 |
| Profundo. El autor plasmó su universo
de opiniones en los ensayos que publicaba en revistas especializadas.
Este género, que ha sido poco cultivado en el país,
fue una de sus principales herramientas de análisis. Fotos
EDH |
Ricardo Bracamonte
Colaborador
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Hugo Lindo también cultivó la crítica literaria.
Sus principales producciones fueron publicadas entre 1946 y 1967, en la
Revista Estudios Centroamericanos.
Dorita Guerra Trigueros y su tiempo sin tiempo, escrito en 1949; Instante
poético en El Salvador, leído en la sesión ordinaria
de la Academia Colombiana de la Lengua correspondiente de la Real
Española, el lunes 5 de octubre de 1959, y otros más,
recogen sus herramientas básicas para enfrentar la obra literaria
de un autor específico.
En muchos de sus textos, Hugo Lindo expresó la idea de los elegidos
o los ungidos como entes de la sociedad.
Estos seres son los que tienen dotes especiales que permiten conducir
a los grupos humanos o crear los principios básicos del desarrollo.
En la producción literaria, esta idea se mantiene vigente: Sólo
los ungidos tienen la posibilidad de pasar del hecho pequeño, casi
vulgar, a la conquista de los valores más universales, dice
el escritor nacido en La Unión.
Los ungidos son para él, los genios, los que son capaces de encontrar
en lo cotidiano las soterradas constantes del hombre y de su tránsito
por el mundo; a esos los llama artistas verdaderos.
Los define con esta frase lapidaria: Se diría que los verdaderos,
los indiscutibles, los genuinos, arraigan precisamente porque vuelan.
La creación
Lindo entendió el acto creativo como una aventura y salto
al vacío.
Y para comprender esta afirmación, agregó: El artista
no es un artífice, su función no estriba en labrar primores
con el estilo del lenguaje, sino en llegar a la raíz, a la médula
de las cosas, y decir: Aquí está el dolor, con
una palabra que no representa al ser.
El manejo de la palabra resulta ser una preocupación constante
de nuestro escritor. Ésto se comprueba en cada uno de sus personajes,
en sus poesías o en sus ensayos.
 |
| Obras. Para el escritor era importante la calidad
en el lenguaje, por eso abogaba a que todos los literatos lo aplicaran
bien. Además creía en la inspiración, pues ella
anima a la poesía. Fotos EDH |
Si lo defendía de esta forma, es porque sostenía que el
poeta se halla encerrado en un cerco de palabras.
Lo mejor de su obra es, precisamente, lo que no alcanza a decir. Lo que
deja como mera sugerencia, como vacío silencioso entre la sonora
presencia de las sílabas.
Por eso, afirma que el idioma no viene a ser ni siquiera un fin para el
poeta, sino un medio insuficiente, burdo, que ha de trascender con
el salto maravilloso y misterioso de la inspiración.
Lindo tenía dos consejos para todos los artífices de la
palabra: mejorar la calidad del lenguaje figurado y la inspiración
que anima a la poesía.
En otras palabras, el poeta debe demostrar su calidad personal de la expresión.
También abogó por la personalidad del poeta. Así,
dice que ellos deben saber cuando hablar y cuando callar.
Con bases
Hugo Lindo era en esto de la crítica artística
un hombre apegado a la teoría del filósofo Heráclito
de Efeso.
Y estas bases las tenía en cuenta a la hora de juzgar la calidad
de una obra.
Sostenía que en toda actividad humana y más en la creación
estética, la voz de este intelectual griego estaba presente.
Por eso siempre tenía en cuenta todos sus principios, en especial
el clásico, el de no bañarse dos veces en el mismo río.
Esta imagen ayudaba a comprender que en el acto de creación, todo
varía.
Ahí todo es mudable. Lo dinámico no es otra cosa que
lo cambiante, viene a constituir lo único de valor permanente,
indicaba Lindo.

|