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La nota del día
Errantes en busca de un nuevo dios

Kruschev no pudo, pese al lanzamiento de un nuevo plan agrario, solucionar las enormes carestías de alimentos en la Unión Soviética

Publicada 10 de marzo 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

En toda América, como en otras regiones del mundo, la izquierda está en una crisis existencial, al no lograr definir su papel, fijar rumbos, renovar principios y ganar la confianza de los conglomerados. Las plataformas que la izquierda ha sustentado desde hace más de siglo y medio están profundamente cuestionadas o han sido descartadas en gran parte, aunque siempre quedan los irreductibles para quienes el Siglo XXI debe perpetuarse en los moldes y la idiosincrasia del XIX.

Hasta la Década de los Cincuenta, la izquierda y su variante comunista ejerció una irresistible atracción sobre estudiantes, obreros, intelectuales y niños bien. En su desbordado entusiasmo, muy pocos se preguntaron si tanta maravilla podía ser realidad, ni menos sobre lo que podía estar sucediendo dentro de las naciones que oficialmente se proclamaban repúblicas populares.

La primera, enorme y espantosa grieta en la ilusión, se presentó de golpe con la revuelta húngara de 1956. Un mundo atónito contempló cómo estudiantes, obreros, intelectuales y ciudadanos comunes, se rebelaban y denunciaban el horror del Estado comunista. Los mismos grupos sociales que en la bella teoría eran los principales beneficiados del comunismo, arrancaron los emblemas marxistas de sus banderas, se tomaron ciudades enteras y el aparato de propaganda del régimen, y se enfrentaron a los tanques soviéticos. Lo que pareció ser una sociedad idílica, fue expuesto como un experimento monstruoso de regimentación humana.

De entonces data la conversión a la democracia de numerosos escritores, artistas e intelectuales que fueron denunciando al dios que fracasó. Fracasó en mejorar la condición humana, en alimentar y cuidar a las masas, en erradicar la injusticia, en abrir puertas al futuro. Poco antes del levantamiento húngaro, aplastado a sangre y fuego por las tropas rusas (muchas de las cuales se pasaron al lado de los rebeldes), se dio el estremecedor discurso de Nikita Kruschev en una sesión secreta del Vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, en el que expuso la realidad cruda del infierno estaliniano. Kruschev condenó a Stalin por no haber causado más que miseria y brutalidad al pueblo ruso.

El fracaso les obliga a reinventarse

Kruschev no pudo, pese al lanzamiento de un nuevo plan agrario, solucionar las enormes carestías de alimentos en la Unión Soviética, mitigadas en parte gracias al cultivo libre que hacían los súbditos del régimen en pequeñas parcelas. Y es también por lo que se siembra en lotes minúsculos y macetas, que los cubanos de hoy complementan en un treinta y cinco por ciento las miserables raciones que reciben del régimen castrista.

Al quedar expuesto ante el mundo el estrepitoso fracaso de los esquemas colectivistas, los partidos de izquierda se han visto forzados a revisar la doctrina e inclusive a acomodarse con la economía de mercado, la que es presentada por algunos movimientos, como un “socialismo de mercado”. En mayor o menor medida, esa transición la han hecho los laboristas británicos, los comunistas chinos, los socialistas españoles y la social democracia alemana. Los del PSOE español entregan la política exterior al ala izquierda de su partido, pero manejan la economía ciñéndose a los dictados fundamentales del mercado. Ha sido por las contradicciones que quedan en los programas socialistas, que las derechas cada vez están en mejor posición para definir los rumbos de cada sociedad. El piso doctrinario del socialismo colapsó.

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