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Robar el sueño de la vida

Es una costumbre rara eso de robarle a la vida cosas que después tendrás que devolver...

Publicada 18 de abril 2005, El Diario de Hoy


Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Así el amor de ayer ya no es el mismo y nunca volverá, aunque asaltemos su aurora y su dicha fugaz. Las grises fotografías del álbum familiar o la mujer del cuadro sobre el piano tampoco detuvieron la esencia del ayer.

Entonces miro hacia adelante. Sólo me falta por arrebatar al futuro su promesa, sus flores de un día y soles sin nacer. Y aun así, después de todo, quizá volvería a ser lo mismo.
Cuando el sueño de la vida. Volverían a quedar vacías mis manos y mis ojos tampoco ya verían lo que una vez tuvieron.

Ayer secó la hierba. No sé si volverá a nacer...
Acaso nuevamente como yo, en este instante desolado, vuelva a crecer como las margaritas mi nueva inspiración.

Porque a diario aspiro la frescura del monte o de las noches claras de mi insomnio.Tal vez sólo un perfume de hierba o de mujer. Tal vez la flor fantasma que sus mieles robé.
Ayer, amor, de nuevo volvió a secar el llano. Volvió a secar la vida.

Ayer también mis manos, vacías del amor que una vez apresaron como ave fugaz que siempre vuela y se te va, cuando te duermes y abres las manos.
Cuando cierras los ojos y vuelves a perder el sueño de la vida...
(pintorbalaguer@yahoo.com)


Día a Día
Libre competencia

Manuel Ayau, el patriarca del liberalismo en Centro-América, señala que una efectiva ley de libre competencia debe tener un único artículo: “se prohíbe todo aquello que vulnere la libre competencia”. Y punto. El resto de lo que generalmente se propone no sólo es hojarasca, elucubraciones sin sentido, picardías encubiertas y barbaridades, sino que perjudican a los pueblos al perjudicar su competitividad y estorbar el progreso económico.

Recientemente nos referimos a otro monstruo en ciernes, las llamadas leyes de “protección al consumidor”. Los comunistas ya han presentado su compendio de disparates, mientras una oficina de gobierno empolla su propia y original colección de desatinos, entre los cuales destacan multas confiscatorias de millones de colones, la posibilidad de chantajear a empresas y reglas parejas para bienes y servicios que no tienen nada en común.

Para que abunde, también la UES, fábrica de desaguisados, brinda asesorías. Pareciera como si la función primordial de las empresas no fuera producir con eficiencia y satisfacer necesidades de personas y sectores, sino llenar objetivos que otros le fijan.



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