 |
|
Foto EDH/Archivo
|
Javier Maldonado
jmaldonado@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Carlos Santana genera tanto entusiasmo y simpatía, que es fácil
imaginar cómo fue para los fanáticos salvadoreños
que hace 32 años vivieron la primera visita.
Las amarillentas páginas de una colección de El Diario de
Hoy, de septiembre de 1973, atestiguan la fiebre que desató su
llegada.
Para entonces se inauguraba la nueva sucursal de Pollo Campero en la Calle
Rubén Darío, se ofrecían cursos rápidos para
tocar guitarra, y hasta los anuncios de supermercados sustituían
sus letras O por signos de amor y paz.
Las páginas de los diarios dedicaron portadas y pequeños
artículos sobre el artista. Incluso
acompañaron a los fanáticos que, extasiados, recibieron
a Los Santanas en el entonces Aeropuerto Internacional de
Ilopango.
De acuerdo con el productor musical César Reconco, el furor obedecía
a que Santana ya era considerado una leyenda y muchos creyeron imposible
que él viniera al país, ya que la gira Welcome de
ese año no incluía a El Salvador.
La impresión fue de incredulidad, pero cuando se enteraron
que sí venía, se hizo un reguero de pólvora,
recuerda Reconco.
Tanto que los seguidores, que se contaban por cientos, superaron a la
seguridad del Ilopango y lograron llegar hasta el jet privado en el que
venían el invitado, sus músicos, técnicos y tres
toneladas de equipo.
Para entonces, el promotor artístico tenía 23 años
y cree que no hubiera logrado realizar la presentación sin la ayuda
del fallecido Eduardo Graniello, un ingeniero y amante de la música,
quien lo apoyó en el montaje y la producción de las dos
presentaciones que en un solo día ofrecieron Santana y su banda
en el Gimnasio Nacional, el viernes 28 de septiembre de ese año.
Cojines prohibidos
El 24 de septiembre, El Diario de Hoy publicó que durante la presentación
se prohibía a los seguidores llevar cojines o bebidas embotelladas,
para evitar trifulcas.
Reconco asegura que esta restricción obedeció a que en aquella
época eran comunes los almohadazos en los partidos
de fútbol.
Era necesario apara evitar problemas, porque recordá que
este concierto sería un récord en el año al reunir
a mucha gente.
No faltaron los altercados, como el que los fans de la primera función
de las 5:00 de la tarde no querían salir del lugar; mientras los
de la segunda, a las 8:30 de la noche, se disponían a sacarlos
de ahí a como diera lugar.
Hasta las puertas de hierro arrancaron, todo aquello parecía
como que pasó un huracán, recuerda el promotor, quien
reconoce que el artista colmará la próxima semana el Mágico
González con todo éxito y con nuevos bríos.
Todo por ver a la leyenda
Desde los precios hasta la entrega incondicional de algunas empresas,
significó un verdadero triunfo para que el precursor del rock latino
se presentara. Incluso la compañía de electricidad proporcionó
tres equipos para generar la energía que exigía el evento.
Los precios de los boletos eran de platea alta, tres colones; platea norte,
seis; platea sur, diez y sillas, 15 colones. Se compraban en Kismet, boutique
El Bigote Rosado, Serendipity y los únicos dos McDonalds
de esa época.
El evento se realizó a beneficio de la Cruz Roja Salvadoreña.
El artista se hospedó en el recién inaugurado Hotel Camino
Real. Y se cuenta que el restaurante Camichín, en el mismo lugar,
tuvo que cerrar sus puertas la noche en que el artista bajó para
oír la música del grupo local Sagitario.

|