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Teresa
Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Una visión distinta y congruente del rol del hombre y la mujer
en el ámbito familiar y profesional presentaron las doctoras María
Nuria Chinchilla y Ángela Aparisi en el Seminario Mujer y Liderazgo,
organizado por la Cámara de Comercio e Industria. Un feminismo
sano y representativo de la legítima ambición de la mujer
de desempeñarse en la familia y en la empresa y de su derecho de
esperar que el hombre cumpla de igual manera la función que le
corresponde en el hogar y con la familia.
Se ha superado el feminismo a ultranza en que las mujeres luchaban por
parecerse al varón, exigiendo igual tratamiento, llegando al ridículo
de ofenderse porque les cedían el paso, las trataban con cortesía
y les pagaban el cine o la cena. Éstas fueron lógicas reacciones
de rechazo a los planteamientos de los filósofos ilustrados que
limitaban la función femenina a complacer al hombre, por considerarla
inferior, carente de racionalidad y de capacidad para los conocimientos
científicos.
Hoy se considera que las mujeres, cuya aspiración es ser iguales
a los hombres, carecen totalmente de ambición. De la misma manera
que aquellas que los miran como seres antagónicos, siempre enfrentados
en posiciones irreconciliables, ante la actitud machista de que el hombre
pertenece a un mundo laboral construido a su medida, mientras relega a
la mujer al ámbito de los hijos y del hogar, que pasará
a ser como un campo de concentración y el peor lugar para realizarse.
Debe quedar atrás la época de las empresas capaces de destruir
la ecología humana, al contratar ejecutivos que exprimen por medio
del trabajo, al que deben entregar su vida y su tiempo, destrozando su
salud y su familia, al ser víctimas del estrés y depender
totalmente de ansiolíticos y antidepresivos.
Esto se convierte en un serio impedimento para llevar adelante un proyecto
familiar, obligando a hombres y mujeres a renunciar a un aspecto tan fundamental
de su vida como la formación de los hijos, que constituirán
las empresas del futuro y una sociedad sana y sin complejos, porque aunque
la enseñanza se da en la escuela, la educación y formación
convierten a la familia en un excelente centro de competencias y de hábitos
operativos.
La verdadera revolución del Siglo XXI es la afirmación de
que hombre y mujer son complementarios, ya que, como pareja, constituyen
la humanidad, pues ellos solos pueden volver a comenzarla, lo que no ocurriría
con un par del mismo sexo. Son seres iguales en dignidad, necesarios e
indispensables juntos, tanto en el hogar como en la empresa. De acuerdo
con estadísticas actuales, a nivel mundial sólo el 4% de
los puestos gerenciales están ocupados por mujeres, aunque sobre
ellas recae el 50% del peso de las decisiones, de las cuales depende el
80% de la productividad y de la eficiencia. El hombre genera alternativas;
la mujer las evalúa.
Hoy se habla de Empresas Familiarmente Responsables, con visión
de futuro dispuestas a pagar por ocho horas de trabajo, exigiendo únicamente
cinco horas presenciales, lo que con la tecnología permitirá
a la mujer madre trabajar en su casa, con licencias de maternidad más
largas, alentando las salidas puntuales y desmotivando la permanencia
nocturna en la empresa, señal evidente de incorrecta distribución
del tiempo laboral. En que la madurez que los hombres adquieren al dedicarse
también a su hogar y a sus hijos, se considera un elemento valioso
para un líder empresarial con perspectiva de futuro, que causará
un impacto positivo en los demás.
Y es que hombre y mujer se realizan mediante su relación con otros,
en el ámbito del servicio, aportando cada uno las capacidades que
le son propias. Los valores masculinos de agresividad, individualismo
y afán de sobresalir, su búsqueda de poder entendido como
autosatisfacción personal, urgen del aporte femenino de velar por
los demás, con fortaleza y preocupación constante por el
futuro de sus hijos y del mundo que van a heredar, y que para ella son
prioritarios al protagonismo y lucimiento personal, entregando razón
y corazón a la empresa hasta lograr el balance ideal de construir
familias con padre y un mundo empresarial con madre, al asumir
cada uno orgullosamente su propia identidad.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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