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Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Como los precios del petróleo que vienen en escalada nunca van
a descender a los precios de hacer algunos años ni cosa que se
le parezca, y la tendencia de los precios siempre será inexorablemente
hacia el alza, muchos países con economías débiles
y recursos limitados, como El Salvador, podrían verse en aprietos
en el futuro. Y es que las causas de esos incrementos no son pasajeras
y, por el contrario, tienen todas las trazas de quedarse por tiempo indefinido:
mayores costos de explotación en los países productores,
aumento de la demanda en las economías emergentes asiáticas,
tensiones políticas y militares en el Medio Oriente, alto consumo
de los países del primer mundo, etc.
Pero quizá lo peor es que la población absorbe los precios
altos del combustible a expensas de la canasta básica; en otras
palabras, el ciudadano promedio, para lograr pagar los incrementos de
la gasolina, gasta menos en comida, vivienda, vestido y escuela de sus
hijos. De continuar este ritmo de subidas periódicas, se llegará
a un momento en que el gasto principal de la familia salvadoreña
ya no serán los frijoles y las tortillas, sino el combustible y
los pasajes del transporte colectivo (los buseros ya lo anunciaron).
Si nuestro país no es previsor y no se prepara para afrontar las
futuras demandas de energía, sin ninguna duda tendrá dificultades
para continuar con el ritmo de desarrollo, que trae aproximadamente desde
hace unos quince años. Muy mal haría con esperar con los
brazos cruzados que el precio del galón de gasolina llegue a los
diez o doce dólares, lo que seguramente ocurrirá antes de
dos décadas. Mucho antes de que eso suceda, tiene que volver la
mirada hacia otras fuentes alternativas de energía y, de ser posible,
romper con esa petroleodependencia, que insensiblemente nos
ha metido en una camisa de fuerza de consumo obligado en los últimos
ochenta años.
Por otro lado, si no lo hace con la suficiente antelación, se lo
impondrán los organismos financieros internacionales y otro tanto
harán los correspondientes que se ocupan de la salud, ya que los
niveles actuales de contaminación provenientes de la combustión
de la gasolina en el centro de San Salvador antes de una década
estarán invadiendo los lugares que todavía tienen un ambiente
respirable.
El Ministerio de Gobernación, por cierto una de las pocas carteras
estatales que realmente se preocupa por la protección de los habitantes
de la nación, ya debería de estar solicitando los estudios
pertinentes sobre los escenarios de los próximos veinte años
en materia de demanda y oferta de energía, para tomar las previsiones
correspondientes. Varias universidades, centros de investigación
y otras instituciones nacionales tienen la suficiente capacidad académica
como para realizar los estudios y proponer los cambios, políticas
y estrategias que podrían ponerse en práctica.
Algunos cambios coyunturales que caen por su peso y que vendrán,
quiérase o no, es la sustitución total de la calamitosa
y contaminante flota urbana de autobuses y microbuses, que jamás
han dado un servicio excelente en los últimos cincuenta años,
por una red de por lo menos tres o cuatro ejes que atraviesen la capital
de tranvías o trenes eléctricos, silenciosos y mucho más
amigables con el medio ambiente, capaces de movilizar grandes volúmenes
de pasajeros en minutos.
Ya se llegó la hora también de elaborar proyectos para el
corto plazo para la utilización de la energía solar, recordar
al respecto que nuestro país es privilegiado por contar con luz
solar todos los días del año. Tan importante es esta fuente
que países con menos meses de luz solar que El Salvador ya están
aprovechando esta tecnología. En la actualidad, las naciones más
desarrolladas en este campo son en su orden Alemania, Japón, Estados
Unidos y España.
La industria, comercio, hoteles, hospitales y unidades de salud pueden
satisfacer en esta forma sus necesidades de energía en pocos años.
La energía eólica (la produce la fuerza del viento) también
es susceptible de desarrollarse fácilmente en el país sin
grandes costos. Las grandes torres con aspas de hasta ocho metros pueden
erigirse en el Volcán de San Salvador, Planes de Renderos, Cerro
San Jacinto, Cordillera del Bálsamo y docenas de lugares en los
que sopla el viento con singular potencia todos los días del año.
Los países escandinavos, Inglaterra, Holanda, Estados Unidos, Chile
y muchos otros ya se auxilian con esta inagotable fuente.
El alumbrado público y el de muchas urbanizaciones podría
lograrse de esta manera, como en el caso de la energía solar, antes
de cinco años. Algunos proyectos que no requieren de infraestructura
pueden echarse a andar en el corto plazo, específicamente en lo
que falta de 2005 y completarse en 2006. Es el caso de la utilización
de combustible a base de alcohol o gas butano con carácter obligatorio
y en implementación por etapas: primero, los vehículos nacionales;
luego, las unidades del transporte colectivo y, finalmente, los automotores
particulares.
Un paso trascendente es establecer restricciones en el uso de los vehículos
nacionales debidamente fundamentadas y objetivas, no como la pajerística
de prohibir usar tales vehículos para visitar los balnearios y
paseos, pero hacerse de la vista gorda cuando van al súper, casinos,
moteles o cuando transportan mercadería y hasta materiales de construcción
con fines particulares o aquella de obligar a los maleantes a descargar
sus armas al abordar un bus y que las recarguen de nuevo cuando se bajen
del mismo. Hasta el momento nadie justifica por qué se les asignan
a los funcionarios grandes ve- hículos muy gastones
de combustible, cuando perfectamente pueden usar unidades de menor cilindrada.
* Doctor en Medicina.

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