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Juan Pablo II
Testigo y protagonista de un siglo convulso

Con Karol Wojtila desaparece un gigante de la época contemporánea, pero ha dejado una huella tan profunda en la Iglesia y en el mundo que su filosofía y su espíritu seguirán presentes entre nosotros por muchos años.

Publicada 3 de abril 2005, El Diario de Hoy

Jorge Hevia Sierra*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Será muy difícil decir algo original y novedoso sobre la vida y la obra de esta extraordinaria figura del mundo de nuestros días que ha sido Karol Wojtila, el Papa Juan Pablo II, recientemente fallecido.

Pero no quiero dejar de dar mi testimonio humilde y personal sobre una de las personalidades más fascinantes de nuestra época, a quien tuve el privilegio de conocer y de ver en persona, en especial durante mis tres años en Roma de 1993 a 1996, cuando era Consejero de la Embajada de España ante la Santa Sede.

 La vida de Juan Pablo II es el mejor resumen de lo que ha sido la trágica historia del Siglo XX. Nacido en Wadovice en 1920, conoce las dificultades del período de entreguerras y sufre primero la agresión hitleriana contra Polonia y después las terribles consecuencias del totalitarismo soviético en su país natal y en toda la Europa del Este. Ordenado sacerdote en 1946 en la clandestinidad, realiza buena parte de su carrera haciendo frente a un régimen comunista que desea borrar la influencia de la Iglesia Católica en su país.

Consagrado obispo en 1958 y creado cardenal en 1964 —la carrera de Karol Wojtila está siempre marcada por la juventud con la que llega a todos sus puestos de responsabilidad—, tiene el privilegio de vivir y de ser protagonista del Concilio Vaticano II, momento clave en el Siglo XX en el que se produce una auténtica revolución en el seno de la Iglesia. Elegido Papa en 1978, cuando por primera vez en más de 500 años la Silla de Pedro es ocupada por una persona no nacida en Italia, se convierte desde el primer momento en un actor fundamental en la escena internacional.

Nadie mejor que él para comprender la perversidad del régimen comunista, nadie mejor que él para trazar una estrategia que asegure el éxito de la transición en la Europa del Este del comunismo a la democracia. También ha sido el Papa de la comunicación, el que ha introducido a la Iglesia en la sociedad de la información en la que vivimos. Tampoco podemos olvidar sus numerosos viajes apostólicos a todos los rincones del mundo, ni su peculiar y original contribución durante los últimos años de su vida, sobrellevando con entereza y dignidad su avanzada edad y sus enfermedades y achaques.

Para mí, éstas son las principales aportaciones de Karol Wojtila al Pontificado, a la Iglesia Católica y al mundo:

 1.- Su íntimo convencimiento de que el régimen comunista era intrínsecamente malo y que estaba abocado al fracaso. Juan Pablo II pasará a la historia como una de las personalidades clave en la caída del Telón de Acero, acontecimiento capital en la historia del Siglo XX.

 2.- Su fe en la indisoluble unidad de Europa. Defendía con pasión lo que él llamaba “la Europa de los dos pulmones”, el Occidental y el Oriental. Tras la Segunda Guerra Mundial Europa Occidental había abandonado a la Europa del Este y se había consolidado una artificial separación de un continente que en realidad era uno y que compartía una misma historia y unos mismos valores. Europa tenía que volver a respirar con sus dos pulmones.

3.- Su fidelidad a la Doctrina del Concilio Vaticano II. Juan Pablo II ha desarrollado y profundizado los importantes y trascendentales cambios adoptados en ese concilio.

4.- Su sólida formación filosófica. Una vez en Roma Julián Marías, el gran filósofo español, me dijo que no comprendía la animosidad de ciertos intelectuales contra Juan Pablo II porque, en su opinión, Wojtila era el primer Papa filósofo en muchos años, con una preparación y un conocimiento de esas cuestiones que no admitían comparación con sus predecesores. Las encíclicas de Karol Wojtila así lo han puesto de manifiesto.

5.- Su cercanía a todos los movimientos laicos que han renovado a la Iglesia en los últimos decenios. Jesuitas, Opus Dei, Neocatecumenales, Legionarios de Cristo, Franciscanos, Focolari, Comunidad de San Egidio, todos ellos han contado con el cariño y el apoyo de un Papa consciente de la importante misión de los laicos en el mundo actual.

6.- Su interés y especial complicidad con la juventud. Recuerdo con cariño la última vez que le vi, en el acto con la juventud en Madrid en Cuatro Vientos en mayo de 2003 y la facilidad con la que un Papa anciano y debilitado por la enfermedad conectaba con los jóvenes.

7.- Sus originales aportaciones a la Doctrina Social de la Iglesia. Pocos papas han dejado una huella tan profunda en todos los campos de dicha doctrina. Quiero destacar su novedosa y revolucionaria teoría de la injerencia humanitaria, que aboga por un mayor compromiso de la comunidad internacional en la solución de crisis internacionales, en las que los pueblos víctimas de la injusticia y de la opresión corren el riesgo de desaparecer.

8.- Impulso a la universalización de la Iglesia. Con Juan Pablo II la Iglesia se hace de manera definitiva universal y da irreversiblemente mayor espacio y protagonismo a las iglesias del Tercer Mundo.

9.- Sus años finales. Cuando parecía que ya había hecho todo lo que tenía que hacer, Juan Pablo II ha dado al mundo un último testimonio abrazando con fe y con alegría los sufrimientos derivados de su inevitable deterioro físico. En un mundo fascinado por la juventud y la belleza, en un mundo al que le cuesta entender el significado del sufrimiento y del dolor, Juan Pablo II ha querido rematar su obra asumiendo coherentemente lo que siempre había sostenido a lo largo de su fecunda vida: que el sufrimiento es parte ineludible de nuestra existencia, que el dolor tiene sentido desde la perspectiva cristiana y que la Cruz de Cristo es la mejor expresión de ese dolor y sufrimiento.

Con Karol Wojtila desaparece un gigante de la época contemporánea, pero ha dejado una huella tan profunda en la Iglesia y en el mundo que su filosofía y su espíritu seguirán presentes entre nosotros por muchos años.

*Embajador de España en El Salvador.


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