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Acuerdo. Kirchner con Rato, el presidente del FMI.
Foto EDH
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Larry Rother
BUENOS AIRES.
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Se necesitaron más de tres años de intermitentes negociaciones,
amenazas, maniobras políticas y batallas legales, pero el mayor
incumplimiento sobre deuda gubernamental en la historia finalmente terminó
la semana pasada, cuando el gobierno argentino anunció que el 76
por ciento de sus acreedores había aceptado una propuesta que les
pagará, en el mejor de los casos, 30 centavos por cada dólar.
El Presidente Néstor Kirchner, quien ignoró las sugerencias
en el sentido de que buscara un expedito arreglo y asumió un enfoque
de clara confrontación, describió, lleno de júbilo,
la reestructuración de 102,600 millones de dólares en bonos
que en su mayor parte están en poder de extranjeros, como el
mayor acuerdo de la historia para un país en negociaciones
con sus acreedores. En comparación, Rusia les ofreció a
los poseedores de bonos la mitad de su dinero después de una enorme
moratoria, en 1998.
Sabemos que tenemos que librar una batalla en escala internacional
para recuperar la confianza y la credibilidad, dijo Kirchner . Sin
embargo, sabemos que este prestigio no se gana satisfaciendo a algunas
potencias económicas, financieras o ideológicas.
Las implicaciones de un acuerdo tan favorable para Argentina se extienden
mucho más allá de la economía local, cuyo desplome
en diciembre del 2001 dio paso a la moratoria y la prolongada crisis de
la que el país apenas está saliendo. Abogados, economistas,
aseguradores y comerciantes de bonos especulan que el ejemplo argentino
podría alentar a otros países en desarrollo a que actúen
de manera similar.
Otro estilo
Argentina optó casi desde el principio por romper con muchos de
los procedimientos usuales en una renegociación de la deuda. No
sólo no buscó un arreglo con el FMI y el Grupo de los 7,
sino que presentó una propuesta unilateral a sus acreedores, evitó
hacer tratos con un comité legislador y al final impuso en buena
medida sus condiciones sobre los acreedores, los cuales estaban divididos
y fragmentados.
Los acreedores estaban cansados", dijo Claudio Loser, economista
argentino que solía fungir como el director de la división
del Hemisferio Occidental del FMI, en una entrevista telefónica
desde Washington.
Unas cuantas horas antes de que se hiciera el anuncio, un portavoz del
FMI, Thomas C. Dawson, describió la renegociación de la
deuda como una importante oportunidad para que Argentina avance,
ya que aún hay mucho trabajo pendiente.
El consejo del FMI, agregó, está impaciente por averiguar
el detallado estudio de la participación y no participación
antes de efectuar un juicio y análisis finales.
Con base en cifras del ministerio de Economía, los argentinos conforman
el mayor grupo por sí solo de poseedores de bonos, con el 38.4
por ciento de los 152 tipos diferentes de bonos que entraron en moratoria.
Algunos funcionarios aseguraron que el 97 por ciento de estos acreedores
locales aceptaron la propuesta.
Inversionistas en Italia, Suiza, EE.UU., Alemania y Japón, en ese
orden, conforman la mayor parte de los extranjeros que tienen activos
argentinos. Ellos se mostraron mucho menos entusiastas con respecto a
la propuesta, particularmente los italianos, pero al final, llegaron a
la conclusión de que tanto con el FMI como con el gobierno de Bush
en las márgenes, ellos tenían poca opción salvo por
aceptar.
Muchos tenedores minoritarios, en particular gente en edad avanzada,
decidieron que no deseaban esperar otros dos o tres años para cobrar
otros 15 ó 20 centavos de cada dólar, destacó
un abogado estadounidense que está involucrado en las negociaciones.
Nicola Stock, copresidente del Comité Mundial de Tenedores de Bonos
Argentinos, se negó a ofrecer comentarios con respecto al arreglo.
En una comunicación telefónica a Roma, uno de los portavoces
de Stock dijo que menos del 30 por ciento de los 320,000 tenedores italianos
de bonos había aceptado la propuesta y que, debido a eso, estamos
estudiando nuevas medidas para emprender una acción legal.
No obstante, tratar de obtener más dinero de Argentina probablemente
resulte difícil y costoso para quienes rechazaron su oferta, particularmente
desde que el Congreso argentino aprobó una ley que vuelve ilegal
el mejoramiento de las condiciones existentes. Además, la elevada
tasa de aceptación por parte de otros acreedores tiene probabilidades
de disuadir a cualquier corte de aceptar el argumento en cuanto a que
Argentina actuó de mala fe.
Funcionarios de la localidad dijeron que con la renegociación,
el gobierno podría regresar al mercado de bonos el mes entrante.
Si bien ellos anticipan que el mercado se muestre receloso hacia ofertas
iniciales, el mejoramiento de las condiciones económicas pudiera
reducir las inquietudes con respecto a la capacidad del país para
cubrir nuevas obligaciones, así como la deuda consolidada que ya
existe.
No obstante, aún yacen varios obstáculos adicionales para
Kirchner. No sólo debe empezar una nueva serie de negociaciones
con el FMI y con empresas particulares de servicios públicos que
buscan aumentos en las cuotas, sino también, si la economía
va a seguir creciendo a un paso acelerado, atraer capital, sea de compradores
de nuevos bonos, otros inversionistas, o ciudadanos argentinos, los cuales
enviaron más de 100,000 millones de dólares al extranjero
en los años previos al colapso.

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