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La nota del día
Nuevas y horribles enfermedades atacan

¿Estaremos de nuevo en un mundo inerme ante las enfermedades, como sucedió durante el medioevo, lo que sobre todo amenaza el destino de los países más pobres del planeta?

Publicada 18 de abril 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

En una región de Angola, en África, se libra una lucha a muerte contra el virus llamado marburg, “pariente” del ebola, que es tan mortal que mueren nueve de cada diez infectados. Se transmite por contacto, saliva y fluidos corporales, un estornudo, un apretón de manos, tocando superficies infectadas, a través del cuido de enfermos, etc. No hay medicamento que lo cure y la única posibilidad de contenerlo es aislando a los infectados, que casi inexorablemente mueren.

El New York Times informa que el virus aparece sin aviso y también, hasta ahora, desaparece sin que se entienda la causa. Los médicos no hacen otra cosa que localizar a los enfermos y enterrarlos tan pronto mueren; la terrible virulencia del virus les obliga a cubrirse con trajes impermeables de color blanco, en los que filtros especiales permiten respirar. Un pequeño error en los procedimientos casi con seguridad se paga con la vida.

Lo grave en este cuadro es que las familias de los enfermos los esconden, pues saben que en el momento en que los trabajadores sanitarios se llevan a un enfermo, con un noventa por ciento de probabilidad este no vuelve a aparecer. Y en Angola, se nos dice, hay una cultura arraigada desde tiempos inmemoriales, de sepultar a los muertos en elaboradas ceremonias, lo que no es posible bajo el embate del marburg. Las condiciones se dan para que las zonas afectadas pierdan casi por completo su población.

Para rebasar la copa de las aflicciones, en Estados Unidos y de acuerdo con el diario alemán Der Spiegel, ha aparecido un germen resistente a todos los medicamentos conocidos, cuyas víctimas literalmente se pudren vivas.

El virus o bacteria, es una variante de los gérmenes que infestan los hospitales y que también son resistentes a los antibióticos. Pero al menos no se ha declarado una epidemia de los alcances de la angoleña ni los contagios son tan fulminantes como aquella.

Sida sin control por la política

La escalofriante pregunta es: ¿Estaremos de nuevo en un mundo inerme ante las enfermedades, como sucedió durante el medioevo, lo que sobre todo amenaza el destino de los países más pobres del planeta? Es posible que a causa de la rapidez con que en la actualidad se transmiten las noticias y el nivel tan alto de comprensión que hay en ese campo de la medicina, lo que en otras épocas no habría provocado tanta alarma, hoy en día se convierte en una preocupación generalizada. Así pasó con los últimos brotes del flu, con el ebola, el sida y las pestes aviarias. Hay otro preocupante aspecto: que la globalización de las comunicaciones, y el gran tráfico de personas y mercancías de un rincón a otro de la tierra, pone en riesgo a todos; nadie está en verdad a salvo.

Un viejo maestro nos decía que las pestes eran el mecanismo natural para controlar los excesos de población, sean estos humanos, animales o inclusive vegetales. El marburg se propaga sobre todo por los hacinamientos humanos y la suciedad de las ciudades angoleñas, como fueron los hacinamientos y la porquería lo que propició las plagas medioevales como la peste negra y la peste bubónica. El sida está sin control porque la política elimina los controles.


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