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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@yahoo.com
La vida del poema no es su forma, ritmo ni belleza, sino la substancia
emocional que encierra y lo hace vivir. De lo contrario sólo sería
un montón de letras frías y de imágenes bellas, pero
sin el dolor y la dicha de la expresión humana.
Vivir el poema es que el poema nos haga vivir. Vivir el poema de la vida
y hacer de la vida un poema.
Ser poetas de la vida es hacer un dulce y permanente canto a la existencia.
Si viene el anhelo, le cantamos al anhelo; si viene la dicha, a la dicha;
si llega el dolor o el desengaño, pues cantamos al dolor y al desencanto.
Le cantamos por igual a la gloria y al olvido, a lo grande y pequeño,
a lo breve y a lo eterno, a lo dulce y amargo del existir.
Vivir el poema es que el poema nos haga vivir. Es al fin cantarle por
igual a la vida y a la muerte, al día y a la noche, al sol y a
la estrella, a lo humano y lo divino. Es mirar con dulzura la belleza
de la Creación y luego expresar en la palabra y en nuestros sentimientos
esa misma belleza. Porque al fin el poema es un sueño que habita
el corazón humano.

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