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Apoyando una medida
Cuando rectificar es una virtud

Lo más importante para el ente que surgirá en junio, según noticia de este Diario del 19-02-2005, es que se le provea de una legislación eficaz y ágil para actuar con la celeridad en casos emergentes.

Publicada 10 de marzo 2005, El Diario de Hoy

Rafael Rodríguez Loucel
El Diario de Hoy

rloucel@utec.edu.sv

En la sección Negocios, de El Diario de Hoy, del 21-10-2004, apareció bajo el título: Estudian fusión de superintendencias, la afirmación de que la Secretaría Técnica de la Presidencia se ha embarcado en el proceso de analizar la unificación de los entes reguladores del sistema financiero o, al menos, de tener una supervisión integrada, según las nuevas tendencias mundiales. Los organismos que serían integrados son la Superintendencia del Sistema Financiero, la de Pensiones y la de Valores; las que, adicionando también la de Seguros, se volvería a tal como estaban en el primer quinquenio de los 90.

Cuatro meses después, se afirma que en junio se inicia la fusión de las superintendencias, partiendo de la “versión final del borrador de anteproyecto” que la Secretaría Técnica recibió recientemente. En 1996 se atomizó lo que hoy se pretende integrar. Un pequeño antecedente en beneficio del lector: el entonces superintendente, al tomar posesión, realizó una especie de gira por las instancias de los poderes Ejecutivo y Legislativo, con el objetivo de que las autoridades gubernamentales desistieran de implementar dicha fragmentación. La copia de un modelo chileno o intereses sectoriales ubicados en la rama de valores fueron tal vez los que incidieron para precipitar la decisión de orden político.

Las razones para que el gobierno de ese entonces tomara tal decisión y los esfuerzos infructuosos que realizó el superintendente en la Comisión de Hacienda en 1996 para persuadir con argumentos técnicos un proyecto ya políticamente aprobado resultan irrelevantes hoy en día. Lo importante es que el Gobierno de turno ratifica y corrige, lo que es una virtud y un proceder plausible en beneficio de los usuarios del sistema financiero.

Entiendo que la nueva Superintendencia Financiera podrá requerir información a las entidades que formen parte de un grupo financiero o empresarial. Estos grupos se definen como el conjunto de sociedades vinculadas entre sí o bajo control común, que tienen por actividad preponderante la prestación de servicios bancarios, bursátiles, de seguros o financieros.

Se entiende por relaciones empresariales aquellas que existen entre sociedades contraloras, filiales, vinculantes o vinculadas. En resumen y para los fines de supervisión, cuando en estos grupos existan vínculos de administración o responsabilidades crediticias que permitan considerar la posibilidad de riesgos financieros comunes en los créditos que reciban o en la adquisición de los valores que emitan no podrían ser considerados como entes distintos.

En algún rincón o archivo de la Asesoría Jurídica de la Presidencia o de la Comisión de Hacienda de la Asamblea Legislativa, estará un proyecto de enmienda a la Superintendencia del Sistema Financiero, modernizándola y dotándola de las facultades administrativas y legales para supervisar de forma eficaz un sistema financiero ágil y moderno.

Todo ello también podrá ser irrelevante, lo importante es lo que expresa la presidenta del Banco Central de Reserva y el secretario técnico de la Presidencia del actual Gobierno, que afirman respectivamente: “Ésta es una recomendación que emana de las reglas de Basilea, en la cual se busca supervisar a los intermediarios financieros de manera conjunta.

Entonces los temas de la regulación y supervisión deben adaptarse a la nueva forma de hacer negocios”, y “el anteproyecto propone que haya una entidad supervisora que abarque a los bancos, valores, pensiones y seguros. En algún momento posterior deberá pensarse en considerar a las instituciones financieras no bancarias y a los conglomerados financieros”.

Felicitaciones para el Gobierno actual, que trata de hacer las cosas bien, corrigiendo los errores del pasado. Quizás les puedan servir de algo esas propuestas de 1997.

La Superintendencia integrada debería partir de la actual Superintendencia financiera, reorganizándola, empezando por abolir el consejo directivo, que es una instancia de apelación de lo actuado por el superintendente, cuando ya existe otra instancia superior como lo es la Corte Suprema de Justicia. ¡Un absurdo, verdad amigo lector!

Lo más importante para el ente que surgirá en junio, según noticia de este Diario del 19-02-2005, es que se le provea de una legislación eficaz y ágil para actuar con la celeridad en casos emergentes. También que se le confiera de la independencia y autonomía administrativa y financiera “efectiva”, precisamente para no caer en las “supuestas negligencias” del pasado.

El superintendente debería ser nombrado por el Presidente de una terna con participación ciudadana, representada por profesionales técnicamente idóneos. Se sugiere también un consejo asesor en lugar del consejo directivo integrado por personas propuestas por asociaciones profesionales y asociaciones gremiales.
*Lic. en Economía.

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