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Dolor. José Ernesto, de seis años, hermano del militar,
muestra a Herminia los garabatos que ha aprendido a hacer en sus
primeros meses de preparatoria.Foto EDH
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Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Más que los recuerdos, son las dificultades económicas las
que hacen que cada día Herminia Ramos recuerde aquel 4 de abril
cuando su hijo, Natividad, murió en combate en Nayaf, Iraq.
Desde entonces, la mujer no tiene a aquel muchacho que, por mero coraje,
a los 14 años se enroló en el Ejército para ganar
un poco de dinero y ayudar a su madre con los gastos de un hogar sin padre.
El hecho de que Natividad sea llamado héroe nacional no le ayuda
a aliviar sus penurias económicas.
A sus 46 años, aún le faltan nueve para cobrar una pensión
gubernamental. Mientras llego a los 55, tengo que pensar bien cómo
ir pasando el día, asegura.
Como providencia, ha logrado comprar seis cerdos pequeños para
engordarlos y luego venderlos.
Herminia recuerda cuando cada fin de mes, su hijo le confiaba todo el
sueldo que recibía como soldado. No era mucho pero casi bastaba.
No sólo ella lo echa de menos. José Antonio, seis años,
y Marcos, de cuatro, resienten también que Tivito ya
no llegue con licencia y les dé unos cuantos centavos para comprar
golosinas.
Más que el cariño de un hermano, en Tivito tenían
el de un papá, dice la mujer.
Achaques
Según Herminia, la muerte del hijo la ha dejado muy enferma, del
corazón y los nervios. Su mayor preocupación es dejar desamparados
a sus cuatro hijos.
Los reconocimientos al valor de su hijo tampoco le dan derecho a beneficios
del Hospital Militar.
Sin entradas y enferma, es una pena grande la que tengo, dice.
La escasez de dinero la obligó a suspender un tratamiento. Fue
a dos consultas médicas que le costaron 60 y 40 dólares.
Ya no tuvo dinero para la tercera.
Encima de todo, le han notificado que tiene que pagar el 15% del valor
de una de dos parcelas que le fueron otorgadas y que le dijeron eran donaciones.
Amén de esos dos terrenos, las únicas promesas cumplidas
son la construcción de una casa, donde viven, por parte de la Fuerza
Armada, y otra por El Piolín de la Mañana, un
locutor de una radio de Estados Unidos.
Ver terminada esta última, era el sueño de Natividad. Cuando
la muerte se lo llevó, las paredes estaban a medio levantar.
Sin decreto
En Guaymango, y sobre todo en el cantón San Andrés, donde
nació, muchos saben que a Natividad lo consideran un valiente.
Y, en el fondo, la mujer no deja de sentirse complacida de haber parido
un hijo que le ha dado un poco de gloria.
Los hermanos mayores también parecen orgullosos de haber tenido
un hermano soldado. Martín, de 17 años, luce como trofeo
una camiseta de cuando Natividad aprobó el curso de francotirador.
Sin embargo, según el coronel retirado y diputado José Antonio
Almendáriz, la familia de Natividad debería tener beneficios
inmediatos como el de la pensión y acceso al hospital militar.
El coronel aclara que no es culpa de nadie que la familia de Natividad,
como otras tantas de baluartes nacionales, no tengan esos beneficios.
Aunque Natividad fuera nombrado héroe a través de decreto
ejecutivo o legislativo, no implicaría ningún beneficio
más allá de los que estipula la ley.
Por desgracia así son las leyes. Una vez que estos héroes
sirvieron a la patria, la patria se olvida de ellos, afirmó
Almendáriz.
Una semana de vigilia
Desde el lunes 5 de abril hasta el sábado 10, la casa en donde
vivió Natividad se mantuvo en vela. Hoy, pocos la visitan,
al igual que su tumba. |
| 4 de abril |
9 de abril |
10 de abril |
Batalla de Nayaf
Natividad Méndez es alcanzado por una bala durante recios combates
en Nayaf, donde estaban acantonados. |
Llegan los restos
En un avión de la Fuerza Aérea estadounidense. A Guaymango
arribó en helicóptero avanzada la tarde del viernes |
Sepultado
Natividad es inhumado. El Presidente Francisco Flores y el alto mando
del Ejército asistieron al sepelio. |

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