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Economía para todos
¿Convenios? (aprendamos del fútbol)

El problema con estos convenios es que si bien nacen con buenas intenciones, terminan empobreciendo a la gente, ya que los consumidores vivirán mejor cuanto menos tengan que pagar por sus compras.

Publicada 5 de abril 2005, El Diario de Hoy


Alejandro Alle
El Diario de Hoy

alejandro_alle@yahoo.com

Comienzo este artículo con un agradecimiento muy especial a El Diario de Hoy, y a su Consejo Editorial, quienes pocos meses después de haberme invitado a escribir una columna quincenal, me honran de nuevo, ahora, al ofrecerme hacerlo en forma semanal.

El agradecimiento es naturalmente extensivo a usted, que me está leyendo. Porque los diarios, al igual que las mentes, son como los paracaídas: sólo funcionan cuando están abiertos.

Supongo que si usted lee una columna que se llama “Economía para todos”, no lo hace sólo para ver a qué conjunto de rock & pop voy a citar al final (¿o sí?...), sino que probablemente sea también lector habitual de la sección Negocios.

Bueno, yo realmente leo primero las páginas de fútbol, costumbre ¿patológica? (pero excelente), que quizás se explique porque soy argentino. Además, esas páginas ahora son especialmente dulces para mí: el FAS gana, River anda bien, y Argentina va primera en las eliminatorias (con Crespo inspirado), mientras Brasil viene sufriendo cuatro puntos atrás (con ¿el fenómeno? Ronaldo hecho un desastre. Ja, ja, ja). Pero después, sí, voy a la sección Negocios.

Como el objetivo de la columna es ayudar a que el lector no especializado pueda analizar la información económica con espíritu crítico, veamos un caso interesante: Durante el mes de marzo aparecieron varias notas en la sección Negocios, acerca de un “convenio para la comercialización de arroz”, que es un acuerdo privado entre productores y beneficiadores (también llamados industriales). En lo personal, el único interés que tengo con el arroz es comprarlo lo más barato posible cuando voy al supermercado (usted también, ¿no?)

Al leer las noticias, se notaba que algunos industriales se quejaban amargamente, porque “se los excluía del convenio”, y además, “denunciaban irregularidades en su funcionamiento”. ¿Qué querían?, formar parte del club de industriales que pueden importar arroz sin pagar aranceles. ¿Cómo?

La producción salvadoreña de arroz viene disminuyendo desde hace varios años y, por lo tanto, los industriales acordaron pagarles a los productores un “precio sostén” (es decir, artificialmente alto), a fin de supuestamente favorecer la producción nacional. Ese precio sostén, de 11.43 dólares por quintal (100 libras), es superior al del arroz importado, y obviamente encarece el precio que usted paga en el supermercado.

¿Y por qué nadie importa arroz, siendo que el precio internacional es más barato? Porque hay un arancel del 40% a esas importaciones, y recién se puede importar arroz libre de arancel cuando ya se haya consumido toda la producción local. Claro, los del sector agropecuario dicen que “sin arancel, El Salvador se inundaría de arroz” (pregunta: ¿por qué alguien traería más arroz del necesario?, ¿para gastar en flete?...).

El volumen que hay que importar anualmente para satisfacer el consumo local, se puede determinar con bastante precisión, y se denomina “contingente de desabastecimiento”. Pero, ¿sabe qué?, si usted quiere importar parte de dicho “contingente”, que entra libre de arancel, tiene que haber sido parte del “convenio para la comercialización de arroz”, o sea, tiene que pertenecer al club. Como diría la publicidad de American Express, “pertenecer tiene sus privilegios”.

El argumento de que “hay que proteger la producción local para mantener el empleo” ya no es válido, porque actualmente se está produciendo tres veces menos arroz que hace 10 años. En efecto, pese al precio sostén, la producción local apenas cubre el 30% del consumo, y muchos de esos empleos ya no se pueden “proteger”, porque hace rato que no existen.

El problema con estos convenios es que si bien nacen con buenas intenciones, terminan empobreciendo a la gente, ya que los consumidores vivirán mejor cuanto menos tengan que pagar por sus compras. Y es importante que el arroz sea barato, no tanto por los pocos que lo comen a la paella con azafrán español, sino por los muchos que lo comen con frijolitos.

Por lo tanto, cuando usted escuche que algunos tienen “amargas quejas por no pertenecer”, sospeche. ¿Están tratando de servirle a usted, o de entrar al club?

¿La solución?, es muy fácil, y El Salvador ya la ha aplicado con gran éxito en sectores mucho más críticos: permitir la libre importación, lo cual aumenta la competencia, en beneficio del consumidor. Los aspectos sanitarios no pueden ser excusa, ni tienen por qué afectarse: en este país se aplican a diario, y perfectamente bien, estrictos controles técnicos en productos de libre importación.

Los campeones surgen de la competencia (¿con antidoping?, ¡claro!): River se esmera, porque existe Boca; Barcelona, porque existe Real Madrid, y Argentina, porque existe Brasil. Si hubiera “convenios”, jugaría cualquiera, y los partidos serían malísimos.

Cuando a veces me suena creíble alguna explicación sobre el funcionamiento de estos convenios, apelo a lo siguiente: 1) pienso cómo sería con competencia, 2) sospecho que me la están complicando, y 3) me digo a mí mismo: “kiss”. No por los que cantaban con la cara pintada: “I was made for…”, sino porque “kiss” es una expresión que usan los gringos en los negocios, y que traducida (y suavizada), significa: “¡no la compliqués!”.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.


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