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Santana hace 32 años

En 1973, el guitarrista mexicano por primera vez visitó el país. Más de 20 mil fans disfrutaron sus dos conciertos en un día

Publicada 31 de marzo 2005 , El Diario de Hoy

Foto EDH/Archivo

Javier Maldonado
jmaldonado@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com


Carlos Santana genera tanto entusiasmo y simpatía, que es fácil imaginar cómo fue para los fanáticos salvadoreños que hace 32 años vivieron la primera visita.

Las amarillentas páginas de una colección de El Diario de Hoy, de septiembre de 1973, atestiguan la fiebre que desató su llegada.

Para entonces se inauguraba la nueva sucursal de Pollo Campero en la Calle Rubén Darío, se ofrecían cursos rápidos para tocar guitarra, y hasta los anuncios de supermercados sustituían sus letras “O” por signos de “amor y paz”.

Las páginas de los diarios dedicaron portadas y pequeños artículos sobre el artista. Incluso
acompañaron a los fanáticos que, extasiados, recibieron a “Los Santanas” en el entonces Aeropuerto Internacional de Ilopango.

De acuerdo con el productor musical César Reconco, el furor obedecía a que “Santana ya era considerado una leyenda y muchos creyeron imposible que él viniera al país”, ya que la gira Welcome de ese año no incluía a El Salvador.

“La impresión fue de incredulidad, pero cuando se enteraron que sí venía, se hizo un reguero de pólvora”, recuerda Reconco.

Tanto que los seguidores, que se contaban por cientos, superaron a la seguridad del Ilopango y lograron llegar hasta el jet privado en el que venían el invitado, sus músicos, técnicos y tres toneladas de equipo.

Para entonces, el promotor artístico tenía 23 años y cree que no hubiera logrado realizar la presentación sin la ayuda del fallecido Eduardo Graniello, un ingeniero y amante de la música, quien lo apoyó en el montaje y la producción de las dos presentaciones que en un solo día ofrecieron Santana y su banda en el Gimnasio Nacional, el viernes 28 de septiembre de ese año.

Cojines prohibidos


El 24 de septiembre, El Diario de Hoy publicó que durante la presentación se prohibía a los seguidores llevar cojines o bebidas embotelladas, para evitar trifulcas.

Reconco asegura que esta restricción obedeció a que en aquella época eran comunes los “almohadazos” en los partidos de fútbol.

“Era necesario apara evitar problemas, porque recordá que este concierto sería un récord en el año al reunir a mucha gente”.

No faltaron los altercados, como el que los fans de la primera función de las 5:00 de la tarde no querían salir del lugar; mientras los de la segunda, a las 8:30 de la noche, se disponían a sacarlos de ahí a como diera lugar.

“Hasta las puertas de hierro arrancaron, todo aquello parecía como que pasó un huracán”, recuerda el promotor, quien reconoce que el artista colmará la próxima semana el Mágico González con todo éxito y con nuevos bríos.

Todo por ver a la leyenda

Desde los precios hasta la entrega incondicional de algunas empresas, significó un verdadero triunfo para que el precursor del rock latino se presentara. Incluso la compañía de electricidad proporcionó tres equipos para generar la energía que exigía el evento.

Los precios de los boletos eran de platea alta, tres colones; platea norte, seis; platea sur, diez y sillas, 15 colones. Se compraban en Kismet, boutique El Bigote Rosado, Serendipity y los únicos dos McDonald’s de esa época.

El evento se realizó a beneficio de la Cruz Roja Salvadoreña. El artista se hospedó en el recién inaugurado Hotel Camino Real. Y se cuenta que el restaurante Camichín, en el mismo lugar, tuvo que cerrar sus puertas la noche en que el artista bajó para oír la música del grupo local Sagitario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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