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| Desde nuestro campamento mirábamos
los furiosos ataques de los fundamentalistas.
Fotos EDH/AP |
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La bienvenida en el aeropuerto de Bagdad fue macabra: Deben ser
cuidadosísimos con la seguridad personal porque ofrecen $10 mil
por cada una de sus cabezas, nos dice un militar, miembro del comité
de recepción.
Y, cuando apenas comenzábamos a bajar por la escalinata del enorme
avión que nos llevó ahí, desde Jordania, sentimos,
en la cara, a nuestro primer enemigo: el frío quemaba la piel.
Parecía que los oídos estaban a punto de estallar.
Un militar nos aconseja abrigarnos con lo que sea. La temperatura está
a cinco grados bajo cero. Es imposible dar un paso sin titiritar o quejarnos
de la brutal temperatura.
Amanecía cuando tocamos tierras iraquíes. Y, mientras caminábamos
por el anárquico aeropuerto, donde cada soldado activa su tercer
ojo para defender el pellejo, se escuchó el llanto de una mujer.
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| Los insubordinados ofrecen $10 mil por nuestras
cabezas o la de un americano. Fotos EDH/AP |
Quien lloraba sin freno era una de las seis mujeres que, al igual que
otros 39 hombres, estábamos, ahí, contratados para dar seguridad
a embajadas, residencias y sitios donde se alojan civiles y diplomáticos.
La tensión, el aviso poco amistoso y el cansancio provocado por
el largo viaje desde El Salvador, provocó que aquella mujer llorara
frente a la congoja de todos.
Se suponía que se trataba de un grupo entrenado para enfrentar
cualquier reto en un país emboscado por todos los odios juntos.
- Busquen la manera de comunicarse con Francisco Flores para que
nos mande a traer, decía la mujer entre sollozos.
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Trabajaba como agente en
un puesto de la pnc. mi salario era de $363 mensuales y no hemos
tenido un aumento en seis años
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Busquen la manera de comunicarse
con francisco flores para que nos mande a traer sollozaba
la mujer
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Su hermana, La golden, como la bautizamos después,
le respondió preocupada: No hermana. Ya no es Flores el Presidente.
Es Tony Saca, pero no sabemos cómo comunicarnos con él.
Lo que más me preocupaba es que, apenas en el arranque de nuestra
misión, alguien comenzara a tirar la toalla a más de ocho
mil kilómetros de su país.
Poco a poco el llanto cesó. Entre todas las mujeres lograron calmar
a la asustadiza compañera repitiéndole que las cosas pasarían,
incluido el agobiante frío.
Protección
Apenas aterrizamos en el frenético aeropuerto de Bagdad, una escolta
de hombres armados comenzó a protegernos. Parecíamos personajes
importantes rodeados de guardaespaldas.
Poco después nos dieron las primeras instrucciones: Debíamos
atravesar siete kilómetros de una zona roja territorial
donde puede pasar cualquier cosa, desde ser emboscados a punta de bala
hasta recibir un bombazo que te manda al cementerio partido en mil pedazos.
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1,800 Dólares.
Era el sueldo para los
intérpretes, a esto se le
sumaba $105 que nos
daban a todos por viáticos.
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1,200 salario.
Como guardia de seguridad privada, gané en casi cuatro meses
de trabajo. Lo que
gané como policía en un año.
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1
año
La duración de nuestro contrato. Sin embargo, sólo
fue de casi cuatro meses. Y la deportación de más
de 100 salvadoreños.
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146
guardias
Fue el total de connacionales que la empresa Triple
Canopy contrató para
cuidar.
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Después sabríamos que casi todos los vehículos que
pasan por ahí se convierten en codiciados blancos de la furia de
fundamentalistas, que combaten la presencia de extranjeros en ese país.
La caravana arrancó. Viajábamos en un autobús estrechamente
escoltado mientras nuestros ojos vijilaban, de un lado a otro, en busca
de francotiradores u obuses que cayeran del cielo.
Rápidamente nos topamos con esos siete kilómetros bordeados
por franjas de concreto de unos cinco metros de altura.
Con eso se intenta detener, un poco, los ataques que se hacen a los vehículos
aliados con lanza cohetes RPG-7.
En realidad, el amurallamiento bordea una enorme zona comercial donde
no hay presencia de tropas. Ahí, los civiles, los rebeldes, los
fundamentalistas o, quien sea, hacen lo que quieren.
Un puente sobre el bíblico río Tigris divide la zona roja
de la verde, donde la violencia es mucho menor.
Esta última zona está totalmente bajo control de los americanos.
En ella se encuentran embajadas, bases militares y campos de detención
de rebeldes. En fin, es el área donde llegábamos a cumplir
nuestras futuras tareas de vigilantes privados.
Esa zona también la ocupaba, antes de la invasión, la guardia
republicana de Sadam Hussein. Ahí tenían polígonos,
bases militares y bartolinas donde torturaban a todos sus opositores.
Pero, mientras el autobús que nos transportaba desde el aeropuerto
hasta nuestra futura sede, recorría los siete kilómetros
amurallados, cada uno de nosotros miraba, inquietos, por las ventanas,
como si fuésemos aventureros que tratan de descifrar sus primeros
misterios.
Detroit
Durante nuestro primer día en el campamento se nos repitió
lo que, pensábamos, era una broma: los insubordinados ofrecen $10
mil por cada una de nuestras cabezas o la de cualquier americano.
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| Junto con iraquíes e hindúes descargábamos
los camiones que llevaban agua y alimentos.
Fotos EDH/AP |
Si alguien pretendió ponernos en alerta, no lo hizo de la mejor
manera: Salvadoreños, -gritó una persona pasándose
la mano por el cuello-, aquí les quieren matar.
Como buenos salvadoreños que nunca nos quedamos atrás, respondimos
lo mismo: Iraquíes que quieran matarnos, tendrán su
recompensa. Por supuesto, también nos pasamos los dedos por
el cuello.
Muy poco después, estábamos acomodados en una tienda de
campaña con unas 40 literas, colocadas ordenadamente.
Los instructores nos dijeron que las tiendas de campaña serían
nuestras casas por los próximos tres o cuatro días. Pero,
la verdad es que los hombres nos quedamos, ahí, durante dos semanas.
Las mujeres corrieron mejor suerte que la nuestra a pesar de que, por
supuesto, las colocaron en otra tienda de campaña.
Por los llantos imparables de la hermana de La golden (todos
los días lloraba y decía que se quería regresar),
a las seis mujeres que componían el grupo se las llevaron a una
de las casas que los americanos poseen en la zona verde.
Pero, nuestro verdadero destino no serían esas tiendas militarizadas
sino algo que llaman Campamento Olimpia.
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| El empleado del reclutador da, aquí,
la última instrucción a las seis mujeres.
Fotos EDH/AP |
Sin embargo, desde nuestra llegada percibimos que algunas cosas no caminaban
bien.
Una prueba de eso: durante los primeros seis días, no nos entregaron
equipos para combatir el inmenso frío.
La poca calefacción que colocaron en las tiendas no permitía
combatir aquel hielo que golpeaba nuestras carnes acostumbradas
a temperaturas de más de 30 grados centígrados.
Por lo que nos contaban, las mujeres tampoco la pasaban muy bien. Les
costaba dormir por el intenso frío y descansaban con un ojo abierto
porque temían que se les metiera un iraquí y les cortara
el pescuezo.
Con permiso
Antes de continuar, les contaré quién soy. Tengo 31 años.
Trabajaba como agente en un puesto policial de la PNC. Mi salario era
de $363 mensuales y no hemos tenido un solo aumento en seis años.
A pesar de todo eso, compré mi casa y la estoy pagando de lo que
me queda libre. Con mi salario mantengo a mis hijos y a mi esposa.
Estaba desesperado por marcharme del país para darle a mi familia
una mejor forma de vida.
Un buen día me enteré que estaban reclutando personas para
llevarlas a Iraq. Llené la solicitud y pedí permiso en la
policía. Me lo concedieron por un año. Ahora los otorgan,
únicamente por tres meses.
Seguí moviéndome hasta que llegó el día de
marcharnos hacia Iraq. Al grupo de mujeres las comandaba Buffy,
quien tiene experiencia en el manejo de armas.
Las restantes cinco mujeres eran amas de casas. Algunas de ellas laboraban
en maquilas, en las ventas de sorbetes y en mercados.
El grupo de hombres estaba compuesto por ex militares y antiguos guerrilleros.
Muchos de ellos tenían experiencia en fuerzas especiales.
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Click sobre gráfico
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Por eso conocí a El caimán, un ex sargento
de fila que siempre recordaba que, en tiempos del conflicto, salió
vivo de milagro porque le encomendaban la misión de reconocer el
perímetro donde se guarecía el enemigo.
Una y otra vez repetía que, antes de cada combate, fumaba marihuana
para armarse de valor a la hora de enfrentarse al enemigo. Y hasta nos
dijo que se puso a coleccionar las orejas de algunos guerrilleros que
mataban.
El vuelo
El día que partimos de El Salvador nos armamos de esperanza. Durante
las pláticas que se producen en los vuelos, cada quien expuso por
qué asumía esa aventura.
Uno de los ex militares hizo ahí una confesión: su motivación
no era el dinero. Lo que extrañaba era la emoción de volver
a participar en un conflicto armado.
No pierdo la fe de matar a un par de iraquíes. Quiero sentir
la adrenalina como la tenía durante el conflicto, sentenció.
Su confesión nos sacudió a todos.
Nuestra primera escala se produjo en México. Pero, los presagios
no fueron buenos ahí. Como no llevábamos visa, tuvimos que
pagar $50 para que nos dieran un permiso de paso. Creo que el cobro fue
excesivo y hasta ilegal. Pero, nada se puede hacer ante eso.
Después nos metieron en una sala, tras llamarnos hermanos
salvadoreños y, una vez ahí, dos custodios intentaron
robarnos dos maletas en nuestras propias narices.
Dos hombres se llevaron las maletas durante un descuido nuestro. Luchamos
hasta encontrar al jefe de seguridad del aeropuerto. Él nos ayudó,
con nuestras descripciones, a encontrar a los responsables. Finalmente,
en medio de rezongos, nos devolvieran el equipaje.
Luego de defender nuestro patrimonio, tomamos otro avión que nos
dejó en Ámsterdam, tras diez horas de vuelo y mil plegarias
para que el avión no se cayera.
Con cuatro horas más de vuelo llegamos a Jordania, donde nos esperaba
un contacto de la empresa Triple Canopy quien nos llevó a cenar
a un hotel, en medio de las curiosas miradas de todos. Estábamos
en un país que significaba un adelanto de las tierras que pisaríamos.
Al principio nos dijeron que dormiríamos en Aman, la capital de
Jordania. Después, los planes cambiaron. Todavía con el
estómago lleno nos llevaron de nuevo al aeropuerto militar y nos
dijeron que, en dos horas más, estaríamos en Bagdad.
Traqueteos
Una vez instalados en Bagdad, comenzamos a acostumbrarnos a los bombardeos
y /o las ráfagas de armas automáticas. Ante eso, tomamos
las primeras medidas de seguridad: la primera de ellas fue dormir de tal
forma que, quien quisiera degollarnos, lo primero que se encontraría
serían los pies.
También tuvimos que acostumbrar el estómago. Nuestras comidas
eran ración c americana. Ésta estaba compuesta
por pollo y ensaladas. Eso sí: todo lo teníamos que calentar
en unas bolsas especiales.
Durante las primeras mañanas nos levantábamos a recibir
instrucción en el uso de AK-47. Cinco días duraron las tareas
de armar y desarmar ese tipo de armas. Los instructores eran miembros
de las fuerzas especiales de los Estados Unidos.
La base en la que nos colocaron estaba custodiada por filipinos. Ellos
eran bastante amistosos. Cuando llegamos, tenían siete meses de
estar en ese lugar.
La monotonía la rompían las explosiones.
Cuando nos ordenaron cumplir los primeros turnos nocturnos, el frío
convertía aquello en un verdadero calvario. Y lo peor era levantarse
y meterse al baño. Nunca he sufrido tanto en mi vida que recibir
agua en medio de las bajísimas temperaturas. El agua entumecía
hasta los dedos.
En el campamento existen baños comunes que sólo podían
utilizar los americanos. A nosotros nos destinaron unos provisionales.
Pero, como no tenían buenas condiciones higiénicas, poco
a poco nos fuimos metiendo en los baños de los gringos.
Primera baja
Después de transcurridas dos semanas, nos trasladaron al Campo
Olimpia, sitio donde nos alojaron durante el resto de nuestra permanencia
en Iraq.
El Campo Olimpia era, antes de la invasión, una de las principales
sedes de la guardia republicana de Husseim.
Es una extensa base rodeada de alargados muros de cemento que opera, en
Bagdad, Triple Canopy, la empresa que nos contrató. Tiene una serie
de torretas en las que durante las 24 horas al día permanecen vigilantes
fuertemente armados.
Aquello es una suerte de cuartel como los que miramos aquí. Adentro
existen instalaciones, comedores, residencias y áreas donde los
visitante pueden alojarse.
Los inquilinos deben pagar $700 por noche. Por ese precio se les incluyen
las comidas, como si fuese un hotel. El costo es altísimo aunque
los huéspedes saben que, ahí adentro, nadie les va a destapar
los sesos.
Existen áreas para huéspedes de todas las naciones: desde
estadounidenses hasta irlandeses. Incluso, hasta un bar hay ahí.
El negocio debe ser tan bueno que, adentro del campo, cada día
surgían nuevas construcciones.
En ese campo tuvimos la primer baja. Fue Nelson, un amistoso compañero,
a quien lo afectó la hipotermia. A Gravi, como le llamábamos,
le afectó tanto el frío que se le inflamaron los testículos
y se le desprendió la piel de las manos. Era impresionante mirarle
los dedos.
Él aguantó hasta donde pudo. Pero, en un momento le dijimos
que visitara un médico. Que no podía seguir empeorando.
Gravi nos hizo caso. Visitó un doctor americano que
le dio medicamentos. Sin embargo, poco después lo atendió
de nuevo y sentenció que ya no podía hacer nada más
porque, en realidad, estaba al frente de un delicado caso de depresión.
Es decir, el frío y una profunda crisis emocional derrumbaron a
Gravi.
Su caso significó otra violación a los derechos humanos.
Como se recomendó devolverlo, uno de los supervisores de la empresa
que nos contrató ordenó que no le dieran alimentos. Decía
que ya no tiene derecho a comer.
Ante eso, tuvimos que robar porciones de comida, agua y algunas mantas
y hasta nos obligaron a esconder a Gravi en nuestro pabellón
hasta que, finalmente, lo regresaron a El Salvador. Obviamente, aquello
nos bajó la moral a todos. Fue inhumano lo que hicieron con él.
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Glosario
Aprendimos a pronunciar algunas palabras en árabe, aunque
no las podíamos escribir bien y no se diga de la pronunciación,
como todo buen salvadoreño tratamos de investigar algunas
de ellas.
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ALEICOSALAM
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ALIPAPA
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ALU
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ARBAJAT
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HABEBE
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Muy bien
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Homosexual
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Aló
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Número 4
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Te amo
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FARMALA
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SADIKY
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SALAM OLEICO
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SHUCRAN
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SHUPACK
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Adiós
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Amigo
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¿Cómo
está? o ¿qué tal?
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Gracias
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Ventana
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Exclusivas de El
Diario de Hoy
Dieron a conocer la noticia en octubre pasado, sobre el reclutamiento
para guardias de seguridad en Medio Oriente.
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6
de octubre
Al menos 100 ex militares fueron contratados por una empresa de
seguridad americana para Iraq.
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7
de octubre
Cientos son los salvadoreños que desean correr tras el sueño
iraquí.
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17
de noviembre
Se suman otras empresas para contratar hacia
Medio Oriente. Buscan un alto perfil militar.
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23
de noviembre
Viaja el último grupo de salvadoreños hacia Iraq,
entre ellos seis mujeres con Triple Canopy.
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Mañana: Miedo a los vivos
y a los muertos. además, acusan a salvadoreño de ser espía
de al Qaeda

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