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Efecto bumerán
La Ley Antisecesión de China

Las encuestas de opinión llevadas a cabo en Taiwán reflejan la consternación pública ante la legislación china, y ese sentimiento negativo aumentará las presiones sobre el Presidente Chen.

Publicada 31 de marzo 2005, El Diario de Hoy


Amit Chanda
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El referendo de cualquier ley por el Congreso Nacional Popular de China es siempre una mera formalidad, pero la polémica legislación para declarar ilegal la secesión de Taiwán ha resultado ser cualquier cosa menos rutinaria. Ha puesto el listón más alto para el bando independentista de la isla y ha aumentado el riesgo de un conflicto militar entre las dos riberas del Estrecho.

El impreciso lenguaje de la Ley Antisecesión y el intento de suavizar la expresión —tal vez encaminado a aplacar a los críticos extranjeros— aumenta paradójicamente —en lugar de reducir— la probabilidad de que China y Estados Unidos se vean arrastrados involuntariamente a un conflicto militar evitable. Al no exponer con claridad los posibles o supuestos límites que Taiwán no debe traspasar, la ley se presta a que haya cálculos o interpretaciones erróneos.

Pese a las varias semanas de intensas presiones por parte de Estados Unidos para que se suavizara —o incluso se retirara— la propuesta de ley, los dirigentes de China se limitaron prácticamente a reforzar su posición de que las medidas “no pacíficas” (es decir, militares) serían estrictamente un último recurso... cosa que, de todos modos, ya se daba por sentada. La reacción del Gobierno de Bush ha sido inusitadamente categórica, con su llamamiento para que “Beijing reconsiderara la aprobación de esa ley”... injerencia, expresada de forma directa, en lo que China considera un asunto interno.

Las elecciones legislativas de Taiwán celebradas en diciembre de 2004, habían representado una inesperada derrota para Chen y su gobernante Partido Progresista Democrático (PPD) y se consideró el fracaso del bando independentista, al no conseguir una mayoría legislativa, un paso positivo para las relaciones con la China continental. De hecho, a comienzo de 2005 hubo alguna iniciativa para mejorarlas, como la inauguración de un programa de vuelos fletados por el nuevo año lunar, que tuvo un enorme éxito, lo que dio pie para que se hablara en serio de la posibilidad de establecer enlaces aéreos directos y permanentes para facilitar las corrientes comerciales bilaterales. Ahora, después de la aprobación de la Ley Antisecesión, el plan de vuelos chárter no parece tener un futuro brillante.

Las encuestas de opinión llevadas a cabo en Taiwán reflejan la consternación pública ante la legislación china, y ese sentimiento negativo aumentará las presiones sobre el Presidente Chen, quien recientemente irritó a algunos de sus más ardientes partidarios independentistas al tender la mano al Partido del Pueblo Primero, partidario de la unificación. Una encuesta realizada por el China Times de Taiwán reveló que el 56 por ciento de los entrevistados se sintió contrariado por la ley antisecesión y el 47 por ciento dijo que Taiwán debía contraatacar celebrando un referéndum público sobre ese asunto o promulgando una legislación propia en contra.

Ahora existe mucha preocupación por que los llamados verdes obscuros —la facción que adopta una posición más dura del bando político independentista panverde— aproveche esa cuestión como un garrote con el que golpear al Presidente Chen. Como dijo recientemente un legislador del PPD Hsiao Bi-jim, la Ley Antisecesión “hará que nos resulte muy difícil ser moderados”.

Uno de los elementos más frustrantes de la Ley Antisecesión es el de que constituye una provocación innecesaria. La inexistencia de leyes que impusieran el uso de la fuerza para bloquear la actividad separatista nunca ha impedido a las autoridades chinas perseguir brutalmente a las personas y los grupos que han pedido la independencia del Tibet o de Xinjiang. Así, pues, existen pocas razones para creer que una posición enérgica explícita sea necesaria para tratar con el gobierno “separatista” de Taipei. Hasta ahora las pruebas de cohetes, los ejercicios militares del Ejército Popular de Liberación y la retórica amenazadora han sido factores disuasivos suficientes.

Los funcionarios de la China continental justifican la ley por la necesidad de exponer claramente su política y establecer una premisa legal para invadir la isla. Sin embargo, en la práctica la formulación de fundamentos jurídicos podría debilitar la flexibilidad operativa del Gobierno de China a la hora de reaccionar ante una iniciativa de Taiwán hacia la independencia. La ley de las consecuencias involuntarias dicta que esa medida encaminada a privar de la ambigüedad a los activistas de Taiwán podría ser contraproducente y dejar a los dirigentes de la China continental sin margen de maniobra, en caso de que Taiwán intentara revisar el estatus quo.

Eso significa que el Gobierno de Hu Jintao podría encontrarse con las manos atadas e incapacitado para lograr una solución de transacción en una situación que ya está cargada de matices y complejidad y no da señales de mejorar con el paso del tiempo. Si bien se sigue considerando improbable un conflicto militar propiamente dicho, la combinación de la vaguedad por parte de China sobre los límites intraspasables y sus amenazas inespecíficas aumentará, sin lugar a dudas, la probabilidad de errores de cálculo e interpretaciones erróneas.

Copyright: Project Syndicate.
* Analista e investigador especializado en asuntos asiáticos para el Grupo de Información sobre los Países de Global Insight.

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