|
Jorge Hevia Sierra*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Será muy difícil decir algo original y novedoso sobre
la vida y la obra de esta extraordinaria figura del mundo de nuestros
días que ha sido Karol Wojtila, el Papa Juan Pablo II, recientemente
fallecido.
Pero no quiero dejar de dar mi testimonio humilde y personal sobre una
de las personalidades más fascinantes de nuestra época,
a quien tuve el privilegio de conocer y de ver en persona, en especial
durante mis tres años en Roma de 1993 a 1996, cuando era Consejero
de la Embajada de España ante la Santa Sede.
La vida de Juan Pablo II es el mejor resumen de lo que ha sido la
trágica historia del Siglo XX. Nacido en Wadovice en 1920, conoce
las dificultades del período de entreguerras y sufre primero la
agresión hitleriana contra Polonia y después las terribles
consecuencias del totalitarismo soviético en su país natal
y en toda la Europa del Este. Ordenado sacerdote en 1946 en la clandestinidad,
realiza buena parte de su carrera haciendo frente a un régimen
comunista que desea borrar la influencia de la Iglesia Católica
en su país.
Consagrado obispo en 1958 y creado cardenal en 1964 la carrera de
Karol Wojtila está siempre marcada por la juventud con la que llega
a todos sus puestos de responsabilidad, tiene el privilegio de vivir
y de ser protagonista del Concilio Vaticano II, momento clave en el Siglo
XX en el que se produce una auténtica revolución en el seno
de la Iglesia. Elegido Papa en 1978, cuando por primera vez en más
de 500 años la Silla de Pedro es ocupada por una persona no nacida
en Italia, se convierte desde el primer momento en un actor fundamental
en la escena internacional.
Nadie mejor que él para comprender la perversidad del régimen
comunista, nadie mejor que él para trazar una estrategia que asegure
el éxito de la transición en la Europa del Este del comunismo
a la democracia. También ha sido el Papa de la comunicación,
el que ha introducido a la Iglesia en la sociedad de la información
en la que vivimos. Tampoco podemos olvidar sus numerosos viajes apostólicos
a todos los rincones del mundo, ni su peculiar y original contribución
durante los últimos años de su vida, sobrellevando con entereza
y dignidad su avanzada edad y sus enfermedades y achaques.
Para mí, éstas son las principales aportaciones de Karol
Wojtila al Pontificado, a la Iglesia Católica y al mundo:
1.- Su íntimo convencimiento de que el régimen comunista
era intrínsecamente malo y que estaba abocado al fracaso. Juan
Pablo II pasará a la historia como una de las personalidades clave
en la caída del Telón de Acero, acontecimiento capital en
la historia del Siglo XX.
2.- Su fe en la indisoluble unidad de Europa. Defendía con
pasión lo que él llamaba la Europa de los dos pulmones,
el Occidental y el Oriental. Tras la Segunda Guerra Mundial Europa Occidental
había abandonado a la Europa del Este y se había consolidado
una artificial separación de un continente que en realidad era
uno y que compartía una misma historia y unos mismos valores. Europa
tenía que volver a respirar con sus dos pulmones.
3.- Su fidelidad a la Doctrina del Concilio Vaticano II. Juan Pablo II
ha desarrollado y profundizado los importantes y trascendentales cambios
adoptados en ese concilio.
4.- Su sólida formación filosófica. Una vez en Roma
Julián Marías, el gran filósofo español, me
dijo que no comprendía la animosidad de ciertos intelectuales contra
Juan Pablo II porque, en su opinión, Wojtila era el primer Papa
filósofo en muchos años, con una preparación y un
conocimiento de esas cuestiones que no admitían comparación
con sus predecesores. Las encíclicas de Karol Wojtila así
lo han puesto de manifiesto.
5.- Su cercanía a todos los movimientos laicos que han renovado
a la Iglesia en los últimos decenios. Jesuitas, Opus Dei, Neocatecumenales,
Legionarios de Cristo, Franciscanos, Focolari, Comunidad de San Egidio,
todos ellos han contado con el cariño y el apoyo de un Papa consciente
de la importante misión de los laicos en el mundo actual.
6.- Su interés y especial complicidad con la juventud. Recuerdo
con cariño la última vez que le vi, en el acto con la juventud
en Madrid en Cuatro Vientos en mayo de 2003 y la facilidad con la que
un Papa anciano y debilitado por la enfermedad conectaba con los jóvenes.
7.- Sus originales aportaciones a la Doctrina Social de la Iglesia. Pocos
papas han dejado una huella tan profunda en todos los campos de dicha
doctrina. Quiero destacar su novedosa y revolucionaria teoría de
la injerencia humanitaria, que aboga por un mayor compromiso de la comunidad
internacional en la solución de crisis internacionales, en las
que los pueblos víctimas de la injusticia y de la opresión
corren el riesgo de desaparecer.
8.- Impulso a la universalización de la Iglesia. Con Juan Pablo
II la Iglesia se hace de manera definitiva universal y da irreversiblemente
mayor espacio y protagonismo a las iglesias del Tercer Mundo.
9.- Sus años finales. Cuando parecía que ya había
hecho todo lo que tenía que hacer, Juan Pablo II ha dado al mundo
un último testimonio abrazando con fe y con alegría los
sufrimientos derivados de su inevitable deterioro físico. En un
mundo fascinado por la juventud y la belleza, en un mundo al que le cuesta
entender el significado del sufrimiento y del dolor, Juan Pablo II ha
querido rematar su obra asumiendo coherentemente lo que siempre había
sostenido a lo largo de su fecunda vida: que el sufrimiento es parte ineludible
de nuestra existencia, que el dolor tiene sentido desde la perspectiva
cristiana y que la Cruz de Cristo es la mejor expresión de ese
dolor y sufrimiento.
Con Karol Wojtila desaparece un gigante de la época contemporánea,
pero ha dejado una huella tan profunda en la Iglesia y en el mundo que
su filosofía y su espíritu seguirán presentes entre
nosotros por muchos años.
*Embajador de España en El Salvador.

|