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El Salvador en perspectiva
La cultura de la violencia

Los delitos contra la propiedad son fáciles de interpretar, mientras que los delitos contra la vida y la integridad personal muchas veces parecen cosa de locos y caprichosos.

Publicada 3 de abril 2005, El Diario de Hoy

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El resultado de la violencia cae dentro de los delitos y se interpreta según el Código Penal. El delito puede ser declarado como grave, mereciendo la máxima pena, o leve, con penas risibles, aprovechando las muchas atenuantes que contiene la ley. Pero no vamos a entrar en polémica sobre la materia legal, porque lo que nos interesa es el aspecto psicológico y social que la violencia juega entre nosotros.

La enorme cantidad de muertos, lesionados y dañados durante las vacaciones de Semana Santa recién pasadas es evidencia de que la cultura de la violencia que el país siempre ha sufrido ha llegado a proporciones de crisis. Lo que deseamos recalcar es que la proliferación de las maras y la degeneración de nuestra sociedad, en gran parte, está fundamentada en nuestra cultura de la violencia.

Los delitos contra la propiedad son fáciles de interpretar, mientras que los delitos contra la vida y la integridad personal muchas veces parecen cosa de locos y caprichosos. Entre ellos se encuentran los asaltos o ataques, lesiones y, desde luego, el homicidio y asesinato.

No todos estos están contenidos en el Código Penal Salvadoreño, pero sí están incluidos en los estudios de la psicología anormal (irregular), que es el tema de nuestro artículo.

Lo que para una cultura es completamente normal, para otra es monstruoso. Los salvadoreños aceptan vivir en un medio donde los problemas y las diferencias se resuelven con la violencia.

Se ha comprobado en la práctica lo que los psicólogos habían concluído e incluido en los textos sobre la conducta irregular.

La sociedad salvadoreña ha permitido el desarrollo de una cultura de la violencia sin intentar controlar las causas principales de la extrema violencia, que llega a su máximo grado durante las fiestas y fines de semana, que son el abuso del alcohol y la proliferación de armas letales, pistolas, cuchillos y machetes.

Aunque lo más corriente es una discusión o diferencia en una pequeña reunión de amigos, en casa o en un lugar público, pero cualquier actividad que reúna a un grupo de personas, como un baile o una fiesta patronal, es un lugar apto para escenas de agresión y violencia.

El uso de la violencia se ha incorporado al patrón cultural de los salvadoreños, según sociólogos reconocidos. En España, Francia, Grecia o Italia, por ejemplo, se llegan a las discusiones acaloradas, incluso a los gritos, pero a ninguno se le ocurre darse de puñetazos o acudir a la agresión física.

Dice el director del Instituto de Opinión Pública de la UCA, en un artículo que publicó en este periódico: “Hasta por una mala mirada se comete un homicidio”. La cultura de una sociedad se desarrolla a través de los siglos; si se ignoran sus fallas, nunca se corregirán.

Los 3,785 accidentes de tránsito que han causado 211 muertos hasta la fecha este año se deben en su mayor parte a la cultura de la violencia. Esto tal vez no lo acepta la mayor parte de la gente, porque no ve la relación entre los accidentes de tránsito y la cultura de la violencia. Pero cuando analicen qué motiva al motorista de una rastra sobrecargada de caña a virar sin precaución y causar un accidente en el que resultan varios muertos, obviamente hallarán que se debe al orgullo y arrogancia del conductor.

También lo es la insistencia de manejar en estado de ebriedad, que es la causa de la mayor parte de los accidentes de tránsito los fines de semana y durante las fiestas.

Estamos rodeados de ejemplos de la cultura de la violencia, lo vemos en muchas de nuestras relaciones humanas, como cuando la dueña de un negocio sufre un ataque al corazón por el disgusto que le causa un empleado malcriado, que por la cultura de la violencia no la respeta e insulta.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.


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