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La nota del día
Termina el drama de Terri Schiavo

Lo que quedó claro es que los padres de Terri no pudieron afrontar los litigios de la contraparte: el esposo. Amor y convicción contra fríos abogados

Publicada 3 de abril 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
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El drama de Terri Schiavo llegó a su fin. Nadie nunca podrá dirimir, entre las posturas asumidas por los padres de la joven por una parte y el esposo por la otra, a quién asistió la razón. Los tribunales, incluyendo la Corte Suprema de los Estados Unidos, terminaron por ordenar que se retiraran los tubos que mantenían viva a Terri; sus padres, muchas organizaciones pro vida y el hermano del Presidente Bush, Jeb, continuaron su lucha hasta el final, pero la naturaleza terminó apiadándose de ella.

Científicamente, Terri Schiavo tenía muerte cerebral; lo que podía esperarse era un milagro, pues milagros han ocurrido y personas que por años estuvieron convertidas en “vegetales”, de pronto recuperaron su conciencia y reanudaron su vida. Pero las probabilidades son muy pequeñas y no se puede saber si los pacientes sufren en esa condición, como cuando alguien sueña con enorme angustia que está paralizado.

El drama de Terri se repite todo el tiempo y es similar al del Alzheimer; hombres y mujeres que en su momento fueron inteligentes, encantadores, esforzados y amorosos con sus familias, de pronto se desvanecen aunque sigan vivos, respirando, nutriéndose y con buena parte de sus órganos en buen estado. Eso sucedió a Ronald Reagan, uno de los más grandes presidentes de Estados Unidos. Es un drama con el que casi todos nosotros, en una forma u otra, entramos en contacto. Y siempre maravilla ver la abnegación con que a esos muertos en vida se les protege, se les cuida y se les acompaña hasta el final.

Pocos recursos y mucho sufrimiento


Hay consideraciones adicionales. Si los enfermos son una carga pública, mantenidos en hospitales estatales, a corto plazo se plantea una difícil cuestión moral: ¿Es del caso seguir sosteniendo vivo a un individuo clínicamente muerto, cuando esos recursos los necesitan otros para curarse de graves dolencias? En los países pobres como el nuestro, es mejor emplear los escasos recursos disponibles en prevenir que en curar. Al presentarse casos sin remedio o males degenerativos, el enfermo terminal es abandonado a su suerte: el hospital llama a los familiares, cuando los hay, y les entrega al enfermo para que vaya a su casa a bien morir, rodeado del calor de los suyos.

Hay quienes rehúsan enviar a los moribundos a un hospital, pensando que los pocos días que vivan de más son a cambio de mayor sufrimiento, de tubos y alimentación artificial, en ambientes extraños. Además las familias pueden arruinarse con las cuentas que los solícitos médicos y centros hospitalarios pasan, incluido aquello de no entregar el cuerpo mientras no se haya pagado.

Cada familia debe tomar su propia decisión respecto a pacientes sostenidos por medios artificiales. Para muchos —y hay casos que admiramos grandemente—, la primera obligación es prolongar la vida; otros, en cambio, piensan que se deben evitar innecesarios padecimientos. En los hospitales del tercer mundo, en los que hacen falta camas, medicinas, tiempo de médicos, disponibilidad de aparatos, los médicos jefes son los que en última instancia deciden; los enfermos no pueden protestar y las familias no disponen de medios para exigir nada.

Lo que quedó claro es que los padres de Terri no pudieron afrontar los litigios de la contraparte: el esposo. Amor y convicción contra fríos abogados.


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