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Hombres y mujeres
Ni iguales ni diferentes: complementarios

Se ha superado el feminismo a ultranza en que las mujeres luchaban por parecerse al varón, exigiendo igual tratamiento, llegando al ridículo de ofenderse porque les cedían el paso.

Publicada 3 de abril 2005, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Una visión distinta y congruente del rol del hombre y la mujer en el ámbito familiar y profesional presentaron las doctoras María Nuria Chinchilla y Ángela Aparisi en el Seminario Mujer y Liderazgo, organizado por la Cámara de Comercio e Industria. Un feminismo sano y representativo de la legítima ambición de la mujer de desempeñarse en la familia y en la empresa y de su derecho de esperar que el hombre cumpla de igual manera la función que le corresponde en el hogar y con la familia.

Se ha superado el feminismo a ultranza en que las mujeres luchaban por parecerse al varón, exigiendo igual tratamiento, llegando al ridículo de ofenderse porque les cedían el paso, las trataban con cortesía y les pagaban el cine o la cena. Éstas fueron lógicas reacciones de rechazo a los planteamientos de los filósofos ilustrados que limitaban la función femenina a complacer al hombre, por considerarla inferior, carente de racionalidad y de capacidad para los conocimientos científicos.

Hoy se considera que las mujeres, cuya aspiración es ser iguales a los hombres, carecen totalmente de ambición. De la misma manera que aquellas que los miran como seres antagónicos, siempre enfrentados en posiciones irreconciliables, ante la actitud machista de que el hombre pertenece a un mundo laboral construido a su medida, mientras relega a la mujer al ámbito de los hijos y del hogar, que pasará a ser como un campo de concentración y el peor lugar para realizarse.

Debe quedar atrás la época de las empresas capaces de destruir la ecología humana, al contratar ejecutivos que exprimen por medio del trabajo, al que deben entregar su vida y su tiempo, destrozando su salud y su familia, al ser víctimas del estrés y depender totalmente de ansiolíticos y antidepresivos.

Esto se convierte en un serio impedimento para llevar adelante un proyecto familiar, obligando a hombres y mujeres a renunciar a un aspecto tan fundamental de su vida como la formación de los hijos, que constituirán las empresas del futuro y una sociedad sana y sin complejos, porque aunque la enseñanza se da en la escuela, la educación y formación convierten a la familia en un excelente centro de competencias y de hábitos operativos.

La verdadera revolución del Siglo XXI es la afirmación de que hombre y mujer son complementarios, ya que, como pareja, constituyen la humanidad, pues ellos solos pueden volver a comenzarla, lo que no ocurriría con un par del mismo sexo. Son seres iguales en dignidad, necesarios e indispensables juntos, tanto en el hogar como en la empresa. De acuerdo con estadísticas actuales, a nivel mundial sólo el 4% de los puestos gerenciales están ocupados por mujeres, aunque sobre ellas recae el 50% del peso de las decisiones, de las cuales depende el 80% de la productividad y de la eficiencia. El hombre genera alternativas; la mujer las evalúa.

Hoy se habla de Empresas Familiarmente Responsables, con visión de futuro dispuestas a pagar por ocho horas de trabajo, exigiendo únicamente cinco horas presenciales, lo que con la tecnología permitirá a la mujer madre trabajar en su casa, con licencias de maternidad más largas, alentando las salidas puntuales y desmotivando la permanencia nocturna en la empresa, señal evidente de incorrecta distribución del tiempo laboral. En que la madurez que los hombres adquieren al dedicarse también a su hogar y a sus hijos, se considera un elemento valioso para un líder empresarial con perspectiva de futuro, que causará un impacto positivo en los demás.

Y es que hombre y mujer se realizan mediante su relación con otros, en el ámbito del servicio, aportando cada uno las capacidades que le son propias. Los valores masculinos de agresividad, individualismo y afán de sobresalir, su búsqueda de poder entendido como autosatisfacción personal, urgen del aporte femenino de velar por los demás, con fortaleza y preocupación constante por el futuro de sus hijos y del mundo que van a heredar, y que para ella son prioritarios al protagonismo y lucimiento personal, entregando razón y corazón a la empresa hasta lograr el balance ideal de construir “familias con padre y un mundo empresarial con madre”, al asumir cada uno orgullosamente su propia identidad.

*Columnista de El Diario de Hoy.


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