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Letras salvadoreñas, en la mira

Las plumas nacionales, de diferentes generaciones, son analizadas cada vez más por críticos locales e internacionales

Publicada 14 de marzo 2005 , El Diario de Hoy

Morena Azucena
El Diario de Hoy
mlazucena@elsalvador.com

Los versos y relatos salvadoreños han motivado a los críticos literarios nacionales y extranjeros a tomarlos muy en cuenta para sus investigaciones.

En la última década del Siglo XX y el primer quinquenio del XXI, estos especialistas se han dado a la tarea de analizar, desmenuzar, recopilar, documentar e interpretar las creaciones de autores salvadoreños de diversas generaciones.

Muestra de ello, son los múltiples ensayos, libros, diccionarios y ponencias que se han centrado en las narraciones mágicas del nicaragüense–salvadoreño Juan Felipe Toruño, las creaciones ingeniosas de Salarrué, los versos de Roque Dalton, la novela social de Manlio Argueta, y más recientemente los relatos de muerte y vida de Claudia Hernández.

¿Cómo llegaron a nuestros autores? En el XIII Congreso Internacional de Literatura Centroamericana (Cilca), que se realizó recientemente en el país, varios amantes de las letras se dieron cita y revelaron cómo llegaron hasta todos estos escritores.

El doctor en literatura Astvaldur Astvaldosson, del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Liverpool de Inglaterra, tuvo un primer encuentro con país por la novela Cuscatlán,donde bate la mar del sur de Manlio Argueta.

Astvaldosson, originario de Islandia, cuenta que tuvo referencias de la obra por un crítico inglés. Una vez que la leyó, se interesó en conocer a su autor. “Vine al país en 1998. Conocí a Manlio, leí todo sobre él y le pedí sus textos, porque me pareció que era uno de los escritores que mejor retrataban al salvadoreño”, comentó el experto.

Fruto de este interés, el islandés ya tiene lista una antología poética completa del nacional. “Creo que para entender la novela de Manlio, primero hay que entender su poesía”, aseguró.

Una pasión intelectual

Cristo Negro, la novela de Salarrué, fue el gancho que atrapó a la puertorriqueña Sheila Candelario, una docente que labora en Nueva York, Estados Unidos. “Ese hombre proviene de un país alucinante”, dijo una vez que la leyó.

Esta experta también se interesó en la producción literaria que se dio durante el conflicto armado. Y luego de que éste terminó, Candelario le siguió la pista a los autores de postguerra, tales como Claudia Hernández, Rafael Menjívar Ochoa y Horacio Castellanos Moya.

Su colega salvadoreña Nilda Villalta también se ha especializado en las letras contemporáneas. Sus estudios han sido divulgados en la Universidad de Maryland y en el Instituto Smithsonian.

Villalta cree que el estudio de las letras locales en Norteamérica ha tomado mucho valor en los últimos años. ¿La razón? La presencia de grandes comunidades de compatriotas en las urbes estadounidenses. “Ahora hay universidades con departamentos de estudios centroamericanos. Y es que las generaciones de salvadoreños que se han ido o han nacido allá quieren saber de dónde vienen”, puntualizó.

Los críticos lo hacen por pasión por las letras. Candelario lo definió así: “Esto no es una moda. Un crítico de literatura centroamericana la estudia por afinidad intelectual. Esta pasión te crea una necesidad de estar al día con lo que ocurre en el país”.

“Espero una novela histórica”

Ironizar a la muerte, exponer la violencia en las ciudades, reflejar la complejidad de las relaciones y retratar el homosexualismo son algunas de las constantes de la literatura salvadoreña de hoy.

Luego de que cesó el conflicto armado, los escritores empezaron a explorar sus emociones más internas. Así, tenemos a los máximos exponentes de esta nueva etapa: Jacinta Escudos, Claudia Hernández y Horacio Castellanos Moya. “La mayoría de estos escritores van a lo interior ”, afirmó Nilda Villalta, crítica literaria.

Otra de las características que ella menciona de la producción de esta generación es que el escenario en donde se dan sus relatos ya no es el campo, sino una ciudad que bien puede ser San Salvador o Cali, en Colombia. “Lo que pasa es que, luego de la guerra, nuestras ciudades aumentaron los índices de violencia. No es que no sucedieran en la guerra, simplemente no había tiempo de plasmarlas, las prioridades eran otras”, indicó la conocedora.

Villalta augura un mejor desarrollo de las letras salvadoreñas, al igual que su investigación y crítica. “Espero un mejor desarrollo y creo —como me dijo Manlio— que en algún momento surgirá una novela histórica sobre la guerra, que esté a la distancia de las ideologías”, subrayó.


El creador de un día en la vida
Manlio Argueta (San Miguel, 1935) es uno de los escritores más estudiados por los críticos. Hay por lo menos unas 300 tesis, ensayos y libros sobre sus obras.
- El Sagatara de cuscatlán
Janet Gold, una investigadora estadounidense, se ha empeñado en estudiar la vida de Salarrué mientras vivió en Nueva York.
- De Muerte y esperanza
Claudia Hernández ha sido analizada por Ronald Nibbe, de la Universidad de California, y Nilda Villalta, Universidad de Maryland.
- En Congresos
La literatura salvadoreña es eje de estudio en congresos nacionales e internaciones. El XIII Cilca fue la cita más reciente.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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