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La nota del día
Con las alcaldías en total bancarrota

Los concejales, algunos de los cuales han terminado confesando su comunismo desde la cuna, son incapaces de administrar con la mínima eficiencia, recursos y bienes ajenos, propiedad de la colectividad

Publicada 5 de abril 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Con estrafalario humor los comunistas salvadoreños trafican con la idea de que todo está peor, que la gente es cada vez más pobre, que el “neoliberalismo” ha fracasado. De lo que nunca hablan es que las municipalidades que controlan están en bancarrota, con enormes deudas acumuladas, con sus bienes hipotecados e incapaces de llevar a cabo ninguna “obra de progreso”. El dinero se lo gastan haciendo proselitismo político, en sueldos para sus camaradas y en las campañas electorales.

Las alcaldías rojas se han metido en varios lucrativos negocios, como el de la basura (desplumando a los pobres vecinos del Gran San Salvador), los “muppies” que iluminan con la luz que pagan los contribuyentes e incrementando los cargos por servicios. Pero pese a esas entradas, de las que no dan cuenta a nadie, siguen en bancarrota y se han gastado el dinero que les corresponde y el de futuras generaciones edilicias. ¿Cuál es la explicación de semejante desastre?

Hay un par de razones obvias. La primera, que los concejales, algunos de los cuales han terminado confesando su comunismo desde la cuna, son incapaces de administrar con la mínima eficiencia, recursos y bienes ajenos, propiedad de la colectividad. Hacen fiesta con lo que no es suyo, y la hacen porque en sus confundidas cabezas, los bienes son del pueblo, no de quienes los producen. Ellos además se consideran ser la encarnación de ese pueblo.

No son administradores por dos motivos: el primero, porque nunca han pagado planillas y nunca tuvieron trabajos de alguna responsabilidad. Su vida ha sido saltar de un presupuesto a otro, vivir de dineros que llegan del exterior, o de los financiamientos que consiguen, sean rescates o donativos de obispos holandeses. Ahora medran a la sombra de las arcas municipales.

Caminando con grilletes puestos


No son administradores porque sólo en rarísimos casos estudiaron para serlo. No estudiaron porque no creen en los negocios, en la producción, en el intercambio ni en las economías que existen más allá del gobierno, del sector público. Su visión del mundo es un reparto de alimentos, ropa y bienes que son resultado de una especie de generación espontánea. Los “bienes de producción”, los que imaginan son siempre fábricas de cemento y hierro, están allí para que individuos como ellos los aprovechen y repartan lo que manufacturan, cumpliendo con la regla marxista: a cada quien según sus necesidades.

Creen además que las personas que venden, compran, intercambian, mercadean, fabrican, etc., son parásitos a los que se debe reeducar para que no continúen explotando al pueblo.

¿Para qué ocuparse de administrar, ahorrar, cuidar los bienes municipales, si la revolución está a la vuelta de la esquina y las cosas van a cambiar de raíz? ¿Por qué van a someterse a controles de la Corte de Cuentas, de licitaciones, de auditorías, si todo eso no es más que una manifestación de un mundo burgués sin mística e incapaz de entender las motivaciones altruistas y profundas de los iluminados por la luz del socialismo? Hay que continuar gastando y despilfarrando, porque de cualquier manera “el pueblo” va a respaldar a sus avanzadas intelectuales y políticas, los comunistas. Nada de ridículas prácticas de buena administración.

El Salvador avanza arrastrando el peso enorme de la tontería roja.


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