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Misma fecha, hora y lugar, 25 años después
No pasó por alto. Aunque era estrictamente
la misa de la Cena del Señor, ésta no podía celebrarse
sin hablar de monseñor Óscar Arnulfo Romero
Publicada 26 de marzo 2005 , El Diario de Hoy
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Celebraciones. Seguidores de monseñor Romero hicieron una
marcha desde donde fue asesinado hasta Catedral.
Foto: EDH/Felipe Ayala
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El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Algo pasaba en el interior de Rafael Urrutia cuando salió de la
sacristía al presbiterio y escuchó cantar el himno Juntos
como hermanos a la asamblea.
Lejos del bullicio de la ciudad y los actos conmemorativos extraeclesiásticos,
como una película, comenzaron a pasar por la mente del ahora monseñor
de la Iglesia las últimas horas del ex Arzobispo de San Salvador
monseñor Óscar Arnulfo Romero, en el mismo sitio donde el
prelado fue asesinado 25 años atrás la capilla del
Hospital de La Divina Providencia, según lo confesó
entre lágrimas a los fieles.
Monseñor Urrutia, quien ha defendido la causa para la beatificación
del pastor ante Roma, debió celebrar en el mismo altar en el que
cayó Romero, a la misma hora (6:25 p.m.), la misa vespertina del
Jueves Santo.
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Descanso. En Catedral reposan los restos del obispo.
Foto: EDH/Felipe Ayala
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Urrutia tenía que dirigir los oficios en su parroquia de La Resurrección,
en la colonia Miramonte, pero el sacerdote encargado de presidir en la
vecina capilla del hospital de enfermos de cáncer se fracturó
una pierna. Monseñor Romero quería que yo estuviera
aquí en este momento, dijo.
Ante la feligresía que había colmado el pequeño templo,
el párroco recordó que tenía un año de haberse
ordenado y participaba, el sábado 22 de marzo de 1980, en una reunión
con Romero y otros prelados y laicos para reflexionar en el Evangelio
y preparar la homilía del domingo siguiente.
El Arzobispo estaba decidido a pedir el cese de la represión al
gobierno.
Monseñor Urrutia afirmó que el pastor pasó orando
toda la noche ante un crucifijo, y a la mañana siguiente lanzó
su vehemente llamado en la misa dominical.
Después de la Eucaristía, su colaborador le dijo al prelado
que tuviera cuidado, a lo que éste le respondió: No
se preocupe. Dios cuida de mí.
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Proceso. Ha avanzado su periplo hacia la beatificación.
Foto: EDH/Felipe Ayala
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Eran las últimas palabras que escucharía de su boca. El
siguiente día por la tarde, el Arzobispo oficiaría la misa
en la que fue asesinado. El entonces padre Urrutia fue llamado de noche
a la Policlínica Salvadoreña a presenciar la autopsia.
El párroco lloró al recordar estos hechos, y los fieles
rompieron en un aplauso de solidaridad. Celebró que el Vaticano
haya determinado que el Arzobispo era un hombre de Iglesia, apegado a
las verdades del Evangelio, y oró para que se agilice su beatificación.
Muy cerca de la capilla esperaba intacta la habitación de Romero,
que el jueves fue abierta al público. En ella se observan sus fotos,
ornamentos, la ropa que tenía puesta el día que lo mataron,
su radio, su máquina de escribir, la cama con un cobertor azul
y el crucifijo, mudo testigo de sus últimas plegarias.
En la memoria de un cardenal
- El purpurado hondureño Óscar Andrés Rodríguez
recordó, en la misa del Jueves Santo, la muerte de Romero.
-Oró para que la sangre de este sacerdote siga produciendo
la paz, no sólo en el vecino país, sino en toda Centroamérica,
publicó el diario La Prensa.

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