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Sin agua Pobreza en el aula. Un cuarto de millón de niños de básica asiste hoy a centros educativos que carecen de servicios elementales, según el primer informe de rezago educativo. Análisis clave para el Plan 2021
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De hecho, el 87.6 por ciento de los estudiantes tiene carencias de este
tipo, según se desprende del último informe de rezago educativo,
del Ministerio de Educación. Los promedios nacionales esconden diferencias muy importantes entre
los municipios, dijo Esquivel al referirse a la importancia de tener
un mapa de esta índole para saber dónde focalizar los recursos. Según el estudio, el 17.7 por ciento de los alumnos de básica
carece de electricidad y agua de cañería en las escuelas.
En un país con casi un millón 200 mil alumnos matriculados
(en 2003), significa que, más de un cuarto de millón de
niños asisten a centros educativos que no reúnen las mínimas
condiciones para la enseñanza.
La investigación, pilar básico a la hora de elaborar la
estrategia educativa para los próximos años, conocida como
Plan 2021, muestra cómo la zona norte paracentral y el área
de la costa occidental tienen un rezago alto, es decir, que arrastran
problemas de infraestructura, sobreedad, analfabetismo, hasta un total
de 21 indicadores. Se trata de 82 municipios, con una población
de 420 mil escolares. Francisco Larios, rector en funciones de la Universidad Pedagógica,
indica que al centro llegan bachilleres graduados que no escriben bien,
con deficiencias graves en Matemáticas y otras asignaturas como
Química. Para que un niño tenga un desempeño normal debe tener
condiciones normales, esto es que estén saludables y que tengan
condiciones aptas de estudio, apuntó Larios acerca de una
realidad, ajena para una parte importante de alumnos en el país
y, en concreto de muchos cantones de Cuscatlán, Sonsonate y Morazán. Precisamente, en el Centro Escolar Comunidad San Francisco, cantón
Tacanagua, en el municipio cuscatleco de Oratorio de Concepción,
los alumnos se abastecen del agua del río. Los restos de las fosas sépticas van a parar al afluente que muchas
veces se convierte en el único recurso de los alumnos y los pobladores. A Juan Valiente, de Centro Alfa, este índice no le sorprende.
Es difícil lavarse cuando no tenemos qué beber En verano, el calor del sol que calienta las láminas hace insoportable
las clases; en invierno, el agua de lluvia se filtra a través del
improvisado techo de lámina.
Para los 132 alumnos de la Comunidad San Francisco, en Oratorio de Concepción,
Cuscatlán, las inclemencias del clima son una lección extra
con la que tienen que convivir a diario. No es casualidad que los centros de la zona vayan a la cabeza de carencias
de los servicios básicos, según un informe reciente de Educación.
Estudiar sin agua potable ni luz eléctrica en centros donde los
servicios sanitarios son de fosa parece una batalla perdida de antemano,
pese al esfuerzo de los docentes por motivar a los alumnos. Contrario a lo que pudiera parecer, cada vez son más los alumnos
que reciben, pese a las condiciones que soportan desde hace más
de tres años. Kenia Romero, una de las tres docentes de este centro, relata que el
aprendizaje es lento porque los pequeños se enferman muy seguido.
Según el director Óscar Arias, una pipa llega cada 10 días. Nos abastece, pero lo cierto es que tenemos pocos recipientes para
recolectarla. Con frecuencia, la ilusión por estudiar termina cuando empiezan los síntomas de una enfermedad, tan prevenible como la diarrea.
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