|
Mario
Ancalmo*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Las acertadas publicaciones aparecidas en El Diario de Hoy, en fechas
recientes, sobre la implementación en el país del Plan
Educativo 2021, que pretende para ese año haber cumplido
ambiciosos proyectos sobre la enseñanza del idioma inglés
y la computación en el país, me motivan a escribir este
artículo, dirigido a las gremiales industriales y empresariales.
Mi propósito es instar a este sector, a fin de complementar el
proyecto de gobierno antes mencionado, con otro que parta de la empresa
privada, a llevarse a cabo dentro de los próximos diez años
como meta.
Las gremiales empresariales salvadoreñas han diseñado campañas
publicitarias en el pasado, destinadas a fomentar el consumo a nivel nacional
de productos salvadoreños, y a mi entender, sin los resultados
esperados. Lo hicieron mediante eslóganes difundidos con amplitud
en los diversos medios de comunicación.
De acuerdo con la publicación de Al Ries y Laura Ries, titulada:
La caída de la publicidad y el auge de las relaciones públicas,
consideran que el consumidor ha desarrollado resistencia a creer en lo
que los mensajes publicitarios dicen. Es decir que tratar de fomentar
el consumo de productos salvadoreños por medio de campañas
publicitarias de corto plazo, por muy creativas que éstas sean,
no darán por esta vía los resultados esperados. Los Ries
recomiendan la vía de las relaciones públicas, es decir,
que sean otros los que digan lo bueno de lo que fabricamos o vendemos
y no nosotros mismos.
Mi propuesta, basada en parte en la investigación de los Ries,
consiste en desarrollar en los salvadoreños una identidad histórica
y cultural, que empiece desde los primeros años escolares y que
nos lleve a creer en nosotros, a sentirnos orgullosos de lo que somos,
de lo que fabricamos y vendemos, a creer y conocer nuestras epopeyas,
personajes, lugares, pueblos, ríos, etc. Nuestra historia con sus
batallas, luchas, personajes, etc., se debe enseñar ampliamente
y sobre cualquier otras enseñanzas de otros países, por
supuesto sin menosprecio de éstos. Se trata sólo de aprender
a valorar y, lo más importante, a querer y apreciar, hasta amar,
lo nuestro.
Por ejemplo, el Estado es el principal comprador del mercado local. Sin
embargo, no son los productos salvadoreños los que más compra
éste. ¿Por qué? Porque un encargado de compras o
un comité, siendo salvadoreño, no cree que los salvadoreños
hacemos buenos productos.
Empezar desde ahora a preparar el acondicionamiento mental de las generaciones
actuales y futuras, para conocer y valorar lo nuestro es una situación
de urgencia. A ello, por ejemplo, no contribuye la nominación actual
que se hace de calles, plazuelas, parques, redondeles, etc. En todo ello
existe un visible olvido a lo nuestro. Se debería crear una oficina,
preferiblemente en el Ministerio de Educación y con concurso de
las diferentes alcaldías del país, historiadores y otros
entendidos del tema, para ordenar y sugerir los nombres idóneos
para lo antes señalado, siempre con la intención de dar
a conocer lo nuestro, para quererlo y, sobre todo, valorarlo.
En la medida en que creamos en nuestra historia, en nuestros valores,
nuestra cultura y nuestros orígenes, nuestro futuro podrá
tomar un nuevo rumbo. Entonces sí, decir que un producto es salvadoreño,
es sentirse orgulloso de lo que hacemos, y así podremos apuntar
hacia un mayor consumo de nuestra producción, por la preferencia
de lo que es nuestro. Pero como no creemos en nosotros mismos, no creemos
tampoco, por lógica, que lo que hacemos sea bueno.
Ejemplos de cómo nuestra falta de identidad histórica cultural
nos lleva a una serie de desaciertos en nominaciones y reconocimientos,
abundan. Pero aprovechemos la coyuntura histórica del Plan de Gobierno
2021, para que como salvadoreños y empresarios iniciemos un proyecto
nacional para levantar nuestra identidad histórica.
Producto de esta falta de conciencia, de lo que somos, lo que valemos,
lo bien que trabajamos y hacemos nuestros productos, es lo que nos lleva
a no consumir lo nuestro. Así, pues, creemos primero en el consumidor
potencial, que somos todos los salvadoreños de dentro y fuera del
territorio, la receptividad o credulidad necesaria, para que las campañas
publicitarias dirigidas a preferir lo nuestro, encuentren la receptividad
necesaria, que se traduzca en consumo de productos nacionales.
Si nos sentimos orgullosos de ser salvadoreños, estaremos dispuestos
a consumir y comprar productos nuestros.
*Doctor en Química.

|