|

Alejandro Alle
El Diario de Hoy
alejandro_alle@yahoo.com
Comienzo este artículo con un agradecimiento muy especial a El
Diario de Hoy, y a su Consejo Editorial, quienes pocos meses después
de haberme invitado a escribir una columna quincenal, me honran de nuevo,
ahora, al ofrecerme hacerlo en forma semanal.
El agradecimiento es naturalmente extensivo a usted, que me está
leyendo. Porque los diarios, al igual que las mentes, son como los paracaídas:
sólo funcionan cuando están abiertos.
Supongo que si usted lee una columna que se llama Economía
para todos, no lo hace sólo para ver a qué conjunto
de rock & pop voy a citar al final (¿o sí?...), sino
que probablemente sea también lector habitual de la sección
Negocios.
Bueno, yo realmente leo primero las páginas de fútbol, costumbre
¿patológica? (pero excelente), que quizás se explique
porque soy argentino. Además, esas páginas ahora son especialmente
dulces para mí: el FAS gana, River anda bien, y Argentina va primera
en las eliminatorias (con Crespo inspirado), mientras Brasil viene sufriendo
cuatro puntos atrás (con ¿el fenómeno? Ronaldo hecho
un desastre. Ja, ja, ja). Pero después, sí, voy a la sección
Negocios.
Como el objetivo de la columna es ayudar a que el lector no especializado
pueda analizar la información económica con espíritu
crítico, veamos un caso interesante: Durante el mes de marzo aparecieron
varias notas en la sección Negocios, acerca de un convenio
para la comercialización de arroz, que es un acuerdo privado
entre productores y beneficiadores (también llamados industriales).
En lo personal, el único interés que tengo con el arroz
es comprarlo lo más barato posible cuando voy al supermercado (usted
también, ¿no?)
Al leer las noticias, se notaba que algunos industriales se quejaban amargamente,
porque se los excluía del convenio, y además,
denunciaban irregularidades en su funcionamiento. ¿Qué
querían?, formar parte del club de industriales que pueden importar
arroz sin pagar aranceles. ¿Cómo?
La producción salvadoreña de arroz viene disminuyendo desde
hace varios años y, por lo tanto, los industriales acordaron pagarles
a los productores un precio sostén (es decir, artificialmente
alto), a fin de supuestamente favorecer la producción nacional.
Ese precio sostén, de 11.43 dólares por quintal (100 libras),
es superior al del arroz importado, y obviamente encarece el precio que
usted paga en el supermercado.
¿Y por qué nadie importa arroz, siendo que el precio internacional
es más barato? Porque hay un arancel del 40% a esas importaciones,
y recién se puede importar arroz libre de arancel cuando ya se
haya consumido toda la producción local. Claro, los del sector
agropecuario dicen que sin arancel, El Salvador se inundaría
de arroz (pregunta: ¿por qué alguien traería
más arroz del necesario?, ¿para gastar en flete?...).
El volumen que hay que importar anualmente para satisfacer el consumo
local, se puede determinar con bastante precisión, y se denomina
contingente de desabastecimiento. Pero, ¿sabe qué?,
si usted quiere importar parte de dicho contingente, que entra
libre de arancel, tiene que haber sido parte del convenio para la
comercialización de arroz, o sea, tiene que pertenecer al
club. Como diría la publicidad de American Express, pertenecer
tiene sus privilegios.
El argumento de que hay que proteger la producción local
para mantener el empleo ya no es válido, porque actualmente
se está produciendo tres veces menos arroz que hace 10 años.
En efecto, pese al precio sostén, la producción local apenas
cubre el 30% del consumo, y muchos de esos empleos ya no se pueden proteger,
porque hace rato que no existen.
El problema con estos convenios es que si bien nacen con buenas intenciones,
terminan empobreciendo a la gente, ya que los consumidores vivirán
mejor cuanto menos tengan que pagar por sus compras. Y es importante que
el arroz sea barato, no tanto por los pocos que lo comen a la paella con
azafrán español, sino por los muchos que lo comen con frijolitos.
Por lo tanto, cuando usted escuche que algunos tienen amargas quejas
por no pertenecer, sospeche. ¿Están tratando de servirle
a usted, o de entrar al club?
¿La solución?, es muy fácil, y El Salvador ya la
ha aplicado con gran éxito en sectores mucho más críticos:
permitir la libre importación, lo cual aumenta la competencia,
en beneficio del consumidor. Los aspectos sanitarios no pueden ser excusa,
ni tienen por qué afectarse: en este país se aplican a diario,
y perfectamente bien, estrictos controles técnicos en productos
de libre importación.
Los campeones surgen de la competencia (¿con antidoping?, ¡claro!):
River se esmera, porque existe Boca; Barcelona, porque existe Real Madrid,
y Argentina, porque existe Brasil. Si hubiera convenios, jugaría
cualquiera, y los partidos serían malísimos.
Cuando a veces me suena creíble alguna explicación sobre
el funcionamiento de estos convenios, apelo a lo siguiente: 1) pienso
cómo sería con competencia, 2) sospecho que me la están
complicando, y 3) me digo a mí mismo: kiss. No por
los que cantaban con la cara pintada: I was made for
,
sino porque kiss es una expresión que usan los gringos
en los negocios, y que traducida (y suavizada), significa: ¡no
la compliqués!.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos
Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

|