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Guillermo Gallegos*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Es difícil resaltar en forma aislada aspectos sobresalientes
de Su Santidad Juan Pablo II, porque toda su obra fue extraordinaria,
pero considero que todos estamos de acuerdo en que los jóvenes
fueron para él de suma importancia. Los alentó a que fueran
valientes y a que tomaran el camino del Evangelio.
En una de sus últimas exhortaciones, durante el rezo del Ángelus,
leído por el sustituto de la secretaría de Estado, monseñor
Leonrado Sandra, el Papa pidió a los jóvenes seguir sin
cansarse en el camino tomado para ser en todas partes testimonio de la
cruz gloriosa de Cristo.
¡No tengan miedo! La alegría del Señor, crucificado
y resucitado, sea vuestra fuerza, y María Santísima esté
siempre a vuestro costado, agregó el Sumo Pontífice,
quien debe ser un ejemplo a seguir para todos, ya que fue un Papa con
extraordinarias cualidades espirituales y humanas.
Para los católicos el Papa es el vicario de Cristo en la Tierra.
Es la mayor autoridad moral en el mundo, no por designio humano, sino
por gracia de Dios. A Juan Pablo II le tocó pastorear a la Iglesia
de Jesucristo en tiempos muy difíciles, llevándola al tercer
milenio. Es el Papa misionero, el que más ha peregrinado (134 países
y 102 viajes internacionales).
Durante sus viajes, los jóvenes siempre recibieron un especial
mensaje. ¿Por qué la relación especial con la juventud?
Porque el Papa encargó la paz de hoy y la historia del mañana
a los jóvenes. Hizo especial énfasis en el perdón
y la paz, porque éstos constituyen la base de un mundo mejor.
Todos buscamos siempre la comprensión, el perdón y la misericordia,
pero nos cuesta darlas. Nos quejamos de la agresividad del entorno, de
la violencia y las guerras, pero nos cuesta ser pacificadores, fuentes
de paz. Es por ello que Su Santidad insistía en este punto a los
jóvenes, quienes tienen la gran responsabilidad de trabajar por
cambiar la historia del mundo.
Los jóvenes, con sus dones de inteligencia y corazón,
representan el futuro del mundo, pero también llevan las marcas
de una humanidad que con demasiada frecuencia no conocen la paz o la justicia,
les dijo el Papa durante la Jornada Mundial de la Juventud en Toronto,
Canadá, en julio de 2002.
En otro mensaje a los jóvenes, el Sumo Pontífice afirmó:
Queridos jóvenes, ofreced también vosotros al Señor
el oro de vuestra existencia, o sea la libertad de seguirlo por amor,
respondiendo fielmente a su llamada; elevad hacia Él el incienso
de vuestra oración ardiente, para alabanza de su gloria; ofrecedle
mirra, es decir el afecto lleno de gratitud hacia
Él, verdadero Hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor
en el Gólgota.
Antes de comenzar su agonía, el Papa escribió sus últimas
palabras: Estoy contento, estadlo vosotros también.
Y sabiendo que en la Plaza de San Pedro había millares de jóvenes
consternados rezando por su salud, dijo algunas palabras con mucho esfuerzo:
Os he buscado. Ahora habéis venido a verme. Y os doy las
gracias.
El mejor homenaje que cada joven, en cualquier parte de la Tierra, puede
hacer a Juan Pablo II, es practicar sus enseñanzas a fin de que
todos ayudemos a construir un mundo mejor.
*Diputado de ARENA.

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