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Sin agua
La escasez afecta al 17.7% de alumnos

Pobreza en el aula. Un cuarto de millón de niños de básica asiste hoy a centros educativos que carecen de servicios elementales, según el primer informe de rezago educativo. Análisis clave para el Plan 2021


Publicada 14 de marzo 2005 , El Diario de Hoy

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Susana Joma/Margarita Sánchez/J.R.
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com


Sólo con ver el polvo de los últimos kilómetros que conducen hacia Oratorio de Concepción, en Cuscatlán, se seca la garganta.

Una sensación, por cierto, que viven a diario los alumnos de los tres centros escolares de esta zona.

Este municipio cuscatleco encabeza la lista de localidades, en cuyas escuelas la falta de servicios básicos es tan común como hacer un dictado o pasar a escribir en la pizarra.

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De hecho, el 87.6 por ciento de los estudiantes tiene carencias de este tipo, según se desprende del último informe de rezago educativo, del Ministerio de Educación.

Francisco Esquivel, consultor costarricense a cargo de este informe, resalta que se trata de una medición de la brecha “educativa” que existe entre las comunidades.

“Los promedios nacionales esconden diferencias muy importantes entre los municipios”, dijo Esquivel al referirse a la importancia de tener un mapa de esta índole para saber dónde focalizar los recursos.

Según el estudio, el 17.7 por ciento de los alumnos de básica carece de electricidad y agua de cañería en las escuelas. En un país con casi un millón 200 mil alumnos matriculados (en 2003), significa que, más de un cuarto de millón de niños asisten a centros educativos que no reúnen las mínimas condiciones para la enseñanza.

Hace falta más apoyo del Estado

Es un reto
“La sobreedad en noveno grado no nos sorprende. Yo creo que parte del gran esfuerzo que va a tener que hacer el gobierno es tratar de regularizar esta situación en las escuelas”

Juan Valiente
Director Centro Alfa

Higiene
“Aunque se trata de reforzar la enseñanza para que los niños aprendan hábitos higiénicos, afecta que no hay suficiente agua para que se puedan lavar
las manos”

Kenia Romero
Docente

La investigación, pilar básico a la hora de elaborar la estrategia educativa para los próximos años, conocida como Plan 2021, muestra cómo la zona norte paracentral y el área de la costa occidental tienen un rezago alto, es decir, que arrastran problemas de infraestructura, sobreedad, analfabetismo, hasta un total de 21 indicadores. Se trata de 82 municipios, con una población de 420 mil escolares.

Francisco Larios, rector en funciones de la Universidad Pedagógica, indica que al centro llegan bachilleres graduados que no escriben bien, con deficiencias graves en Matemáticas y otras asignaturas como Química.

“Para que un niño tenga un desempeño normal debe tener condiciones normales, esto es que estén saludables y que tengan condiciones aptas de estudio”, apuntó Larios acerca de una realidad, ajena para una parte importante de alumnos en el país y, en concreto de muchos cantones de Cuscatlán, Sonsonate y Morazán.

Dejan de estudiar

Precisamente, en el Centro Escolar Comunidad San Francisco, cantón Tacanagua, en el municipio cuscatleco de Oratorio de Concepción, los alumnos se abastecen del agua del río.

“Los niños faltan mucho a clase por problemas intestinales, tienen un aprendizaje bastante lento,...”, expresó Kenya Xiomara Romero, docente de tercer grado.

Los restos de las fosas sépticas van a parar al afluente que muchas veces se convierte en el único recurso de los alumnos y los pobladores.

La falta de condiciones adecuadas para la enseñanza conlleva inasistencia escolar, desinterés que a la postre determina la sobreedad en los grados.

Como parte del rezago educativo, Educación registra un promedio de sobreedad en noveno grado del 32.5%. Es decir, uno de cada tres estudiantes del último año de básica tiene 17 o más años. La edad normal en este grado es de 15.

A Juan Valiente, de Centro Alfa, este índice no le sorprende.

“En el país tenemos seis grados de escolaridad en promedio y tres sólo en el área rural”, puntualizó el experto, quien valoró el hecho de que, por primera vez, un gobierno reconoce la necesidad de crear una red de subsidios a los más pobres como parte de un incentivo para mejorar las variables sociales.


 

“Es difícil lavarse cuando no tenemos qué beber”

En verano, el calor del sol que calienta las láminas hace insoportable las clases; en invierno, el agua de lluvia se filtra a través del improvisado techo de lámina.

Con la botella. Los alumnos llevan su reserva de líquido a las aulas cada mañana.

Para los 132 alumnos de la Comunidad San Francisco, en Oratorio de Concepción, Cuscatlán, las inclemencias del clima son una lección extra con la que tienen que convivir a diario.

No es casualidad que los centros de la zona vayan a la cabeza de carencias de los servicios básicos, según un informe reciente de Educación.

Estudiar sin agua potable ni luz eléctrica en centros donde los servicios sanitarios son de fosa parece una batalla perdida de antemano, pese al esfuerzo de los docentes por motivar a los alumnos.

Contrario a lo que pudiera parecer, cada vez son más los alumnos que reciben, pese a las condiciones que soportan desde hace más de tres años.

Equipados con un cuaderno, un lápiz y una botella de agua caminan 30 minutos hasta la escuela.

En la época seca, el aseo personal se pierde por el camino a medida que el viento remueve las nubes de polvo. Con las primeras lluvias, también. Los niños hacen un esfuerzo sobrehumano para llegar a la escuela.

Kenia Romero, una de las tres docentes de este centro, relata que el aprendizaje es lento porque los pequeños se enferman muy seguido.

“Nosotros les enseñamos hábitos higiénicos, pero es difícil para ellos lavarse las manos, cuando no tienen agua para beber”, dijo la maestra.

Este problema es también un dolor de cabeza para el Complejo Escolar Dr. Pío Romero Bosque.

Según el director Óscar Arias, una pipa llega cada 10 días.

“Nos abastece, pero lo cierto es que tenemos pocos recipientes para recolectarla”.

Con frecuencia, la ilusión por estudiar termina cuando empiezan los síntomas de una enfermedad, tan prevenible como la diarrea.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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