|
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En una región de Angola, en África, se libra una lucha
a muerte contra el virus llamado marburg, pariente del ebola,
que es tan mortal que mueren nueve de cada diez infectados. Se transmite
por contacto, saliva y fluidos corporales, un estornudo, un apretón
de manos, tocando superficies infectadas, a través del cuido de
enfermos, etc. No hay medicamento que lo cure y la única posibilidad
de contenerlo es aislando a los infectados, que casi inexorablemente mueren.
El New York Times informa que el virus aparece sin aviso y también,
hasta ahora, desaparece sin que se entienda la causa. Los médicos
no hacen otra cosa que localizar a los enfermos y enterrarlos tan pronto
mueren; la terrible virulencia del virus les obliga a cubrirse con trajes
impermeables de color blanco, en los que filtros especiales permiten respirar.
Un pequeño error en los procedimientos casi con seguridad se paga
con la vida.
Lo grave en este cuadro es que las familias de los enfermos los esconden,
pues saben que en el momento en que los trabajadores sanitarios se llevan
a un enfermo, con un noventa por ciento de probabilidad este no vuelve
a aparecer. Y en Angola, se nos dice, hay una cultura arraigada desde
tiempos inmemoriales, de sepultar a los muertos en elaboradas ceremonias,
lo que no es posible bajo el embate del marburg. Las condiciones se dan
para que las zonas afectadas pierdan casi por completo su población.
Para rebasar la copa de las aflicciones, en Estados Unidos y de acuerdo
con el diario alemán Der Spiegel, ha aparecido un germen resistente
a todos los medicamentos conocidos, cuyas víctimas literalmente
se pudren vivas.
El virus o bacteria, es una variante de los gérmenes que infestan
los hospitales y que también son resistentes a los antibióticos.
Pero al menos no se ha declarado una epidemia de los alcances de la angoleña
ni los contagios son tan fulminantes como aquella.
Sida sin control por la política
La escalofriante pregunta es: ¿Estaremos de nuevo en un mundo inerme
ante las enfermedades, como sucedió durante el medioevo, lo que
sobre todo amenaza el destino de los países más pobres del
planeta? Es posible que a causa de la rapidez con que en la actualidad
se transmiten las noticias y el nivel tan alto de comprensión que
hay en ese campo de la medicina, lo que en otras épocas no habría
provocado tanta alarma, hoy en día se convierte en una preocupación
generalizada. Así pasó con los últimos brotes del
flu, con el ebola, el sida y las pestes aviarias. Hay otro preocupante
aspecto: que la globalización de las comunicaciones, y el gran
tráfico de personas y mercancías de un rincón a otro
de la tierra, pone en riesgo a todos; nadie está en verdad a salvo.
Un viejo maestro nos decía que las pestes eran el mecanismo natural
para controlar los excesos de población, sean estos humanos, animales
o inclusive vegetales. El marburg se propaga sobre todo por los hacinamientos
humanos y la suciedad de las ciudades angoleñas, como fueron los
hacinamientos y la porquería lo que propició las plagas
medioevales como la peste negra y la peste bubónica. El sida está
sin control porque la política elimina los controles.

|