario de Hoy

Profundo. El autor plasmó su universo de opiniones en los ensayos que publicaba en revistas especializadas. Este género, que ha sido poco cultivado en el país, fue una de sus principales herramientas de análisis. Fotos EDH


Ricardo Bracamonte
Colaborador
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com


Hugo Lindo también cultivó la crítica literaria. Sus principales producciones fueron publicadas entre 1946 y 1967, en la Revista Estudios Centroamericanos.

Dorita Guerra Trigueros y su tiempo sin tiempo, escrito en 1949; Instante poético en El Salvador, leído en la sesión ordinaria de la Academia Colombiana de la Lengua –correspondiente de la Real Española–, el lunes 5 de octubre de 1959, y otros más, recogen sus herramientas básicas para enfrentar la obra literaria de un autor específico.

En muchos de sus textos, Hugo Lindo expresó la idea de los elegidos o los ungidos como entes de la sociedad.

Estos seres son los que tienen dotes especiales que permiten conducir a los grupos humanos o crear los principios básicos del desarrollo.

En la producción literaria, esta idea se mantiene vigente: “Sólo los ungidos tienen la posibilidad de pasar del hecho pequeño, casi vulgar, a la conquista de los valores más universales”, dice el escritor nacido en La Unión.

Los ungidos son para él, los genios, los que son capaces de encontrar en lo cotidiano las “soterradas constantes del hombre y de su tránsito” por el mundo; a esos los llama artistas verdaderos.

Los define con esta frase lapidaria: “Se diría que los verdaderos, los indiscutibles, los genuinos, arraigan precisamente porque vuelan”.

La creación

Lindo entendió el acto creativo como una “aventura y salto al vacío”.
Y para comprender esta afirmación, agregó: “El artista no es un artífice, su función no estriba en labrar primores con el estilo del lenguaje, sino en llegar a la raíz, a la médula de las cosas, y decir: ‘Aquí está el dolor’, con una palabra que no representa al ser”.

El manejo de la palabra resulta ser una preocupación constante de nuestro escritor. Ésto se comprueba en cada uno de sus personajes, en sus poesías o en sus ensayos.

Obras. Para el escritor era importante la calidad en el lenguaje, por eso abogaba a que todos los literatos lo aplicaran bien. Además creía en la inspiración, pues ella anima a la poesía. Fotos EDH

Si lo defendía de esta forma, es porque sostenía que el poeta se halla encerrado en un cerco de palabras.

Lo mejor de su obra es, precisamente, lo que no alcanza a decir. Lo que deja como mera sugerencia, como vacío silencioso entre la sonora presencia de las sílabas.

Por eso, afirma que el idioma no viene a ser ni siquiera un fin para el poeta, “sino un medio insuficiente, burdo, que ha de trascender con el salto maravilloso y misterioso de la inspiración”.

Lindo tenía dos consejos para todos los artífices de la palabra: mejorar la calidad del lenguaje figurado y la inspiración que anima a la poesía.

En otras palabras, el poeta debe demostrar su calidad personal de la expresión.
También abogó por la personalidad del poeta. Así, dice que ellos deben saber cuando hablar y cuando callar.

Con bases

Hugo Lindo era –en esto de la crítica artística– un hombre apegado a la teoría del filósofo Heráclito de Efeso.

Y estas bases las tenía en cuenta a la hora de juzgar la calidad de una obra.
Sostenía que en toda actividad humana y más en la creación estética, la voz de este intelectual griego estaba presente.

Por eso siempre tenía en cuenta todos sus principios, en especial el clásico, el de no bañarse dos veces en el mismo río.

Esta imagen ayudaba a comprender que en el acto de creación, todo varía.
“Ahí todo es mudable. Lo dinámico no es otra cosa que lo cambiante, viene a constituir lo único de valor permanente”, indicaba Lindo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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