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Jorge Castañeda
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En las últimas semanas, muchos observadores de la situación
militar latinoamericana han advertido lo que podría ser el comienzo
de una nueva carrera de armamentos en esa región. El Presidente
de Brasil Luis Inácio Lula da Silva fue fotografiado
subiendo al Tikuna, el primer submarino no nuclear y de construcción
nacional. Aprovechó la oportunidad para subrayar su apoyo al ejército
brasileño.
Asimismo, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha manifestado
públicamente su intención de comprar reactores de combate
Mig rusos y aviones brasileños de vigilancia que vuelan a baja
altura, y aumentar sus gastos militares.
Tal vez lo haga por los recientes problemas con Colombia. Incluso Chile,
después de sopesar durante mucho tiempo sus opciones, sigue reflexionando
sobre si adquirir una docena de reactores de combate de fabricación
estadounidense u optar por otros de fabricación sueco-brasileña.
¿Está en marcha una nueva carrera de armamentos en América
Latina? En caso afirmativo, ¿existe alguna forma concebible cómo
podría contribuir a abordar los problemas sociales y económicos
de ese hemisferio?
En América Latina han existido guerras regionales y conflictos
fronterizos desde tiempos inmemoriales. En el Siglo XIX, hubo la guerra
del Chaco y la conflagración chileno-boliviana; en el decenio de
1960, la guerra entre Honduras y El Salvador; a comienzos del decenio
de 1980, el choque entre Ecuador y Perú, y las disputas fronterizas
antárticas entre Chile y la Argentina, que se zanjaron por fin
en el decenio de 1990. Pero la razón principal para el importante
gasto en armamento en América Latina ha sido principalmente interna.
Ora los militares gobernaban en diversos países y se lanzaban a
aumentar el equipo y las tropas ora gobiernos civiles débiles,
aterrados ante los golpes o el chantaje militares, aplacaban a sus fuerzas
armadas con toda clase de innecesarias gollerías marciales. Conforme
a los niveles internacionales, el gasto en armamento en América
Latina representa una proporción relativamente baja del PIB, pero
no por ello deja de ser excesiva para las necesidades de esa región.
En la actualidad la situación es más compleja. En Venezuela,
es evidente que a Chávez le interesa mucho tener contentos a su
antiguos compañeros de armas, pero los enconados conflictos con
sus vecinos colombianos son también un factor, en particular en
vista de las constantes acusaciones y sospechas de que Chávez alienta
y apoya a las guerrillas de las FARC en Colombia. Los altos precios del
petróleo permiten a Venezuela lanzarse a esa orgía de gasto
militar y parece que nadie puede hacer gran cosa para impedirlo.
En Brasil, la situación es algo diferente. Lula ha podido conciliar
claramente sus raíces socialistas con el tradicional nacionalismo
brasileño, que siempre ha sido prominente en las fuerzas armadas
de ese país. O Brasil, país grande (El
Brasil, país grande) es un lema universal en el gigante de
Sudamérica, país que tiene fronteras con nueve vecinos y
teme que sus distantes fronteras de la jungla no resulten fáciles
de proteger.
Sentimientos semejantes resultan evidentes en otros puntos de esa región,
pero la cuestión que se plantea en toda América Latina es
la de si no sería una idea mejor la de aplicar el plan del antiguo
y quizá futuro Presidente de Costa Rica Óscar
Arias de desarme para convertir el gasto en espadas en inversiones
en arados.
Arias, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1987, tiene una
razón poderosa para fomentar esa idea: su país no tiene
un ejército permanente. Aun así, se trata de una iniciativa
audaz que se debe resucitar en vista de la incipiente carrera de armamentos
en América Latina.
De hecho, podría ser la piedra angular de un nuevo programa para
el próximo secretario general de la Organización de Estados
Americanos, que será elegido en las próximas semanas.
Evidentemente, yo apuesto por el candidato mexicano, el ministro de Relaciones
Exteriores, Luis Ernesto Derbez, pero quienquiera que salga elegido necesitará
nuevas ideas e iniciativas para revitalizar una institución aletargada.
La de detener la incipiente carrera de armamentos en América Latina
es la mejor idea posible para ello.
Copyright: Project Syndicate.
Ex ministro de Relaciones Exteriores de México y actual candidato
a la Presidencia de México.

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