|
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Madrid, para tristeza y vergüenza propias, es la capital con el
aire más sucio de los doce países de la comunidad original
europea, ya que sobrepasa los límites establecidos por Bruselas.
A causa de ello, según El País, de Madrid, varias decenas
de miles de residentes van a morir antes de tiempo, por complicaciones
pulmonares, enfisemas o cáncer.
¿Cómo se fijan esos parámetros? Hay cantidades máximas
de contaminantes, gases tóxicos, partículas en suspensión,
polen, polvo de origen orgánico, etc. Cuando la suciedad está
por encima de los niveles tolerables, las autoridades (tanto las locales
como las comunitarias) deben aplicar los correctivos necesarios para revertir
la contaminación. Es por ello que se inspeccionan fábricas,
quemaderos, plantas de energía accionadas con petróleo,
vehículos y lo que sea necesario. Una vez que se determinan las
fuentes de la contaminación, se procede a corregirlas y, en algunos
casos, se permite que los culpables puedan comprar oxígeno en otra
parte. Expliquemos:
Si una fábrica no tiene manera de corregir sus procedimientos para
reducir contaminación, puede comprar oxígeno
en otro lado, desarrollar plantas de tratamiento de desechos en distintas
comunidades (como limpiar las aguas servidas en barrios o poblaciones)
o inclusive, como en determinados países, sembrar y cuidar bosques
en el Amazonas o Centro-América. El mundo se considera como una
unidad, lo que permite corregir los desbalances de aquí, haciendo
buenas obras allá.
El tema tiene dos facetas que nos importan. La primera, que hay normas
internacionales para determinar cuándo la contaminación
del aire de una ciudad sobrepasa los límites tolerables para la
salud de sus habitantes; la segunda, que nuestro país puede vender
oxígeno (el de los cafetales) y así evitar la desarborización
del territorio. Por añadidura, las autoridades de Medio Ambiente
pueden aceptar que un contaminador (digamos los que vierten aguas contaminadas
en los ríos) lleve a cabo trabajos de saneamiento en poblaciones
aledañas para compensar el daño que hace. Eso puede ser
más barato que desmantelar un sistema de producción versus
ir de manera paulatina transformando sistemas y reemplazando maquinarias.
¡Vaya herencia para los hijos!
Son tres las principales causas de la contaminación ambiental en
nuestro país. La primera, como lo sabe la gente, son los vehículos
con motores en mal estado, lo que casi incluye a todas las unidades de
transporte colectivo. Lo que prevalece en ese campo es la irresponsabilidad,
la anarquía, el desacato a las leyes y la permisividad de los diputados,
los que regularmente levantan sanciones y además viven postergando
la aplicación de medidas anticontaminantes.
La segunda y tercera causas son las ladrilleras y panaderías con
hornos de leña, culpables del descuaje de las pocas áreas
boscosas que quedan. La leña para consumo doméstico representa
un porcentaje mucho menor de la leña que se produce derribando
árboles. Hace unos días publicamos la foto de un horno ladrillero
operado por una familia de irresponsables, sin que autoridad alguna los
sancione.
Es válido preguntarse hasta cuándo tal estado de cosas se
va a corregir. Mucho dice que de las dolencias más consultadas
en hospitales sean las pulmonares y respiratorias; si en Nueva York, que
tiene un aire relativamente limpio en comparación, muchísima
gente se muere de cáncer pulmonar, no cuesta predecir la clase
de herencia que estamos dejando a nuestros hijos y nietos.

|