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Con el DUI en las clases

Adultos en clase. Uno de cada tres alumnos de noveno grado en el sector público tiene 17 o más años, según un estudio reciente de Educación. La falta de acceso al sistema y las difíciles condiciones de la enseñanza están detrás de este fenómeno


Publicada 14 de marzo 2005 , El Diario de Hoy


Susana Joma/M. Sánchez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


Escasa cobertura en parvularia, docentes poco preparados —sobre todo en el área rural—, escuelas con deficiente infraestructura y padres que no le dan importancia a la enseñanza, entre otros factores, marcan a muchos estudiantes desde los primeros años de estudio.

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Algunos desertan de las aulas, otros se estancan —en el campo, un porcentaje importante de jóvenes no pasa del tercer grado—. Los que siguen soportan el peso de un aprendizaje con muchas vicisitudes.

Esta situación tiene su reflejo en la repetición de grado y, por consiguiente, en un fenómeno, más común de lo que se creía, y que Educación define como “sobreedad en los últimos grados de básica”.

Indicadores
El manual Situación actual de la Educación refleja las carencias y los retos de la enseñanza.
Parvularia
De cada diez niños entre cuatro y seis años
de edad, sólo cuatro van a clase en los centros públicos. Ello conlleva un atraso durante el primer ciclo.
Repiten grado
Sólo en primer grado, de acuerdo al estudio base del Plan 2021, el 14% de los alumnos reprueba en el área urbana. En el campo, el fenómeno es del 17%.
Ya no siguen
La deserción escolar afecta a casi dos de cada diez alumnos en el primer año de estudios en la zona rural. Son personas que no saben leer ni escribir.

El reciente estudio de esta cartera de Estado no deja lugar a dudas, al tiempo que adelanta un reto mayúsculo para el Gobierno que última los detalles de la nueva reforma educativa: el 32.5 por ciento de los alumnos de noveno grado de los centros públicos tiene 17 o más años.

Es decir llevan al menos dos años de retraso en los estudios, toda vez que la edad ideal para el último grado de básica es de 15.

En algunos municipios como San Antonio Los Ranchos, en Chalatenango, y Santiago de la Frontera, en Santa Ana, ese porcentaje representa poco más de mitad de los educandos.

Para Isaí Méndez, subdirector del Centro Escolar San Francisco Candelaria, en San Pedro Perulapán, Cuscatlán, la sobreedad es un problema típico de la zona rural, en parte, porque son obligados a trabajar desde temprana edad.

“Hay jóvenes en séptimo grado que tienen 19 años y en quinto hay de 18”, expresó Óscar Arias, del centro educativo Pío Romero Bosques.

En general, los jóvenes están desmotivados, se sienten incómodos y se les pone cuesta arriba seguir los estudios de bachillerato.


Bache inicia a partir de segundo

El Centro Escolar San Antonio Los Ranchos, asentado en un municipio de calles ordenadas y poco transitadas, no es ajeno a encontrar niños mayores en los primeros grados.

Interés. Estudio en recreo. Foto EDH

Para el director, Ricardo Martínez, el problema es notable desde segundo.

“En noveno grado tenemos de tres a cinco casos de sobreedad”, puntualizó el joven director mientras habla de los esfuerzos que hacen por mejorar la condiciones del centro de enseñanza.

Según el estudio de Índice de Rezago Educativo, el 55.6 por ciento de los escolares de noveno grado en este municipio tiene 17 años o más.

Martínez externó que, en algunos casos, el retraso académico es porque los padres los ponen tarde a estudiar.

Muchas familias no lleva a sus hijos a Parvularia y los inscriben en primer grado. El niño llega con un desfase que afecta su aprendizaje y es común que tiendan a repetir el grado, detalla el maestro.

Otro aspecto que resalta el director del municipio es que muchos de los que caen en este bache, cuando ven la que la diferencia con respecto a sus compañeros es marcada, se salen de la institución.

Esa historia también afecta a la única escuela del vecino cantón de Guarjila, según explica el profesor Carlos Quintanilla, quien imparte clases en el cuarto grado. “Aquí es más común entre tercer y sexto grado...”, detalló.


Nunca es tarde para aprender

Apenas cabe en un viejo pupitre, diseñado para niños, y sobre el que se sienta Salvador, un hombre que un buen día decidió volver a estudiar. Y empezó en tercero, el mismo grado que dejó hace tiempo.

Salvador Aguilar 28 años/ Agricultor. Foto EDH

Sus manos, maltratadas por el trabajo que lo alejó de las aulas hace mucho tiempo, ahora no sujetan una cuma, sino un desgastado lápiz, con el que dibuja el sentido del olfato en clase de Ciencias.

Se aleja de sus compañeritos, excepto para jugar. Salvador dice que volvió a estudiar ya que antes la escuela más cercana estaba a media hora de camino.

“Tenía que trabajar y no podía ir”, explicó, mientras mantiene firme el trazo.

El entusiasmo con el que asiste a clase, sólo es comparable al de los docentes que le enseñan y que están conscientes de su sacrificio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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