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La nota del día
Aire sucio allá y puerquísimo acá

Cuando la suciedad está por encima de los niveles tolerables, las autoridades (tanto las locales como las comunitarias) deben aplicar los correctivos necesarios para revertir la contaminación

Publicada 31 de marzo 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Madrid, para tristeza y vergüenza propias, es la capital con el aire más sucio de los doce países de la comunidad original europea, ya que sobrepasa los límites establecidos por Bruselas. A causa de ello, según El País, de Madrid, varias decenas de miles de residentes van a morir antes de tiempo, por complicaciones pulmonares, enfisemas o cáncer.

¿Cómo se fijan esos parámetros? Hay cantidades máximas de contaminantes, gases tóxicos, partículas en suspensión, polen, polvo de origen orgánico, etc. Cuando la suciedad está por encima de los niveles tolerables, las autoridades (tanto las locales como las comunitarias) deben aplicar los correctivos necesarios para revertir la contaminación. Es por ello que se inspeccionan fábricas, quemaderos, plantas de energía accionadas con petróleo, vehículos y lo que sea necesario. Una vez que se determinan las fuentes de la contaminación, se procede a corregirlas y, en algunos casos, se permite que los culpables puedan comprar oxígeno en otra parte. Expliquemos:

Si una fábrica no tiene manera de corregir sus procedimientos para reducir contaminación, puede “comprar oxígeno” en otro lado, desarrollar plantas de tratamiento de desechos en distintas comunidades (como limpiar las aguas servidas en barrios o poblaciones) o inclusive, como en determinados países, sembrar y cuidar bosques en el Amazonas o Centro-América. El mundo se considera como una unidad, lo que permite corregir los desbalances de aquí, haciendo buenas obras allá.

El tema tiene dos facetas que nos importan. La primera, que hay normas internacionales para determinar cuándo la contaminación del aire de una ciudad sobrepasa los límites tolerables para la salud de sus habitantes; la segunda, que nuestro país puede vender oxígeno (el de los cafetales) y así evitar la desarborización del territorio. Por añadidura, las autoridades de Medio Ambiente pueden aceptar que un contaminador (digamos los que vierten aguas contaminadas en los ríos) lleve a cabo trabajos de saneamiento en poblaciones aledañas para compensar el daño que hace. Eso puede ser más barato que desmantelar un sistema de producción versus ir de manera paulatina transformando sistemas y reemplazando maquinarias.

¡Vaya herencia para los hijos!

Son tres las principales causas de la contaminación ambiental en nuestro país. La primera, como lo sabe la gente, son los vehículos con motores en mal estado, lo que casi incluye a todas las unidades de transporte colectivo. Lo que prevalece en ese campo es la irresponsabilidad, la anarquía, el desacato a las leyes y la permisividad de los diputados, los que regularmente levantan sanciones y además viven postergando la aplicación de medidas anticontaminantes.

La segunda y tercera causas son las ladrilleras y panaderías con hornos de leña, culpables del descuaje de las pocas áreas boscosas que quedan. La leña para consumo doméstico representa un porcentaje mucho menor de la leña que se produce derribando árboles. Hace unos días publicamos la foto de un horno ladrillero operado por una familia de irresponsables, sin que autoridad alguna los sancione.

Es válido preguntarse hasta cuándo tal estado de cosas se va a corregir. Mucho dice que de las dolencias más consultadas en hospitales sean las pulmonares y respiratorias; si en Nueva York, que tiene un aire relativamente limpio en comparación, muchísima gente se muere de cáncer pulmonar, no cuesta predecir la clase de herencia que estamos dejando a nuestros hijos y nietos.

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