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| Juan Alexander Campos. Foto
EDH |
William
Alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Llegó puntual al entreno, pero con la mala noticia de que tendrá
que estar tres días sin poder trabajar. Álex Campos terminó
con el abductor derecho inflamado después de marcar los dos goles
frente al Once Municipal. El goleador migueleño comienza a resurgir
y todavía sueña con ser el máximo artillero del Clausura.
¿Ya más tranquilo después del doblete del sábado?
Sí. Antes que nada quiero agradecerle a Dios, que me ha ayudado
para poder salir de esta mala racha y poder volver a celebrar con toda
esa afición que se lo merece. Estoy contento porque ya regresamos
al camino que nos hará llegar al objetivo que todos queremos.
¿Cómo te sentiste esos días de sequía de goles?
Por ahí todas las críticas llegan a afectar, pero hay que
estar preparado para aceptarlas. Uno tiene que ser fuerte para poder soportar
los malos momentos. Al principio me costó mucho porque no estaba
preparado para ello. Con el tiempo fui cayendo en razón y entendiendo
que son cosas que a uno como futbolista y como delantero le pasan. Ahora
estoy contento por haber logrado anotar y ayudarle al equipo. Es bueno
volver a celebrar, porque ya se me estaba olvidando.
¿En algún momento sentiste que tocaste el fondo?
Sí. Son momentos muy tristes. Sólo uno sabe cómo
se siente, lo que le pasa. Por ahí mí familia fue importante,
ya que ellos me dieron todo su apoyo. Quizá si mi familia no hubiese
estado por ahí, las cosas pudieron haber salido mal. Me preocupé
demasiado. Pensaba y pensaba, tratando de encontrar una solución
y no la encontraba. Trabajaba fuerte y a las horas del partido las oportunidades
estaban y no podía concretar. Todavía no sé qué
pasaba.
¿Lloraste?
Sí. Me decía que era la voluntad de Dios. Me puse en las
manos de Él. Si Él quería que las cosas fueran así,
que así fueran. Oraba en la iglesia y ahora continúo orando
para que las cosas vayan mejor. Ya siento un poco más de tranquilidad
porque las cosas ya se están dando.
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Creo que le estaba pagando a Dios la separación
de mi señora y de mi hijo. Eso me afectó demasiado.
Uno a veces se aleja del Señor y le toca que pagar
A veces las mismas ansias de querer anotar
me hacían precipitarme. Cuando tenía la oportunidad,
me aceleraba y no concretaba a la hora de definir
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¿Perdiste la fe?
Nunca. Nunca. La fe sería lo último que perdería.
Siempre tuve confianza de que Dios me estaba apoyando en el trabajo. También
me ayudaron el cuerpo técnico y mis compañeros.
¿Recordabas los buenos tiempos? ¿Los títulos de goleo?
Muchas veces llegué a la casa para encontrar un poco de paz. Un
amigo me regaló un álbum con recortes de los periódicos
en los que yo aparecía. A veces veía las notas y me preguntaba:
¿por qué no podía hacer las cosas bien? ¿Por
qué ahora no? Bueno, el único consuelo que tenía
es que Dios por algo hace las cosas. Creo que Dios castiga hasta donde
uno se merece. Y Él va dando de a poco, hasta donde uno se merece.
¿Te sentías castigado por Dios?
Sí.
¿Por qué?
Creo que le estaba pagando a Dios la separación de mi señora
y de mi hijo. Eso me afectó demasiado. Uno a veces se aleja del
Señor y le toca que pagar esas cosas.
¿Ahora estás más cerca de tu familia?
Sí. Ahora el tiempo que puedo lo ocupo para estar con ellos. Trato
de desahogar todos los problemas.
¿Has vuelto con ellos?
No. Las cosas no se han podido solucionar. Seguimos igual, pero siempre
trato de darle el apoyo que puedo a mi hijo. Estar más cerca de
él y ser un buen padre.
¿Fue doloroso para vos?
Es difícil. A veces uno tiene que resignarse a muchas cosas...
ya las estamos superando poco a poco.
¿No sentías como que se te achicaba el arco?
Quizás a veces las mismas ansias de querer anotar me hacían
precipitarme. Yo quería salir de la situación en que estaba
y que me estaba comiendo bastante. Por ahí, cuando tenía
la oportunidad me aceleraba y no concretaba a la hora de definir.
Lo que ocurrió contra el San Salvador, que te resbalaste frente
al marco...
No puedo creer cómo fue que me caí. Por ahí los enanitos
me jalaron las piernas y por eso me resbalé.
¿Qué querías hacer cuando escuchaste los abucheos
de los aficionados?
Me quería enterrar...
¿Antes de cada partido te imaginabas celebrando?
Siempre. Por ahí esas ansias me estaban comiendo. Te repito, ya
se me estaba olvidando cómo celebrar.
¿Qué sentiste cuando llegó el primer gol contra Once
Municipal, en Ahuachapán?
Una felicidad indescriptible. Estaba muy emocionado. Ya contra Balboa
volví a sentir la confianza de antes. Por ahí eso me dio
la tranquilidad para trabajar bien en la semana y volverle a marcar al
Once Municipal.
Por ahí le comentaste a Víctor Coreas que por el gol (segundo)
que marcaste de derecha te habías dañado el abductor derecho
y por ello la incapacidad.
¿Es eso cierto?
No. Eso fue una broma. Me dolió un poco, pero es más por
cansancio. Me siento un poco cansado. Fue una broma, yo la pierna derecha
la uso más para cambiar de ritmo. Gracias a Dios que me salió
el gol.
Te tuviste mucha confianza...
Vi al portero salido y no dudé en disparar. Salió un gol
perfecto.
¿Pudiste dormir después del doblete del sábado?
No. Siempre me cuesta dormir. Pero ya tuve más tranquilidad. Me
siento mejor. Ahora ya puedo salir, ir a los lugares donde me gusta ir.
La gente te mira diferente. Eso me da tranquilidad.
¿Oíste en algún momento que eras el heredero de Raúl
Díaz Arce? ¿Eso te afecto?
Para uno es agradable que lo comparen con jugadores de la talla de él.
Por ahí uno trata de seguir los pasos de él. No me afectó,
lo mío ha sido solamente una mala racha.
¿Has prometido algo si llegas a ser campeón goleador?
Esta vez no. Pero sí voy a la iglesia. Quiero estar en comunicación
con Dios.
¿Pensaste en dejar el fútbol?
No, pero me afectó la frase que escribió Carlos Cavagnaro
en el albergue de la Fesfut. Un delantero que no hace goles, no
es delantero, esa frase me hizo reflexionar algunas cosas. Es una
realidad. Un delantero que no hace goles es lógico que no es delantero
y tiene que trabajar para demostrarlo.
¿Qué pensás de que Alejandro Bentos es ahora el líder
de goleo?
Está bien, pero ahí esta cerquita a tres goles, nada más.

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